Una hija que muere, un nieto que nace, un disco que sana

Tras la muerte de su hija, Jenny Cárdenas no pudo grabar un nuevo disco. Han pasado 20 años y las penas han decrecido. Por ello sale a la luz una extraordinaria producción, en la que la artista está rodeada de músicos argentinos. La presentación es esta semana.
domingo, 06 de mayo de 2018 · 00:09

Raúl Peñaranda U. Periodista

Jenny Cárdenas dice, con su modo de hablar a medias enérgico y a medias dulce, que después de la muerte de su hija Valeria lloró todos los días, sin faltar uno, durante diez años. Dejó de hacerlo cuando su hijo Andrés bajó las gradas de su casa un día y le preguntó hasta cuándo lloraría. 


“Ahí me di cuenta que debía avanzar”, dice. Andrés, entonces de 22 años, tenía también derecho a ser feliz. “Si no morí yo junto a Valeria fue por él, por Andrés, pero había días que parecía que las fuerzas me abandonaban”.

Una hija que muere

La muerte de Valeria le produjo una pena larga, permanente, corrosiva, infinita. “Tuve que esperar 20 años para poder pensar en hacer un nuevo disco”, afirma. “Simplemente no podía”. Veinte años de espera. Veinte años de tristeza. Pero entonces ocurrió algo mágico: un 18 de febrero de 2012 nació Silvio Amaru, el primer hijo de Andrés. “Ese día supe que podía cambiar de estación”, precisamente el nombre del disco que presenta esta semana en Bolivia.


Más de dos décadas demoró en producirse, por ello, el disco Cambio de estación en el que Jenny pasa por fin del “invierno a la primavera”. Incluyó una canción dedicada a su hija: El canto de la madrugada:

 Yo sé que ha de quedar
Tu imagen viva
En mi guitarra

Yo sé que ha de quedar
Como una lumbre
Como espuma

No se debe dejar
Del corazón
Sólo el dolor,

No se debe apagar
El canto
De la madrugada

Ella y su marido, Ricardo Calla, me muestran un video filmado por un etnógrafo francés en el que se ve a Valeria, a los seis años, mientras su madre es entrevistada en el living de su casa. Es 1986 y la niña refleja una vivacidad y una simpatía únicas. Y luego canta, con una voz atildada y compuesta, el tema  En el palmar, mientras su hermano, tres años menor, se cruza varias veces por la cámara para captar un poco de atención y, de paso, molestar al francés que dirige la entrevista.


Valeria nació el 24 de abril de 1980, tres meses antes del golpe de Estado de Luis García Meza, que forzó a sus padres a vivir en una semiclandestinidad durante varias semanas, hasta que los tres se fueron a México mientras esperaban que la dictadura se acabara.


Recuperada la democracia, Jenny cantaba profesionalmente, pero había estudiado sociología y no sabía si podía dedicarse de lleno a la música. A principios de los 80, sin embargo, quedó claro que, si bien no abandonaría los estudios históricos de música, lo que más quería hacer en el mundo era cantar.


Andrés nació el 11 de mayo de 1983 y los dos hermanos tuvieron la suerte de tener una vida familiar intensa. Todos los viajes familiares los hicieron los cuatro juntos, los mismo que las becas de estudio, los conciertos, las vacaciones, hasta hacer que los Calla-Cárdenas formaran un miniclán de cuatro ruidosos miembros llenos de ilusiones.


Y el miniclán era parte de un clan mayor, conformado por abuelos, tíos y decenas de primos. Pero dentro del gran familión, el abuelo materno, Hugo Cárdenas, pese a tener muchos nietos más, no disimulaba que Valeria era la favorita. Como no lo iba a ser si cantó tangos a los 10 años en el Club de La Paz, para deleite de todos los invitados; como no lo iba a ser si en los cumpleaños cantaba canciones de Joan Manuel Serrat, recitaba largos poemas, contaba historias, inventaba chistes y opinaba de todo y de nada. Envuelta en el ambiente intelectual de su familia fue desde muy temprano una persona de ideas políticas, por ejemplo, defender la promoción de las lenguas nativas y abogar por una sociedad más justa.

