Literatura

Un artículo inconcluso sobre Philip Roth

Para Molina, leer a Roth requiere “tiempo y ojos”. Dice de él: “no fue una excelente persona, pero sí un artista sincero”.
domingo, 27 de mayo de 2018 · 00:00

Fernando Molina Periodista

Cuando, hace dos años y pico, le dieron el premio Nobel de Literatura a Bob Dylan, comencé a escribir un artículo que aquí transcribo: 

“El gran perdedor del Nobel”

“Puesto que, por equidad, la Academia Sueca probablemente daría el Nobel de Literatura de este año a un escritor de idioma inglés y en lo posible estadounidense (recordemos que el del año pasado se concedió a una periodista bielorrusa), el gran perdedor de la elección que como sabemos favoreció a Bob Dylan fue Philip Roth, que como aquel pertenece a ese grupo tan importante y creativo que es el conformado por los judíos de Estados Unidos.

“Roth es posiblemente el novelista más importante de su país. Ha ganado todos los premios literarios que existen en él con obras muy distintas entre sí, pero que en conjunto constituyen un formidable esfuerzo de invención y de iluminación de los diferentes ángulos de la vida. 

Roth prefiere localizar sus novelas en el ambiente intelectual y progresista neoyorquino, que es al que pertenece, pero en ellas es posible encontrar claves igualmente válidas para todos los ámbitos, porque no son obras ensimismadas o mezquinas, sino que en ellas alienta, áspero y brioso, y completamente universal, el drama humano”.

Luego de esto, por alguna razón, quizá por el carácter simultáneamente elevado y abstracto de las últimas líneas, dejé de escribir. No era fácil seguir después de una afirmación como la mencionada: “En esta obra alienta, áspero y brioso, y completamente universal, el drama humano”.

Otro factor que seguramente pesó en ello fue que hablar de Roth como el “perdedor del Nobel” era pura chabacanería. Un verdadero artista no se tasa en éxitos o fracasos mundanos. Hablar de sus premios es una triquiñuela de los periodistas para presentar a los autores como seres accesibles, fáciles de comprender (es decir, de tasar), lo que en realidad no son. Si los autores se conocen realmente por sus obras, nada de lo que diga aquí, ni lo que han dicho decenas de periodistas en torno a Roth, a propósito de su reciente muerte, sustituirá jamás el trabajo y el placer y el aprendizaje de leerlo. 

¿Qué estamos haciendo aquí, entonces, usted y yo? No lo sé. Quizá encontrando otra forma de dejar inconcluso un artículo. Poniendo puntos suspensivos que significan: Nos vemos después de la lectura de Roth, lectura a la que espero inficionarlos…

Philip Roth transformó sus experiencias personales en libros de un modo que resultó controversial. Alguna vez se quejó de que cuando escribía sobre su vida se le reclamaba por inventar y, al revés, que cuando inventaba se consideraba que estaba siendo autobiográfico. 

En consecuencia, dejó que los listos de los lectores decidiéramos por nosotros mismos. Hoy que Roth ha muerto todo esto ha dejado de tener importancia, si alguna vez la tuvo. En tanto memorialista, Roth escribió obras como Patrimonio, un conmovedor texto sobre la relación con su padre, que comenzó a escribir cuando este presentó por primera vez los síntomas de la enfermedad que habría de matarlo. 

También escribió obras fuertemente ficcionales como La conjura contra América, en la que Roth imagina nada menos que un gobierno antisemita y pro-nazi encabezado por Charles Lindberghen lugar del que, dirigido por Franklin Roosevelt, condujo a Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial. Muerto Roth, muertos los demás protagonistas de Patrimonio, el libro puede leerse como si estos nunca hubieran existido, o al menos no más que el Lindbergh de La conjura contra América.

Los judíos estadounidenses suelen ser sarcásticos o esto es lo que imaginamos a causa de las películas de Woody Allen. El caso de Roth confirma esta generalización. Algunos de los pasajes más importantes de sus obras son elaboradas escenas y diálogos sarcásticos sobre, por ejemplo, una fiesta en un condominio, ciertos achaques del envejecimiento, un rabino conservador que apoya siempre al Gobierno, aunque este persiga judíos, los scouts, los patéticos escritores  que se aprovechan del Holocausto, etc. 

Roth es demoledor y por eso ha sido acusado de ser un judío antijudío y también un escritor ideológico. Sus simpatías son las políticamente correctas para un neoyorquino: leía el Times, publicaba en el New Yorker, simpatizaba con los demócratas, estaba dos veces divorciado, etc. Usando su habilidad sarcástica, durante la década de los años 70 se dedicó a zaherir a Nixon de una manera brillante y cruel; los resultados se conservan en el libro paródico Nuestra pandilla. Cuando uno lo lee tiene ganas de usar el mismo tono y estilo para aporrear a algunos personajes locales, pero tal ejercicio aquí quedaría incomprendido. 

El humor de Roth requiere un cierto espacio para desplegarse, como un juguete de aeromodelismo que no estuviera suficientemente miniaturizado. Es un pasatiempo para gente con tiempo y dinero. 

Entre nosotros algunos tienen el dinero pero no compran tiempo con él. Compran más dinero. O, cuando el dinero es heredado, compran viajes en cruceros. Gustan de pelear por un espacio ante la piscina, de madrugar y adelantarse a las hordas de extraños que también necesitan una poltrona. O tal vez compran otras cosas, qué se yo. En todo caso, sé que leer requiere tiempo. Leer a Roth requiere, ay, tiempo y ojos.

El mayor escritor estadounidense no fue una excelente persona, como él mismo acepta en Patrimonio, pero sí fue un artista sincero, que puso su vida al servicio de su obra. Cuando eso ocurre, una persona suele terminar aclamada, pero sola, como parece que fue el caso. Bueno, pero quizá sólo estoy inventando/recordando, novelando sobre la materia de la vida real, muy “a la Roth”.
 

 

Permítanos un minuto de su tiempo.

Para desarrollar el periodismo serio e independiente, esencial en democracia, que usted aprecia en Página Siete, contamos con un equipo de reporteros, editores, fotógrafos, administrativos y comerciales de primer nivel.

Los ingresos con que Página Siete opera son producto de nuestro trabajo; no contamos con prebendas de ninguna naturaleza.

Si usted desea apoyar el esfuerzo que realizamos, suscríbase a P7 VIP, para recibir de lunes a viernes una carta informativa por correo electrónico, que contendrá un resumen de las noticias y opiniones más interesantes de Página Siete, a un costo de sólo Bs 15 al mes.

Para suscribirse haga clic aquí o llame al número 2611749, en horas de oficina.

Otras Noticias