Teatro

Un momento para poder involucrarnos: Festival de Teatro Escénica

Como audiencia no somos un ente que se coloca en frente de una obra, el público construye también; es la manera en que la gente común sea la Institución Arte.
domingo, 18 de noviembre de 2018 · 01:06

Fernanda Verdesoto Ardaya Literata e investigadora sobre teatro

Lo hermoso de ganar un premio es que nos damos a conocer. Pero, siempre y cuando hayamos ganado. Pasa con varios premios, sobre todo con el Nobel. No hay nominados, no nos preparan, y directamente se anuncia a un ganador. El gran problema es que una vez que hay un vencedor, el resto deja de tener protagonismo. Leemos el Nobel de Literatura y el resto de autores, fue. Como público, nos dejamos influenciar demasiado por quién gana, al final que nos da flojera y dejamos que nos dejen el plato servido: vean, este es el ganador. 

Pero, ¿cuándo nos involucramos? El público no es una instancia separada de la obra, siempre van a estar unidos. Como audiencia no somos un ente que se coloca en frente de una obra, el público construye también. 

Me parece importantísimo que el público se una al jurado de un premio tan importante para las artes escénicas, y sobre todo, que esté presente. Ya no hay una Institución Arte que nos diga las definiciones y características sino que, en cierto grado, la institución se disuelve y todo se democratiza. Crear un festival para que la gente se involucre con los candidatos al XII Concurso Municipal de Teatro Raúl Salmón de la Barra es una estrategia para crear un público que no sea solamente influenciable, sino culturalmente influyente. 

Esta es la manera en que todos nosotros, la gente común, seamos la Institución Arte. 

En esta ocasión, 11 obras se presentaron entre el 3 y el 11 de noviembre. Voy a hablar un poco de cada una de ellas, para que se lamenten de las que se perdieron y se animen a ir cuando vuelvan a estar en cartelera. 

Fin de semana teatrero: arrancando motores

Día 1.- Mi hijo sólo camina un poco más lento de Teatro Grito: Esta fue una obra ganadora a mejor actriz de soporte (Alejandra del Carpio) y mejor diseño de vestuario (Carmencita Guillén). Más allá de los premios, esta es una obra que nos hace entender que las diferencias existen.   

Día 2.- El show de los insectos maravillosos de Juan Pablo Piñeiro: Un tratado sobre la soledad. No voy a decir nada más (ver Nota para romperse una pata del 1ero de julio). No ganó absolutamente nada (¡¿Por qué?!), tal vez porque es demasiado extraordinaria.

Teatro para endulzar el principio de la semana

Día 3.- Carnaval de Tabla Roja: Porque improvisar es una de las tareas más difíciles. Probablemente esta es la obra que más capturó el espíritu del festival por la involucración del espectador. Teatro enmascarado a la carta, ejecutado por el ganador a mejor actuación, Ariel Baptista. 

Día 4.- Silla con mesa y moscas de Pequeño Teatro: La paranoia hacia una organización cuasi-mafiosa de mujeres. 

Día 4.- La razón blindada de Mandrágora Teatro: Adaptación de la obra de Arístides Vargas. Una ilusión quijotesca que a veces vale la pena considerar volverla realidad. 

Día 4 (aún): Un buen morir del Teatro de los Andes: Son los Andes y fueron los grandes ganadores (mejor obra, dirección, diseño de sonido y diseño de sonido), pero con justa razón. 

Esta es la historia de una relación duradera en una dialéctica entre la vida y la muerte, y en el medio una promesa. Un buen morir significa también un buen amar en todos sus aspectos. Buen morir es seguir viviendo con el cálido recuerdo de las sombras fuera de la casa. Buen morir es hacer llover porque eres un gran escenógrafo en la realidad y en la ficción. Buen morir es esperarla que tome su café bien molido. Buen morir es esperarla mientras el olor a gas dispara los recuerdos.

 
Hacia el final

Día 5.- XiaoXian de Escena porcina: El relato de un tripulante sobre el capitán y sus actos reprochables. Ganadora a mejor diseño de iluminación, y es una buena elección para esta categoría, ya que la luz narra las mismas atrocidades, con la misma intensidad del actor.

Día 5.- La barbarie de Arfuy Teatro: El apocalipsis en La Paz. Otra obra que captura la esencia del festival: el público. Nosotros, otra vez involucrados, pero como diseñadores de luces, ya que la luz proviene de los celulares de los espectadores. El espectador es móvil, porque se mueve con la obra. 

Día 6.- La pieza 666 de Arfuy Teatro: El desastre desde otra historia. El experimento artístico, ensayo y error. Si mañana se acaba el mundo, ¿qué hacemos? Experimentamos. 

Día 7.- Los mauldorors de Arfuy Teatro: Una pieza más de la dodecalogía de la destrucción. La transformación y la complejidad del lenguaje: “Dirige tus talones atrás y no adelante, como los ojos de un hijo que se desvía de la contemplación augusta de la faz materna.” 

Día 8.-Siete menús de Coyoacán en Agosto. Escritura y reescritura. Menú 1: El proceso de la dramaturgia ¿Cómo hago que se enamoren dos personajes? Menú 2: Dos padres que viven a través de su hijo. Menú 3: Monos de laboratorio. Escribiendo Hamlet. Parece un cuento de Borges. Menú 4: Una psiquiatra que intenta descubrir lo obvio. Siempre es sexo. Menú 5: Las distintas versiones de una primera cita. Menú 6: El ciclo de la vida en las relaciones. Menú 7: La muerte de Trotsky (y no fue un picahielos clavado). Ganadora al mejor diseño de vestuario.

 

Moraleja teatral 

Sigamos involucrándonos. Sigamos siendo metiches en el teatro. En el FITAZ está la crème de la crème, pero en el Escénica también. Porque hay un público que se convirtió en agente. Sigamos siendo ese público. Para que la vida siga imitando al arte.

 


 

 

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