Notas para romperse una pata

Mono con navaja: Vísperas del FITAZ

Como cada abril de año par, la sede de Gobierno se convierte en el escenario principal del Festival Internacional de Teatro de La Paz y Fernanda Verdesoto argumenta porqué no perderse este encuentro.
domingo, 22 de abril de 2018 · 00:00

Fernanda Verdesoto Ardaya Literata e investigadora sobre teatro
 

Y llegó el bello abril de año par, por lo tanto, se viene el mayor festival de teatro de la ciudad de La Paz. El FITAZ está en boca de muchos, pero es de conocimiento pleno de pocos.


Este festival es la acumulación de obras y de público, y que le da sus días de fama a este arte tan poco apreciado en nuestro país. Mi primer FITAZ fue ya de vieja, en el 2006, cuando la única entrada que podía pagar era en aquel lugar donde el aire pesa en el Teatro Municipal, y hoy por hoy cuento los días para la inauguración como guagua revisando sus regalos bajo el árbol. 


¿Qué representa este festival para nosotros? ¿Qué es esta seguidilla de días para la cultura boliviana? ¿Qué peso tiene el carácter internacional para la ciudad?


Un festival despierta, una vez más y de manera cíclica, el interés en el arte del teatro, el interés en el escenario, y sobre todo el interés en el arte. Y al parecer esto es característica de todo festival. Es el agrupamiento masivo para poder descubrir (o redescubrir) de qué se trata el teatro boliviano, y por qué no, el teatro en general. Es como ponerse al día de todo el trabajo pendiente que no hicimos en dos años. Ese que se nos queda mirando y lo tapamos con una manta para olvidarnos.


El FITAZ tiene como principal representante al Kusillo. Bien sabemos que es el bufón de las alturas, el que brinca y anda pintando cielos, infiernos y terrenos. Bien sabemos que al parecer es el primo tercer mundista de Arlequín. Pero más alocado, pero más bromista. Arlequín es el ser guapo, algo andrógino, pero un poco aburrido, porque él no es el que realiza la principal treta, la del amor. Arlequín sólo observa cómo Colombina realiza la farsa amorosa, mientras Pierrot llora derrotado. Mientras tanto, en un mundillo altiplánico y alegre, el Kusillo baila, porque el desamor no le afecta, o al menos no lo muestra. El festival también se convierte en un Arlequín, y no por una cuestión cómica en la representación. Se convirtió en el arlequín burlado, jalado por la nariz por una amante que al final puede que se vaya con otro. Nosotros como espectadores, también nos convertimos en actores sociales y nos hemos convertido en Colombina, ese personaje que está en medio del triángulo amoroso. Ella ama al Arlequín, al festival, y dejó a Pierrot solo, el teatro del resto del año, llorando a sus pies. Tal vez, nosotros público colombino necesitamos ser polígamos, amar al Arlequín juguetón, bromista y coqueto; y al Pierrot famélico de amor al mismo tiempo.


Pero, por el momento, un festival de Kusillo nos abre las puertas a un amor polifacético del teatro.

Porque el Kusillo baila en las buenas, en las malas y en las risas. El Kusillo entre brinco y pasos, llegó a posicionarse en un punto medio entre la fertilidad (esa nariz del Kusillo nos dice todo), la seriedad de la cosecha, y el foolingaround (el tontear o loquear). Porque el teatro es cosecha y el teatro es fool, es bufón. Es cable a tierra y es brinco por los aires. 


El teatro es la potencia inconcebible de la vida y es el bufón aquel que nos centra en el mundo a través de la ilusión. No es el gracioso, no nos dejemos burlar por su apariencia, sino que es el portador de aquello más cercano a la verdad. El fool del teatro isabelino es aquel, que desde su locura nos evita caer en la tormenta (aunque haya fracasado con el pobre rey Lear, puede que tenga suerte con nosotros). Feste, bufón de Twelfthnight, hizo entender a Viola y nos hizo entender a nosotros claras verdades desde lo abstracto . 


Y Feste va más allá de contener a su colega personaje, Feste contiene al público que no sabe que está allí. Como el Kusillo teatrero.


Y mientras tanto, el Kusillo sigue bailando sobre los campos agrícolas. Porque un festival de teatro es una temporada de cosecha. Y el Kusillo es Trickster, es el bromista sagrado y desobediente al que se le reza para obtener vida y creación. Véase en la literatura oral, el tricksteres aquel que enseña al humano a través de la broma y a través de la ilusión. Puede ser un héroe, puede ser un villano, pero está allí para guiarnos. Así como el teatro, así como el Kusillo.


Si el 26 de abril ven a un Kusillo, bailando por las calles, síganlo. Probablemente te esté jugando una broma, pero te guiará al Festival Internacional de Teatro de La Paz, y probablemente nos salve de la locura.  
 

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