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H. C. F. Mansilla: apuntes breves desde Alemania motivados por la edición de sus Obras selectas

El autor elabora un esbozo de la influencia de la academia alemana en el pensamiento y obra del filósofo boliviano-argentino.
domingo, 01 de julio de 2018 · 00:00

Carlos Kölbl Catedrático de psicología en la Universidad de Bayreuth (Alemania)

A fines de mayo la Editorial Rincón ediciones publicó las Obras selectas de H. C. F. Mansilla. En un acto en el Museo Nacional de Etnografía y Folklore de La Paz se comentaron  diferentes aspectos de la rica obra de Mansilla. 

Se publicó en este periódico (el 27 de mayo) el comentario de Robert Brockmann acerca de las novelas del celebrado autor. Al leerlo –en especial los párrafos sobre Laberinto de desilusiones (1983)–  se nota una vez más el gran rol del mundo académico alemán en la formación intelectual de Mansilla. Esta influencia a su vez fue y sigue siendo transformada críticamente por un espíritu creativo con amplios y variados intereses filosóficos, científicos y literarios sin límites nacionales.

Quisiera recordar y subrayar brevemente algunos aspectos de la trayectoria intelectual de Mansilla  vinculados a la academia alemana pasando por alto –por cuestiones de espacio– las influencias de la literatura, el teatro, el cine o el arte alemán. 

Obviamente no puedo (ni quiero) reclamar exhaustividad. Además mi formación como psicólogo cultural (y no como politólogo, filósofo, sociólogo o historiador) inevitablemente trae consigo algunas limitaciones. 

No obstante trataré de hacer resaltar algunos (pocos) aspectos de la íntima relación Mansilla-Alemania porque me parece indispensable explicitar esta relación en la valoración de su obra más allá de una mera mención.

¿Por qué Alemania?

Como se puede leer en el primer volumen (lamentablemente hasta hoy el segundo tomo sigue pendiente) de su autobiografía Memorias razonadas de un escritor perplejo (2009) (en la cual me basaré una y otra vez en los siguientes párrafos), para el joven Mansilla el país europeo predilecto en cuanto a su historia, su idioma, su literatura, su arte, su filosofía, sus costumbres, sus tradiciones, su savoir vivre, en suma: su cultura, no es Alemania sino Francia –preferencia que comparte, como es sabido, con numerosos intelectuales y artistas de América Latina, Alcides Arguedas, Octavio Paz, Diego Rivera, Frida Kahlo, Mario Vargas Llosa y Julio Cortázar entre muchos otros–. 

La fascinación por el modelo civilizatorio francés es nutrida sobre todo por la madre que manda al niño a tomar clases de idioma en la Alliance Française. ¿Cómo entonces entra –por decirlo de esta manera– Alemania en la vida de Mansilla? Por razones bastante pragmáticas: no hay una escuela francesa y la escuela con buena reputación más cercana a su domicilio es el Colegio Alemán Mariscal Braun.

 Aunque Mansilla no tiene recuerdos excepcionalmente buenos (tampoco muy malos) acerca de la calidad de este colegio en el cual le molesta una atmósfera prusiana cargada de autoritarismo, por lo menos un acontecimiento ligado a este colegio es decisivo para su biografía en adelante. Este consiste en la obtención de una beca del DAAD (Deutscher Akademischer Austauschdienst – Servicio Alemán de Intercambio Académico) para estudios universitarios en Alemania.

 

Berlín Occidental

Con esta beca Mansilla llega a estudiar ciencias políticas, filosofía y latinoamericanística en la Universidad Libre de Berlín Occidental a partir de 1962, ciudad en la cual está ubicado asimismo el Ibero-Amerikanisches Institut (Instituto Ibero-americano) que posee una excelente biblioteca latinoamericanística. Dicho sea de paso que esta universidad además fue el alma mater de otros notables intelectuales bolivianos como León Bieber, René Antonio Mayorga (ambos amigos de Mansilla) y Javier Hurtado.

En la Universidad Libre adquiere la licenciatura en ciencias políticas (1968), el doctorado (1973) y la habilitación (sin limitaciones) para cátedra titular en la esfera de las ciencias políticas (1976). Ya a fines de los años sesenta Mansilla empieza a publicar artículos en periódicos y revistas alemanas como el semanario Die Zeit, el que hasta el día de hoy es uno de los periódicos de alta calidad en Alemania. 

A partir de principios de los años 70 publica sus primeros libros en alemán, por ejemplo Faschismus und ein dimensionale Gesellschaft (Fascismo y sociedad unidimensional) en la prestigiosa editorial Luchterhand, resultado de su tesis de licenciatura.
 

Teoría crítica

Entre los enfoques que más influyen sobre el pensamiento de Mansilla en su carrera universitaria se encuentra la teoría crítica de la así llamada Escuela de Frankfurt, de la cual adopta un intenso interés por una teoría social altamente formada por la filosofía y la historia y una posición crítica a todo lo que parece ser sobrentendido. 

