Patio Interior

Por una ecopoética

Una tendencia ambientalista comienza a poblar la poesía de estos tiempos, en los que el planeta avanza hacia su desaparición.
domingo, 10 de junio de 2018 · 00:00

Juan Cristóbal Mac Lean Poeta

 

Si las cosas siguen así, de aquí a tan poco como unos cincuenta años, advierten estudiosos y científicos, tras el derretimiento de los hielos árticos prácticamente desaparecerán todas las ciudades costeras del mundo (Valparaíso, Nueva York, Londres, Amsterdam, Venecia...). 

Los refugiados climáticos (por ejemplo todos los pakistaníes) serán algunos  cientos de millones. Quedarán pocos animales. Quedarán pocas plantas. Poca agua dulce. Quedarán menos abejas e insectos y, ante la falta de polinización, irán desapareciendo muchas especies vegetales alimenticias. En muchas partes del globo la película Mad Max, si uno se entrega a posibles escenarios no muy lejanos, no parecerá del otro mundo. La vida, seguramente sobrevivirá, pero habrá generaciones humanas que, simplemente, ya no conocerán el mundo tal como aún lo conocemos nosotros.

Lo malo de un párrafo tan pesimista como el anterior, insistamos, es que no se trata de vagas suposiciones o de escenarios apenas posibles. Todo lo contrario, se trata de hechos que, cada día, se ven incesantemente corroborados y confirmados, mientras la velocidad a la que se suceden es aún mayor a la esperada. Hay corrientes científicas, en efecto, para las que el desastre general está a la vuelta. 

En circunstancias así, circunstancias además ‘históricas’ para emplear tan desconfiable adjetivo, pareciera, de pronto, que el territorio de cualquier ética posible del ser-hombre se ve cargada, hoy por hoy, de una nueva responsabilidad y una tarea,  que se revelan tanto más urgentes ante el nuevo horizonte del desastre. Si la ética, hasta hace poco, parecía concernir nada más o sobre todo al ámbito de las relaciones humanas, hoy vamos aprendiendo, o reaprendiendo, que el campo o la esfera de la ética también concierne al mundo, a los animales, a las plantas…

Pero ahora mismo, cuando todos paran las orejas ante las nuevas realidades y dirigen sus ojos hacia cuanto cae bajo la palabra ecología, y si hemos de hablar, incluso, de una nueva ética, estas preocupaciones de ninguna manera se restringen a la filosofía o es sólo desde ella que brotan las alarmas mayores.  Son todas las artes que se vuelcan hacia estos territorios y no en vano surgió, por ejemplo, todo un  ‘land –art’, con sus magníficas instalaciones empleando nada más que elementos “naturales” –piedras, troncos, ramas, barros, pitas…

Es en todo este contexto en el que, naturalmente, la poesía es una de las primeras llamadas a acusar los golpes y encarar los nuevos paisajes de la existencia, que se abren ante un mundo hecho trizas. ¿No era, acaso, la naturaleza uno de los grandes espacios en que desde siempre transcurrió la poesía? Y, en la misma medida en que ya se habla de un mundo posnatural, nada más seguro pues que la poesía participe decididamente entre las voces que se alzan en semejantes encrucijadas.

Entre las revistas íntegramente dedicadas a la poesía en el mundo anglosajón, la más conocida es Poetry, que fundada en Chicago en 1912, dura excelentemente hasta ahora. ¡Más de un siglo editando poesía mensualmente!

Uno de los últimos números de colección de esta revista está dedicado, justamente, a temas como los mencionados.  Poetry and the Environment (Poesía y medioambiente)  es el número y aclara en un subtítulo: Recent poetic approaches to the natural world and ecology, es decir, Recientes enfoques poéticos del mundo natural y la ecología. Por razones de espacio no cabe aquí una recensión más completa de un número que trae de todo. Poemas de y entrevista al gran poeta W.S. Merwin, así como otra entrevista al muy notable poeta y hasta personaje que es Gary Snider, ya bastarían para justificar el número. 

Ambos poetas, se sabe, viven en el campo y mientras el primero se dedicó a preservar especies amenazadas, no dejemos de escuchar estas difíciles palabras del segundo, para quien todo parte del mal hado pacto abrahámico en el Génesis, “donde todo está en los términos del venenoso pacto, que les concede (…) Canaán, la Tierra Prometida. La Tierra Prometida es la imagen tóxica del mundo occidental, que se usó como excusa para ir de conquista en conquista desde entonces”.

 De entre los muchos buenos poemas, quedémonos con este que traducimos:

 

Donde se prueban las bombas 

Willian E. Stafford

Al mediodía en el desierto, jadea un lagarto 
esperando por la historia, con sus codos tensos,
viendo la curva de un camino particular
como si algo pudiera pasar.

Mirando hacia algo más lejos
de lo que la gente podía ver, una escena importante
actuada en piedra,  para pequeños seres
en el estrecho final de las consecuencias.

Apenas  había un continente sin gran cosa
bajo un cielo que nunca se preocupó menos.
Listo para un cambio, los codos esperaron.
Las manos se aferraron con fuerza al desierto.

Una ecopoética como la que de hecho se propone (hay incluso un artículo definiéndola), no puede, por otra parte, dejar de ser una eco-política. Como ya bien lo sabemos en este país, sobre todo tras la iniquidad del TIPNIS (que se sigue destrozando, contra la voluntad de todos los no cocaleros) y las grandes amenazas que se ciernen sobre los parques naturales, los ríos, los bosques y, prácticamente sobre toda la Amazonia, se trata inevitablemente de un enclave político, desde el punto de vista de la crítica y la acción, pero sin que, por ello, se pierda en ningún momento el resorte poético inicial que enciende la mecha de la defensa de todo un mundo amenazado de aniquilación.

Lo que se quiere hacer con las represas del Bala y el Chepete, ya no son unos meros errores de apreciación,  una simple tontera más debida a la extrema simpleza de Morales. Están poniendo en juego y en riesgo algo de una dimensión muchísimo más grande como para creer que se trata de otra mera barbaridad ecológica. Con todo lo que hoy se sabe sobre los peligros ecológicos y la infinita estupidez de represas como las mencionadas, lo que se pretende hacer, abusivamente, ya pertenece, simplemente, al talante de la infamia -esa enemiga natural de la poesía.

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