Historia

Mayo 68, apuntes complementarios

Contrariamente a lo que se piensa, para el autor la gesta estudiantil francesa cambió la vida cotidiana y la cultura de la gente.
domingo, 07 de octubre de 2018 · 00:00

Alfonso Gumucio Dagron es escritor y cineasta.

Quiero referirme a lo que escribí de manera testimonial en el Nº 40 de la revista académica Ciencia y Cultura (vol. 22, junio 2018) que publicó la Universidad Católica Boliviana San Pablo, pero sin repetir lo que está en el artículo Soñadores indocumentados, pues no tendría sentido abundar en él y perder la esperanza de que lo lean, como se dice, “con sus propios ojos”.

A medio siglo de mayo de 1968 creemos que ya lo sabemos todo sobre ese movimiento estudiantil revolucionario e ingenuo que derivó en la consolidación del orden hegemónico en Francia, al menos por un tiempo.

Lacan lo llamó “movimiento histérico” según nos recuerda Juan Pablo Nery Pereyra en otro texto de la revista. Sin embargo, Sartre, Simone de Beauvoir, Jean Louis Barrault y muchos otros artistas e intelectuales se plegaron fervientemente al movimiento estudiantil, no con la intención de recuperarlo sino con el deseo de salir de sus cubículos y de los cafés de Montparnasse o de St. Germain, para sentirse útiles en la calle.

“La France s’ennuie”, decía semanas antes de mayo 1968 Pierre Viansson-Ponté, respetado editorialista de Le Monde y describía una Francia aburrida y estancada en la mediocridad. Entonces llegaron los estudiantes y crearon un nuevo horizonte.

Plus ça change… dice una expresión francesa para indicar que nada cambió. ¿Nada cambió? No estemos tan seguros de ello. Contrariamente a lo que afirman cuatro o cinco décadas más tarde algunos intelectuales que no lo vivieron (qué fácil es opinar sin haberlo vivido), claro que cambió Francia, cambió la vida cotidiana y cambió la cultura de la gente.

De no haber cambiado, no habría ahora tantos intelectuales que salpican sus textos de palabras muy inteligentes como “posmodernismo”, “post colonialismo” y otros post, con referencias jugosas a Bourdieu, y su teoría del campo, o a la sociedad líquida de Baumann, y tantas otras teorías que solo se pueden construir cuando hay experiencias reales, fuertes, como Mayo 1968.

París fue el lugar de eclosión de un malestar mundial: la Guerra de Vietnam, los Black Panther, la primavera de Praga, los movimientos ecologistas de nuevo cuño, la Guerrilla del Che Guevara, los movimientos de liberación sexual (Wilhelm Reich), la diversidad sexual, la causa palestina, el aborto libre y gratuito, etc. Sobre la ola del aparente fracaso estratégico de los estudiantes aparecieron los “nuevos filósofos” para derechizar el pensamiento y estigmatizar a los revolucionarios de corazón y de acción. No todos: Daniel Cohn-Bendit siguió en una línea coherente y es diputado verde en el Parlamento Europeo. Más valor tienen los textos críticos del momento, tanto desde la derecha (Malraux) como desde la izquierda (Pasolini).

Los obreros que se plegaron al movimiento a pesar de sus partidos políticos, consiguieron en años siguientes ventajas salariales, menos horas de trabajo, mayor seguridad social, y pusieron en crisis al dogmatismo comunista y socialista, que no es poca cosa.

En educación y en salud, Francia y otros países europeos ofrecen ahora la mejor calidad sin costo. Por eso emigran de Estados Unidos a vivir allí, según vemos en “Sicko”, el documental de Michael Moore. O sea, no todo fue una llamarada de petate.

Mayo 68 fue más revolución que otras porque si bien no cambió estructuras políticas y del Estado, cambió profundamente a las personas. Todo lo que avanzamos en 50 años sobre la tolerancia y la aceptación del otro, parte de allí.

Para el gobierno de De Gaulle fue un momento de incertidumbre y desafío. No fue un paseo. No es que Mayo del 68 no le hizo ni cosquillas. A pesar de todo el respeto ganado después de la Segunda Guerra Mundial y la liberación de Francia ocupada por el nazismo, De Gaulle se vio afectado. Ganó terreno en lo inmediato, pero perdió un par de años más tarde.

Foucault fue más lúcido que Lacan en esos momentos, porque reconoció que podían existir “otros saberes subversivos”, cosa que no gustaba a algunos intelectuales que ya habían establecido su reinado en cafeterías de St. Germain de Pres o de Montparnasse.

Lo importante es que los estudiantes que salieron a las calles en Mayo de 1968 no pensaban en el “análisis del discurso”, sino en cómo cambiar su vida cotidiana. Y al hacerlo les dieron material a los intelectuales que se ocupan de hacer sesudos análisis del discurso.

Los que transgredieron las normas fueron los estudiantes que querían cambiar la sociedad y no los académicos que gestaban pensamiento en sus cubículos, haciendo lecturas de lecturas de otras lecturas de sus colegas, con cierta incapacidad de articularse a la realidad social. Hay cierto oportunismo en eso de prolongarse como académicos usando los resquicios y matices que dejan otros en su accionar sobre la realidad social.

Se ha calificado a Mayo 1968 como “sentido común” de lo “rústico” e “improvisado” y culpable de la ola neoliberal… Si 10 años más tarde de 1968 se produce el giro hacia el neoliberalismo, no es culpa de los estudiantes sino del fracaso del comunismo que los propios estudiantes criticaron. Recordemos que Georges Marchais, futuro Secretario General del Partido Comunista, fue uno de los que se opuso y atacó al “anarquista alemán” Daniel Cohn-Bendit.

Los partidos comunistas y socialistas se quedaron fuera y tuvieron que sumarse a la fuerza. No pudieron prevenirlo y menos dirigir el movimiento estudiantil. Eso mismo les pasó a los intelectuales, muchos quedaron descolocados porque habían perdido contacto con la realidad de Francia y del mundo.

Para desgañitarse contra esos estudiantes espontáneos llegaron al extremo, muchos años después (Zizek, 2011), de decir que Mayo de 1968 contribuyó a “renovar el capitalismo”… Sería como decir que el movimiento zapatista fortaleció al PRI y al PAN. Otra frase bastante maliciosa dice ahora que los estudiantes de Mayo 1968 “clamaban por un nuevo amo”…

Cierto, como escribí en mi texto, el movimiento estudiantil fue una explosión fallida de vitalidad contenida, sin control vertical ni horizontal, pero se formaron redes horizontales, núcleos independientes en cada facultad, taller de arte, comunidad o barrio.

Podríamos decir que los estudiantes de 1968 se parecen en mucho a los de ahora: los indignados, el movimiento mexicano Yo soy 132, los okupa, y otros de corta existencia. Pero la diferencia es que Mayo de 1968 cambió la vida cotidiana de la sociedad, mientras que los otros movimientos citados no cambiaron ni a sus propios actores.

Por eso, leer un hecho histórico desde la vivencia personal es muy diferente a hacerlo desde lecturas críticas de otras lecturas de otros autores que a su vez elaboran a partir de sus lecturas… De ahí que el testimonio sigue siendo lo más genuino y auténtico cuando uno se refiere a episodios históricos.

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