Serás como una voz
Que se oye en medio
La montaña

Será tu corazón
Que entre las cuerdas
Me acompaña

Siento el viento que llega
Hasta mi espalda
Olor a hierba

Y esta vela
Que alumbra mi ansiedad
Y te me acercas

Valeria imaginaba que cuando fuera grande sería arqueóloga, tan impresionada quedó de la visita que hizo, cuando tenía siete años, acompañando a su madre, a Cusco y Machu Picchu. Pero ya en la preadolescencia estaba interesada en la defensa de la naturaleza y en ver cómo se podría ayudar a defender a las ballenas y otras especies en peligro de extinción.


Una muchacha así, tan vital, y con esa inclinación, no podía dejar pasar la oportunidad de ir a escuchar al escritor uruguayo Eduardo Galeano, que se presentó en Potosí en diciembre de 1994.

Como era previsible, y pese a sus solo 14 años, Valeria hizo las más penetrantes preguntas. Pero estando en Potosí sintió un dolor en el abdomen, primero relativamente ligero y luego más intenso.


Al llegar a La Paz los dolores fueron más fuertes e incluso tuvo sangrados. En el Hospital San Gabriel, donde la atendieron, le dieron al miniclán la terrible noticia: Valeria tenía cáncer. Sin pensarlo mucho la familia viajó de urgencia a Lima, para hacer que la niña fuera atendida en el conocido Hospital de Oncología de esa ciudad. Un amigo de la pareja les dio su departamento en Lima y él se fue a otro, para que los cuatro miembros de la minitribu Calla-Cárdenas pudieran tener una base de acción en esos días de desconcierto y ansiedad.

Solo con esta cueca
Puedo hablarte
Al corazón

Solo habrás de escucharme
Como al aire
Sin orquesta

Será esta misma voz
Que oye en medio
La tormenta

Será tu corazón
Que entre las cuerdas
Se me acerca.

Serás como una voz
Que se oye en medio la montaña
Será tu corazón

Que entre las cuerdas me acompaña

A los pocos días llegaron abuelos, tíos y sobrinos a pasar Navidad con ellos, en una ocasión de emociones encontradas: la angustia por la gravedad de la enfermedad y la ilusión de que todo pasaría, que esto no era más que una pesadilla.


Y unos meses después, la fantástica noticia: el tumor había desaparecido. ¡Los tratamientos tuvieron éxito! Era un milagro. Surgieron otra vez las ilusiones, los planes, las esperanzas. La enfermedad había sido derrotada.


Pero en septiembre las malas noticias devoraron nuevamente a todos: el cáncer había regresado y era muy agresivo.


No había más que hacer que esperar el desenlace. Los médicos en Lima les dijeron que ya no harían más tratamientos.


Una sombra se posó sobre la minitribu, pero los cuatro todavía aceptaron la idea de que podría intentarse un tratamiento alternativo en Tepoztlán, una pequeña localidad de 15.000 habitantes cerca de México DF. El clima benigno de la localidad, sus hermosas callecitas y el cercano monte Tepozteco ayudaron a paliar en algo la zozobra y el agobio. 


Allí, Valeria pintó algunos cuadros que están ahora en el living de los Calla-Cárdenas y vivió un final digno. A sus 15 años mostró gran madurez y entereza y pidió incluso que los tratamientos alternativos se detuvieran. Estaba lista para partir. El 1 de diciembre de 1995, a 5.900 kilómetros de su casa de La Paz, Valeria murió a los pies del Tepozteco.

Un nieto que nace


Hay un video de Jenny Cárdenas, cantando en un festival de Ginebra, Suiza, el 19 de febrero de 2012. El primer tema que interpreta es  Razón de vivir, de Víctor Heredia, pero antes de ello da una extraordinaria noticia: cuenta que el día antes había nacido su nieto Silvio Amaru.


“Fue entonces que supe que podía grabar un nuevo disco”, dice. “Sólo pensaba en poder tomar el primer vuelo a Bolivia para conocer a la criatura, y también en que las composiciones que había hecho en años anteriores ya no podían esperar más y debían ser grabadas”, agrega.