Llega a conocer en persona a algunos de sus miembros más famosos como ser Herbert Marcuse (1898-1979) que fue uno de los ídolos de la izquierda estudiantil en aquellos años o al fundador de esta escuela, Max Horkheimer (1895-1973), al cual dedicó su libro Entwicklung als Nachahmung. Zeuner kritischen Theorie der Modernisierung (Desarrollo como imitación. Prólogo a una teoría crítica de la modernización) (1978). Horkheimer además fue la persona que le aconsejó adaptar la teoría crítica de Frankfurt a las condiciones del “Tercer Mundo”. 

Mucho más que Marcuse, empero, lo atrajo un autor situado algo al margen de la Escuela de Frankfurt, Erich Fromm (1900-1980), con el cual tuvo un intercambio epistolar y a quien dedicó su libro Die Trugbilder der Entwicklung in der DrittenWelt. Elemente einer kritischen Theorie der Modernisierung (Las imágenes engañosas del desarrollo en el Tercer Mundo. Elementos de una teoría crítica de la modernización), libro que Mansilla considera su más importante en habla alemana, en la cual por cierto escribe como si fuera su lengua materna o sea con envidiable lucidez, elegancia y brillo como se lo conoce por  sus escritos en español. 

Con Fromm lo unen principios humanistas así como un interés por las mentalidades e identidades colectivas y el subconsciente colectivo. Lo último claramente apunta a una marcada consideración de la psicología social y cultural y el psicoanálisis. Esta consideración asimismo se manifiesta en los análisis de Mansilla con respecto a la relación hostil entre los mitos profundos (término tomado de Guillermo Francovich [1901-1990]) de una colectividad y la historiografía en sentido estricto. 

En los últimos años fenómenos afines han sido y siguen siendo estudiados en la psicología cultural en cuanto a la estructura, el desarrollo y las funciones de la consciencia histórica de individuos y colectivos. Ciertos aspectos de esta vasta temática también fueron de sumo interés para otros miembros de la Escuela de Frankfurt como Friedrich Pollock (1894-1970) y Ludwig von Friedeburg (1924-2010). Nota bene: En la biblioteca del Otto-Suhr-Institut (Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad Libre de Berlín) se encuentra un pequeño trabajo para una asignatura acerca de la contrarrevolución boliviana del 1964 (Versucheinerkritischen Deutung der bolivianischen Konterrevolution vom 4. November 1964 [Intento de una interpretación crítica de la contrarrevolucíon boliviana del 4 de noviembre 1964]), en el cual Mansilla ya en el año 1967 hace uso del concepto del subconsciente colectivo.

 

Más allá de la Escuela de Frankfurt

Mansilla no fuese Mansilla si se limitara a un mero seguimiento de una corriente teórica. Claro que no. Como ya se ha vislumbrado en lo anterior, se apropia  más bien creativa y críticamente de las enseñanzas de sus maestros académicos para construir una teoría social propia que gira alrededor de las diferentes vías de la evolución del extremadamente complejo y heterogéneo “Tercer Mundo”. 

Esta teoría social se distancia de teoremas centrales marxistas apreciados por algunos miembros de la Escuela de Frankfurt, como Marcuse. Lo cual claramente no significa un rechazo indistinto, ya que Mansilla también valora ciertos rasgos del pensamiento de Marx, por ejemplo, su concepto de la alienación o su divisa “de omnibus dubitandum est” (hay que dudar de todo).

Asimismo hay que destacar que su teoría articula tempranamente serias preocupaciones y reflexiones acerca de los graves problemas del medio ambiente –un tema bastante descuidado por las teorías centrales de la modernización de aquel entonces, por decirlo suavemente–. 

En su teoría crítica, Mansilla, además de incorporar amplios conocimientos multidisciplinarios, basa sus argumentos en experiencias de primera mano que pudo obtener durante numerosos viajes y estadías en países de todos los continentes del mundo. Justamente este último aspecto impide una teoría meramente escolástica, algo que Mansilla trata de evitar consecuentemente hasta el día de hoy –según mi modesta opinión, con éxito–. Por eso sus escritos son una valiosa fuente de conocimientos y sugerencias teóricas bien fundamentadas de modos específicos de pensar y analizar lo político, lo social, y como quisiera añadir desde mi perspectiva profesional: también de lo psicosocial.

Anteriormente anoté que Mansilla aún no ha publicado el segundo tomo de su autobiografía. Este hecho es lamentable por razones múltiples. Voy a aludir tan sólo a una de estas razones acerca de la temática del presente texto citando al autor mismo. “En Munich estuve con Wolf Grabendorff, en Augsburgo con Peter Waldmann, en Maguncia con Manfred Mols y en Heidelberg con Klaus von Beyme (todos ellos personajes de suma importancia en el ámbito de las ciencias sociales en Alemania, C. K.)”. 

“Como estas amistades tuvieron una considerable importancia para mi obra escrita en décadas posteriores, me reservo la descripción de estos queridos amigos y de su influencia intelectual para el segundo volumen de estas Memorias razonadas, si es que el destino lo permite”. 

Concluyendo quisiera expresar la esperanza de que el destino (o lo que sea), al cual H. C. F. Mansilla se refiere al final de las líneas anteriores, permita lo que debería permitir si se interesara por la aparición de libros que realmente valen la pena. 

 


 

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