Música

Einstein y muchos científicos también fueron músicos

Un estudio divulga las estrechas relaciones entre música y matemática desde Pitágoras hasta hoy en día.
domingo, 11 de noviembre de 2018 · 00:00

Ricard Bellveser Escritor

La imagen de Albert Einstein, el físico más conocido del siglo XX, autor de la Teoría de la Relatividad, el sabio por antonomasia, tocando el violín, es muy común, porque tanto esas fotos, como aquellas en las que el sabio despeinado saca la lengua como si fuera un precoz Rolling Stone, han circulado por los manuales, las revistas, las redes sociales y hasta los anuncios de los periódicos. Es tan popular como la imagen del Che.

Efectivamente Einstein, en su apartado privado, fue un violinista de cierto mérito, según narran los que tuvieron la oportunidad de escucharle. Célebre e inevitable, en este repertorio de imágenes, es la suya, sentado a bordo de un buque, con traje de chaqueta, abierto de piernas, tocando el violín, formando parte de una pequeña camerata, que interpretaba melodías en un crucero alemán que navegaba las aguas atlánticas en 1933, y nos parece hoy como si fueran la orquesta del Titanic aunque, afortunadamente, sin el capítulo del hundimiento.

El estudioso profesor de Matemáticas de la Loyola University de Chicago e historiador de las matemáticas Eli Maor, ha escrito un interesante manual que ha titulado La música y los números y subtitulado De Pitágoras a Schöenberg (Ed. Turner Libros, septiembre de 2018. Traducción al español de Inmaculada Pérez Parra) en el que narra el influjo de la música en las matemáticas, la física y la astronomía, desde la Grecia antigua al siglo XX, y en este camino habla de compositores, científicos e inventores, si es que todo no es lo mismo, que se propusieron enlazar ciencia y arte en un ejercicio excéntrico y muy pero que muy curioso, que llega a interesar tanto a los músicos como a los científicos o los lectores en general, pues en última instancia lo que propone es que la música es matemática y la matemática es música como lo son los números, lo que no deja de ser un intento extravagante y muy apasionante, en un libro muy tentador.

La editorial lo presenta así: “La música está llena de números: la obra de Bach tiene una cierta lógica matemática; Igor Stravinski estaba seguro de la relación entre la forma musical y las matemáticas; y músicos como Arnold Schöenberg, Iannis Xenakis y Karlheinz Stockhausen fueron un poco más allá al basar directamente sus composiciones en criterios matemáticos. La música ha influido a las matemáticas tanto como las matemáticas a la música. Desde Pitágoras hasta los autores contemporáneos” la música ha ido evolucionando en el mismo sentido y orden que las ciencias exactas, en especial las matemáticas.

Es, pues, un recorrido por más de 3.000 años de la historia de la humanidad, desde la lectura y la observación de los estudios pitagóricos sobre la vibración de las cuerdas, escritos en el siglo VI antes de nuestra era, hasta la dodecafonía de Schöenberg, quien estableció la escala temperada, una afinación, hoy general en los pianos de todo el mundo, que divide la octava en 12 intervalos equivalentes, a lo que hay que añadir los muy curiosos conocimientos sobre la cóclea o caracol, una estructura en forma de tubo en espiral situada en el oído interno del sistema auditivo, que transforma las vibraciones del sonido en impulsos nerviosos enviados al cerebro.

De antiguo se ha sabido o se ha sospechado, que música y matemática (palabra que procede de mathema, que quiere decir conocimiento), estaban estrechamente vinculadas, que la música era una forma de matemática y viceversa y ambas constituyen elementos esenciales del arte. En el fondo, notas, tonalidades, tiempos, incluso los métodos compositivos son secuencias matemáticas. 

Los profesores españoles Vicente Liern y Tomás Queralt establecieron esta relación “es el uso, en ocasiones intuitivo, del número áureo en las sonatas de Mozart, en la Quinta Sinfonía de Beethoven, o, más recientemente, en algunas obras de Bartók, Messiaen y Stockhausen”, (…) “en la actualidad, tanto en revistas de Música como de Matemáticas o en internet, pueden encontrarse multitud de documentos en los que la teoría de grupos, los fractales, la teoría del caos, o la lógica fuzzy, por ejemplo, se utilizan de forma práctica en la creación y el análisis de las obras musicales”.

Bien curioso es el hecho de que Pitágoras y los pitagóricos, desde la Grecia del siglo VI  a.d.e., ya dividió la matemática en cuatro áreas, una de las cuales era la música, y el resto la aritmética, la geometría y la astronomía, por ello centró parte de sus estudios en conocer la relación existente entre armonía musical y números.

Estableció que la octava musical, la que va de Do a Do, se guiaba por la proporción matemática de 2/1. Su experimento consistió en tensar cuerdas de diferentes longitudes y hacerlas vibrar. Tensó dos de ellas, una el doble de larga que la otra, y comprobó que emitían la misma nota, aunque una octava más alta. 

Repitió el experimento tomando la cuerda más corta y poniendo junto a ella otra de mitad tamaño, con resultado idéntico. Los tres sonidos eran la misma nota con diferente octava. Y así continuó experimentando... 
 

 

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