Música

La visionaria Ana María Vera

Mendieta escribe sobre la labor de la pianista boliviana, también del aporte de Fundación Bolivia Clásica, que es impulsada por ella.
domingo, 03 de junio de 2018 · 00:00

Plenamente definida y estable en sus laudables propósitos formativos y didácticos, la Fundación Bolivia Clásica, organización cultural puesta en marcha por la afamada pianista nacional Ana María Vera, se encumbra hoy en recoger los frutos de un sostenido trabajo desde su fundación hace algunos años. 

La subrayada aspiración formativa, ha logrado, en efecto, erigir una plataforma de acción conducente a auspiciar a nuevas generaciones de músicos, potenciar su talento, y abrirles espacio mediante técnicas de enseñanza avanzada.

Con esta visión, fue creada en el año 2011 la Orquesta de Cámara Juvenil Bolivia Clásica, elenco conformado por alumnos de dicho programa, y dirigido por el violinista y profesor Armando Vera Woudstra, músico de alta escuela que ha posibilitado que el plan de formación artística se traduzca no solo en ese eminente objetivo, sino en la asimilación paulatina y sólida de un vasto repertorio orquestal y de presentaciones públicas.

Sobre ello, persuadidos los impulsores del proyecto de que el roce con intérpretes internacionales contribuiría a evolucionar la aptitud de sus noveles ejecutantes, la orquesta ha difundido obras esenciales del repertorio universal bajo la dirección, entre otros, de los consagrados maestros Jaime Laredo, Israel Getzov, Andreas Penninger; y con el apoyo de renombrados solistas vocales e instrumentales del ámbito mundial, como Sara Hershkowitz, Lyda Chen Argerich, Ken Aiso, Sara Robinson.

Infundidos, asimismo, de que la música y los músicos bolivianos son imprescindibles para dotar a la orquesta de sonidos absolutamente nuestros, los organizadores de Bolivia Clásica han priorizado la ejecución de obras nacionales, tales como el Concierto para piano y orquesta de cámara, de Alberto Villalpando, con la participación al piano de Ana María Vera, así como la creación para clarinete solista y orquesta de cuerdas de Édgar Alandia; punto de partida, ambas composiciones, de una acertada política de divulgación de la música clásica nacional.

Si, como se decía, el propósito formativo o didáctico de Bolivia Clásica se halla fijado de modo preciso, conviene poner el acento en que lo propio ocurre con el sonido de la Orquesta de Cámara Juvenil Bolivia Clásica. No poco esfuerzo, dedicación y talento hubo de combinarse en todos estos años para que el maestro Armando Vera y sus dirigidos lograran uniformar al joven conjunto de cuerdas con un sonido empastado, una expresión de cualidad blanda, dúctil, y de un nítido color, tal como así fue la interpretación de la orquesta en el último concierto ofrecido en el auditorio de la Universidad Privada Boliviana.

Bajo el sugestivo título de “Contrastes”, la artista invitada para esta ocasión fue la violista y directora estadounidense Jennifer Stumm. Acentuada su formación artística por un impresionante currículum, ella se sintió cómoda y complacida en su papel como directora invitada de la Orquesta de Cámara Juvenil Bolivia Clásica. 

Pese a la abundancia y diversidad de ideas musicales del programa, Stumm, empuñando una viola construida en 1590 por el lutier Gasparo de Salò, dirigió con lucidez un intrincado tejido de notas. Prueba de ello fue la sorprendente adaptabilidad que manifestó en su dirección e interpretación de las partituras Drones: Material en mi bemol, de Nico Muhly, y Valencia, de Caroline Shaw, cuya contemporaneidad sonora, asimilada con la debida proporción por ella y por la orquesta, alcanzó matices que motivaron una exquisita sensación auditiva (toda una experiencia estética escuchar una música natural, libre y sustancial por sí misma, sin ataduras).

De una profundidad armónica plena de brillo, a la vez que de sombra, pero, en fin, de una sombra envuelta en luz que se deslizó suave y vehemente, arcana y vibrante, tal como de carácter pulcro resuena la música litúrgica judía, Jennifer Stumm y la orquesta recrearon, con sincronía, el Tenebrae para orquesta de cámara del compositor argentino y raíces judías Osvaldo Golijov. 

Un cautivador monumento a la armonía. Completaron el programa magníficas obras de Boccherini, Couperin y Purcell. Un concierto, en suma, que corroboró el prestigio de Jennifer Stumm; que puso en evidencia, una vez más, el gran momento de la Orquesta Juvenil Bolivia Clásica, la misma que, en homenaje a Ana María Vera, refrenda la facultad visionaria de esta consagrada artista internacional.

Pablo Mendieta Músico

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