Pensador privado

Superhéroes, género narrativo

El autor analiza las características del fenómeno del cómic a la luz de las ideas del teórico literario Edward Said.
domingo, 29 de abril de 2018 · 00:04

Pablo Gozalves

Recuerdo que hace algún tiempo, en una Feria del Libro en La Paz, me pidieron dirigir el diálogo en una mesa que vinculaba a escritores de ámbitos distintos de creación: el cómic y la literatura. La oportunidad me pareció fascinante y acepté con entusiasmo; sin embargo, debo admitir que la experiencia en esa ocasión fue algo parecido a juntar agua con aceite, al menos en parte. 


Los invitados que venían de  la  literatura, sorpresivamente para mí  no tenían interés alguno en pensar el meollo de la escritura más allá de los límites de la propia literatura y aunque esto puede ser lógico a primera vista yo me imaginaba que no era así. 


Cuando le tocó el turno al único invitado en aquella mesa que provenía del mundo del cómic todo cambió de curso, el tono relajado y la capacidad de conectar campos abiertamente en la experiencia creadora. Recuerdo haber pensado para mí mismo que hay personas que en su trabajo son adultas porque sus intereses son serios, profundos, para las que el cómic pareciera resultar algo frívolo y efímero, pero, también hay otro tipo de personas que hacen de sus pasiones de la infancia su profesión, su pan de cada día y que también son rigurosas en lo que hacen, en este caso: escribir cómics.


Por supuesto que de esta experiencia concreta y pequeña no es posible generalizar ninguna idea, sería por demás equivocado hacerlo, pero sí se me quedó grabado un prejuicio que proviene, entre líneas, de algunos ámbitos de la intelectualidad en relación a ver el cómic y la novela gráfica como un desfile de superhéroes en calzoncillos que, paradójicamente, no conocemos por los libros o revistas, sino que los consumimos en sus versiones cinematográficas   que derrochan, entre otras cosas, efectos visuales.


Edward Said, un teórico literario palestino-americano, cuenta cómo, en el marco de su estricta formación académica, la aparición de los cómics en su adolescencia, prohibidos por sus inflexibles padres y profesores que los encontraban moralmente peligrosos, despertó en él algo parecido a un pequeño tifón: “En cuestión de horas quedé ilícitamente inundado por una marea de aventuras de Superman, Tarzán, el Capitán Marvel o Wonder Woman (…). Soy incapaz de recordar exactamente cuándo leí mi primer cómic, pero lo que sí recuerdo con absoluta precisión es lo liberado y subversivo que me sentí al hacerlo (…). Los cómics me permitían pensar, imaginar y ver de un modo diferente”. 


Said también explica las razones que hacían de los cómics en su adolescencia algo tan atrayente y único, a la par que prohibido para él por sus mentores. En primer lugar, el estilo directo del que hace gala el cómic y que propiciaba un uso del lenguaje desenfadado, dibujos violentos capaces de perturbar la calma aparente y un componente erótico muy presente en la construcción de personajes seductores al mismo tiempo que escandalosos. En segundo lugar, los cómics utilizan como recurso narrativo implacables subtextos; “parecían expresar todo lo que no habría podido expresarse de ninguna otra forma, tal vez incluso lo que no estaba permitido decir o pensar  y por ello desafiaban la mecánica ordinaria de un pensamiento intervenido, modificado y reformulado por toda clase de presiones pedagógicas e ideológicas”.


Podemos empezar a atisbar a partir de aquí el gran potencial contenido en el mundo del cómic, ahora debemos ir hasta el cine para decir algo no tan comentado sobre los superhéroes. Blake Snyder fue un polémico e innovador guionista interesado en repensar la mecánica del guión en la industria cinematográfica actual. Plantea que los géneros de cine, tal como los conocemos (comedia, drama, biográfico, épico, por mencionar algunos) son en exceso vagos al no responder con claridad de qué va la historia que tenemos en pantalla. Por lo que hizo su propia clasificación de géneros, en la que afirma que superhéroes es uno de los 10 géneros narrativos más utilizados al contar una historia.


También explica que el género superhéroes es lo contrario del género llamado (en su propia clasificación) “un tipo con un problema”, que podría resumirse en la siguiente frase: un tipo corriente (un hijo de vecino, sin superpoderes o habilidades especiales, como nosotros) se enfrenta a circunstancias extraordinarias. Siendo el problema desproporcionadamente grande en relación a la pequeñez del héroe para enfrentarlo. Si como se dijo antes, el género superhéroes es lo opuesto al género un tipo con un problema, la definición que cabe para superhéroes es: una persona extraordinaria se encuentra dentro de un mundo corriente. Y en este punto me parece que Snyder nos da una llave capaz de alumbrar mejor nuestra idea de los superhéroes.


Pero retrocedamos un paso para dar a continuación un salto. La Real Academia de la Lengua define superhéroe como “personaje de ficción con poderes extraordinarios”. La definición de Snyder añade el rasgo más distintivo del género que corresponde al drama de ser incomprendido, de ser diferente, en una sociedad estrecha de mente, lo cual acentúa por una parte el carácter excepcional del protagonista, pero también remarca el sufrimiento encadenado al hecho de ser extraño en un mundo mediocre y corto de vista que lo rodea. 


Esto último es particularmente notable porque nos hace comprender que el superhéroe no es necesariamente alguien con poderes extraordinarios, sino que es sencillamente alguien extraordinario por naturaleza. 


Una especie de Joseph Merrick enfrentado a la miseria del mundo que lo rodea y que no lo puede aceptar sino como un fenómeno, como en el caso del filme El hombre elefante, de David Lynch; un Wolfgang Amadeus Mozart acosado secretamente por la envidia de un compositor mediocre que aunque admira su genialidad no la soporta, como en el caso del filme de culto Amadeus, dirigido por Milos Forman; un Bertrand Russell absorto en la búsqueda épica de la verdad al tratar de fundamentar la lógica matemática, mientras el mundo a su alrededor cae en la euforia de la guerra, su familia se desintegra y sus hijos son víctimas de trastornos mentales y el suicidio, como en el caso de la novela gráfica Logicomic escrita por Apostolos Doxiadis y Christos H. Papadimitriou.

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