El disco, así como tiene un tema para Valeria, incluye otro para Andrés (y, creo yo, también para Ricardo):

Cambio de estación

Te alcanzaré
Si un día
El invierno

Deja que el sol
Alumbre mi puerta

 Te alcanzaré
Si acaba
Esta pena
 
Y encuentro el día
En primavera

Navegarán
De nuevo
Mis sueños                       

Y la alegría
Como un canto
De antaño

Será la dulce
Sensación
Que me inspire
A continuar

Y amarte
En paz

En la quietud
En esta tarde
Inmensa


Donde estoy sola
Donde nadie acude

Escucho el mar
Y en su canto
Distante

Algo presiento
Algún signo certero

Será
Tal vez
Que llega

La aurora
Y su fugaz incendio
Acabe mi pena

Será
El final
De este dolor

Que me dice
Cambio de estación

Jenny nunca dejó de cantar en todos estos años. Ha preparado por lo menos un recital anual, que realiza tanto en La Paz como en ciudades del interior. Y también ha grabado discos, entre los que resaltan dos que son un gran aporte a la historiografía musical boliviana, porque rescata la música de Boleros de Caballería. Pero en esos dos discos ella no cantó ni tocó, porque es música interpretada por bandas musicales.


Antes de la muerte de Valeria grabó el  Disco blanco, que incluye Te quiero de Mario Benedetti,  Jallalla   de Jesús Durán y el  El regreso  de Matilde Casazola. Se distribuyó en 1982 y fue el primero que Jenny produjo. Más tarde presentó  Cazador Solitario, un homenaje a Benjo Cruz con piezas que fueron compuestas por ella. El tercero se centró en música boliviana, titulado Las huellas fecundas, que contiene No le digas, con letra de Jaime Saenz y música de Willy Claure y Jesús Durán.

Posteriormente vio la luz  Todo cambia, un homenaje a la canción latinoamericana, y Otro Cantar, también con sus composiciones.


Veinte años después del último de ellos estuvo lista para dejar atrás el invierno.  

Un disco que sana


El disco  Cambio de estación  es hermoso. Retiene la esencia del canto latinoamericano y el estilo ya conocido de Cárdenas, pero al haber tenido el acierto de elegir a Alan Plachta, un excelente joven compositor, guitarrista y productor musical argentino, la producción tiene un aire refrescante, embriagador. Plachta, quien actualmente reside en Uruguay, donde dirige el área de técnicas del lenguaje musical de jazz y músicas creativas de la universidad UTEC, es principalmente un guitarrista de jazz, pero también ha explorado ritmos como el tango y en general de la música latinoamericana.


Plachta le dio al disco un extraordinario “tono argentino”, que se fusiona al “tono boliviano” de Jenny Cárdenas. Aparte de ser el director musical, Plachta toca la guitarra acústica y eléctrica. Los músicos argentinos Nicolás Gaggero (percusión), Santiago Arias (bandoneón), Mariano Agustoni (piano), Gonzalo Fuertes (contrabajo y bajo eléctrico), Sebastián Valsecchi (guitarra acústica y tiple), Diego Barraza (viola), Juan Pablo di Leone (flautas y armónica) y Emma Chacón Oribe (violoncello) completaron, en distintas canciones, el sobresaliente elenco.


Valsecchi, Di Leone y Chacón Oribe son semicelebridades en Buenos Aires, mientras Gaggero, Arias, Agustoni y Fuertes son parte del “dream team”, jujeño, como los llama Plachta, y Barraza es un excelente violista. Jenny no podría estar mejor acompañada.


Varios de ellos están en Bolivia para participar de la gira de presentación. El sábado 5 de mayo el tour se inició en Sucre. El martes 8 el grupo actuará en el teatro municipal y el miércoles 9 en el cine teatro 16 de julio, en La Paz; el viernes 11 estará en el teatro Achá, de Cochabamba; y el sábado 12 en el Paraninfo Universitario de Santa Cruz, en todos los casos a las 20:00. Hay que acompañar a Jenny a ingresar en la primavera.

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