Etcétera

Norah, el afuerino y la poesía

Decker-Molina expone una crónica “medio poética” sobre el Festival de literatura Latinoamericana de Angered (Suecia).
domingo, 07 de octubre de 2018 · 00:00

Carlos Decker- Molina Periodista

Se hermanaron la poesía de ella y la prosa del otro. “Ardemos, para hacernos olvido en la ceniza”, dijo al oído del desconocido. Y, le preguntó ¿quién eres?

Me llaman el afuerino. No tengo nombre ni apellido. Todos los días me reinvento para no morir de identidad.

No iba a ser el único abrazo. “Reinventarse es retirar las cenizas del frío”, por eso eres mi hermano, dijo Norah Zapata-Prill iniciando, entre bastidores, el cuarto Festival Latinoamericano de Literatura en Angered, un barrio de afuerinos de la ciudad de Gotemburgo.

Norah Zapata es poeta, nacida en Bolivia la misma década que el afuerino. Nunca se habían dado un abrazo. Cuando lo hicieron parecían dos viejos amigos porque se leían, ambos conocían sus señas de identidad.

Ella es madre de una poesía llena de sugerencias psicológicas, el afuerino escribe sobre los refugietas olvidados por alguna revolución. Vino tinto de por medio Norah le preguntó:

¿Cómo defines al afuerino?

Es un árbol sin raíces. Los que dicen tener raíces son los interinos, aunque no se lo creo.

Interino no sólo es el antónimo de afuerino significa también transitorio, provisional, momentáneo.

Sí, interino es también un lugareño transitorio, no se da cuenta de que es un afuerino desde que salió del vientre de su madre.

Tú y yo somos afuerinos.
“Viajeros somos. Viajeros moriremos
Y en el jilguero que estará entonces en nuestros labios seremos eso
sueño que vuela”.

El diálogo quedó truncado por el aplauso cálido de la audiencia que esperaba al afuerino leyera un texto con resonancias orwellianas. Dijo:

“En el fondo de tu corazón prefieres el viejo idioma”, le dijo el burócrata al poeta.

El poeta siguió comiendo algo preocupado de la afirmación, que en el fondo era una acusación. No dijo nada, no se fiaba de nadie y menos del burócrata que era el implementador de la nueva lengua que había borrado de un plumazo las metáforas y las imágenes.

Hoy es un poeta que guarda silencio. Sin embargo, todavía recuerdan una de sus sentencias:

La mentira es el hábito de descansar cuando el camino para encontrar la verdad es demasiado largo.

Según el burócrata, el nuevo idioma debía carecer de adjetivos; el único color reconocido como adjetivo era el del cielo.

Se tenía que decir “color cielo” y no azul porque a veces no era azul sino celeste, y eso era ya una pseudoverdad.

“Todo depende de las tonalidades de la luz del día, por eso, porque el adjetivo produce una mentira potencial, es mejor eliminarlo”.

Los periodistas, con el nuevo lenguaje, no podían recorrer el camino entre no saber y el saber porque “es ahí donde moran las mentiras”, según el burócrata.

¡Silencio! No pienses más.

El burócrata y el poeta se fueron de paseo, no hablaban. Tenían miedo de hablar incluido el burócrata porque podía caer en su propia trampa. Mientras caminaban en silencio, vieron una colisión de autos.

El poeta intentó correr para ayudar a las posibles víctimas, el burócrata lo detuvo y le dijo “no ha pasado nada” y muy enfático sentenció:

“Ésta es la mejor prueba de la verdad, mientras mi gobierno no diga lo que ha pasado, esto que estamos mirando es pura imaginación”.

Otra vez silencio… roto por el anuncio: ¡Llega la poesía con nombre de mujer! (Aplausos).

Norah Zapata, la última de una noche de tormenta poética y de la otra, viento por los cuatro costados, es la visita otoñal con lluvias y ventarrones, el público no defraudó a la literatura.

La poesía tuvo muchos nombres: Angélica, Yarco, Jannette, Jorge, Enrique, José, Fernando y muchos más.

Norah habló pausadamente, saboreando sus versos, desgranándolos de una mazorca con rima. Dijo:

“Inmigrante”

“Partir del árbol al que pertenecemos
con el contorno intacto y la semilla pródiga
ofeciéndose

Partir construyendo puentes con una sola mano

Partir

Estar presentes y estar ausentes en los días que nacen
en los días que mueren

En el desorden de la valija

¿Cómo olvidar las nubes con las que dibujó hadas nuestra infancia?

Partir con el cóncavo espejo de los ojos
como metiendo al sol en los bolsillos

Partir

Saltar por encima del berro, del trigal, de la olla

Partir sin confesar
qué olvido se acopla a la memoria
qué recuerdo oscurece el fuego

Partir dándole forma al viento

Desclavarse

Partir con la raíz sabiendo irrenunciable
saciar la sed

Partir con la sonrisa rota de una madre

Vestir el silencio

Sentir la vida saliéndose del cuerpo
cuando a lo lejos un pañuelo transpira

Partir con un secreto

Soñar por los otros:
ya no vendrán los juguetes de los pinos

Madurar el higo

Madurar por la higuera estéril

Partir retrasando el reloj
para volver a tiempo

Partir diciendo adiós y dejando a Dios como suplente

Irse

Porque el hoy se prosiga en el mañana

Así desesperen los instantes”.

Cayó el telón y los poetas bolivianos, salvadoreños, chilenos y los hijos de hispano parlantes se fueron a enfrentar la tormenta del otoño con mas versos y prosas que cuenten historias en uno, dos y tres idiomas, respondiendo al desafío de la xenofobia.

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