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La Villa de París y la élite paceña

Las casas de las élites hispánicas hoy son patrimonio y a su vez repositorios de patrimonio. De éstas escribe Lucía Querajazu, quien advierte que muchas de estas casonas ya se han perdido y con ellas se ha perdido parte de la historia paceña.
domingo, 17 de junio de 2018 · 00:00

Lucía Querejazu Historiadora de arte

La ciudad de La Paz como asentamiento urbano, en sus características particulares, ha sido objeto de pocas investigaciones significativas desde lo formal. La falta de regulación y protección del patrimonio ha generado un vacío histórico con respecto al espacio colonial en torno al cual se gestó la noción de urbanidad paceña. 

Es tanto lo que se ha perdido que lo único que podemos hacer es intentar reconstruir la historia de los fragmentos para ver si es un buen punto de partida para imaginar lo que se ha perdido. 

En los barrios de indios de San Sebastián, San Francisco y Santa Bárbara, así como en San Pedro, se ha perdido más, generando un significativo vacío en la historia de la arquitectura o de la urbanidad indígena y mestiza de la ciudad, su verdadera fuente de identidad y pujanza. Quedan las casas de las élites hispánicas, las administradoras del poder colonial y las iglesias. 

Estas casas hoy son patrimonio y a su vez repositorios de patrimonio, aunque han sufrido alteraciones y modificaciones a lo largo de los siglos a causa de las sucesivas modificaciones, a las restauraciones y adaptaciones para cumplir con los fines necesarios, siguen siendo el mejor símbolo del tipo de ciudad que fue La Paz.

 
Surgimiento y evolución de la élite paceña

La élite paceña a la que pertenecieron los personajes que vivieron en estas casas proviene de un conjunto de encomenderos que, como vecinos fundadores de La Paz, consolidaron un grupo de poder en torno al cabildo paceño. En él, como expone Ariel Morrone (2012) en su artículo De “señores de indios” a nobles rentistas. Los encomenderos de La Paz (1548-1621) se consolidó una red de vínculos ya sea clientelares o familiares que llegaron incluso a retar el poder virreinal. 

Morrone señala cómo los herederos de las encomiendas van transformando su fuente de poder y legitimidad de las mercedes otorgadas por La Gasca hasta las rentas y actividades mercantiles dependientes de la mano de obra y producción nativas. 

Un ejemplo sencillo podría ser Juan de Rivas, regidor perpetuo del cabildo y dueño de tiendas en la calle de los Mercaderes.

De este estudio queremos también destacar que las encomiendas en La Paz tuvieron la particularidad de ser utilizadas por el poder central (virreyes Cañete y conde de Nieva) para extender sus propias redes clientelares, generando así un vínculo fuerte entre La Paz y Lima.
 
La casa de 1768 o Villa de París

La casa de 1768 es el ejemplo más antiguo de las casas señoriales o palacetes de La Paz que son ejemplos notables de la arquitectura civil colonial de la región. Aunque exteriormente fue modificada y reformada, en el patio interior se puede observar una portada interior labrada en piedra con la fecha de enero de 1768 y la loggia que ha quedado cegada casi en su totalidad. 

Este tipo de casas señoriales o palacetes funcionaban alrededor de un patio interior principal con arquería de piedra, una escalera cobijada por una portada interior que daba paso a la segunda planta que sería la planta habitable. Todas las casas se distribuían desde un patio interior central; la diferencia es que en estas casas señoriales, aparte de la evidente calidad técnica y decorativa, habitaba una sola familia, es decir que eran una sola vivienda. El segundo patio estaba destinado a cocinas o amasijos y estaba vinculado con los sectores de la casa que idealmente eran utilizados como huertas para el cultivo de hortalizas y sustento de la familia o familias. 

Otra característica común de estas casas de la ciudad de La Paz y sobre todo desde el siglo XVIII es que, de encontrarse en una zona comercial, como norma general tenían tiendas a la calle y tambos interiores para almacenar los productos provenientes de las fincas en el altiplano, Yungas y Río Abajo. Esto significa que si bien estas casas señoriales se encontraban en la calle de los Mercaderes, sus portadas no podrían estar sobre ella, ya que estaría desperdiciándose una o más tiendas a favor de una puerta. 

Se ha sugerido, en los trabajos de restauración de esta casa, que la puerta debió estar sobre la calle Comercio; sin embargo, discrepamos con esa interpretación por lo prioritario de la actividad comercial y por el ejemplo de la casa del Oidor Diez de Medina, hoy Museo Nacional de Arte, cuya portada de igual forma da a la calle Socabaya dejando libre la fachada de la Comercio para esa actividad. 

Adicionalmente, la investigación arqueológica comisionada por la Fundación Cultural del Banco Central determinó que la portada interior que vemos fue movida, debió estar en ángulo con la puerta principal como en el actual museo.

El aspecto más destacable de la casa de 1768, sin embargo, es el salón de la segunda planta que tenía dos salones de pintura mural que lamentablemente no ha sobrevivido a los sucesivos trabajos de intervención del inmueble. Ese espacio fue un salón especial y hasta donde sabemos sin igual en la ciudad; las pinturas de escenas militares y un retrato del rey Carlos IV hacían referencia a un contexto de poder político masculino, vinculado a la autoridad real. Su función puede haber sido la de albergar las tertulias nocturnas de la élite paceña en las que se gestaron tanto la defensa de la ciudad durante el Cerco de 1781 como la futura vida política de la misma que sería tan agitada hacia 1809.

Hoy en día, ya restaurada, la casa de la Villa de París funciona como anexo del Museo Nacional de Arte y alberga diferentes muestras y colecciones de arte de la Fundación del Banco Central de Bolivia. Esto ha permitido el estudio de la historia de la casa y su puesta en valor.

 

 

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