Historia

El auge de la goma, economía de la deuda

Lorena Córdoba reseña el libro Amazonia norte de Bolivia. Economía gomera (1970-1940), de María del Pilar Gamarra Téllez.
domingo, 15 de julio de 2018 · 00:00

Lorena Córdoba Antropóloga

Al aproximarnos a la historia moderna de las tierras bajas sudamericanas, parece inevitable pensar de inmediato en el boom cauchero y en su papel decisivo para la integración de la selva amazónica a la economía global.

Uno de los primeros estudios sistemáticos es el volumen Amazonia norte de Bolivia. Economía gomera (1870-1940). Bases económicas de un poder regional. La Casa Suárez, síntesis de los trabajos de la historiadora boliviana María del Pilar Gamarra Téllez sobre este fenómeno multifacético, que cambió el rumbo de la trayectoria nacional de Bolivia y de la región pero que también produjo efectos perdurables en la historia de otras repúblicas sudamericanas. 

Junto a los estudios pioneros del historiador José Luis Roca (2001), la de Gamarra Téllez, que reeditó la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia (BBB) es una obra ineludible para entender, con una mirada científica, el auge gomero en la Amazonia boliviana desde 1880 hasta su declive.

La industria cauchera enfrentará un hito en nuestra opinión determinante, que marcó su rápido ascenso: el descubrimiento geográfico que realiza el médico y explorador norteamericano Edwin Heath. Cuando en 1880 Heath encuentra la conexión entre el río Beni y el Mamoré se abre una nueva y más fluida ruta de exportación hacia los principales puertos de Brasil (Belém do Pará y Manaos), desde donde la goma se embarca rumbo a Europa. 

Además de reducir los costos de flete, esto también favorece la llegada de trabajadores de las tierras altas bolivianas y de operarios extranjeros: franceses, ingleses, alemanes, suizos, etc. Combinada con una logística favorable, la demanda mundial dispara el precio de la goma y la explotación se propaga rápidamente a lo largo de las orillas de los principales ríos amazónicos: Madeira, Mamoré, Beni, Orthon, Acre, Purúso Madre de Dios. 

Se vuelven corrientes las historias de fortunas hechas de la noche a la mañana, de montañas de libras esterlinas, de lujos obscenos en medio de la selva profunda: “Se acumularon enormes fortunas y se registraban reservas aparentemente inagotables en libros y balances. El mundo pedía a gritos goma, más goma y cada  vez más goma. Esta fiebre en torno del ‘oro negro’ también hacía subir las operaciones. Miles de toneladas descendían desde los bosques indómitos por el Amazonas. Se abrían más barracas, se contrataban más trabajadores” (Leutenegger).

“Los barones caucheros prendían cigarros con billetes de cien dólares y calmaban la sed de sus caballos con baldes de plata repletos de champagne francés bien fresco. Desdeñosas de las aguas turbias del Amazonas, sus esposas enviaban a lavar la ropa a Portugal” (Neeleman y Neeleman).

Más allá de la pulsión productiva, el boom se presentó como un auténtico “hecho social total” que impulsó la figuración del oriente boliviano, hasta entonces relativamente ignorado, en el imaginario nacional y también internacional. Además de la migración masiva, el auge gomero motiva la fundación de ciudades y redes de comunicación, las incipientes  leyes de concesión de tierras, las exploraciones hidrográficas, geográficas y topográficas de la parte selvática del país, la incorporación de territorios hasta entonces marginales a la administración estatal y la delimitación de las fronteras republicanas, paralela a la concesión –tal vez paradójica– de amplias porciones de tierra a empresas extractivas que fusionaban capitales nacionales e internacionales. Gamarra Téllez describe así el proceso:

“Desde 1907 hasta 1920, el Estado boliviano había adjudicado 17 millones de hectáreas, las cuales fueron adquiridas al precio de 0,10 centavos por hectárea. La empresa más importante de la región fue la Casa Suárez, de capitales bolivianos, cuyas propiedades alcanzaban un total de 4.891.601 hectáreas con más de 20.000 estradas gomeras”.

El sistema laboral de la industria de la goma es conocido. La metodología (“habilito” en castellano o aviamento en portugués) sigue actualmente vigente en otras industrias extractivas amazónicas, como el palmito o las castañas (Bertholletia excelsa). Podría resumirse en estos términos: un “patrón” asigna un territorio determinado a un “gomero” o “siringuero”, en el cual este raya diariamente varias “estradas” o vías de árboles para recolectar  la leche, que luego es ahumada y coagulada en “bolachas”. El patrón adelanta a cuenta al empleado diversas mercaderías: alimentos, medicinas, armas, herramientas y vestimenta. El empleado debe pagarlas con caucho al patrón en la “barraca” o casa comercial: salda parte de su deuda y recibe un nuevo adelanto de mercaderías; el ciclo del crédito recomienza.

El patrón tiene derechos exclusivos sobre la compra de la goma y la venta de mercadería: monopoliza los mecanismos de producción y de reproducción industrial. El empleado queda atrapado en un círculo deudor vicioso del cual es realmente difícil salir, aun para los mismos trabajadores europeos. 

El patrón transporta la goma a una “casa central”, que administra numerosas barracas y comercializa el producto en Europa; muchas de las casas caucheras más importantes –como Suárez, Arana o Braillard– cuentan con filiales en Londres y abastecen la demanda gomera de Inglaterra, Estados Unidos, Alemania, Francia o Rusia.

 Lúcidamente, Mario Guedes anota: “La Amazonia es la tierra del crédito. No hay capital. El ‘siringuero’ debe al ‘patrón’, el ‘patrón’ debe a la ‘casa aviadora’, la ‘casa aviadora’ debe al extranjero, y así”. En este reino del crédito el mayor problema práctico pasa por la logística, y sobre todo por la disponibilidad de mano de obra. John Melby lo resume bien: “La goma requiere de grandes cantidades de mano de obra barata. La única que estaba disponible eran los nativos indígenas, cuyo número era de todos modos  pequeño para satisfacer la demanda. 

Pero, en su docilidad, el indio no era lo suficientemente tenaz como para soportar la monotonía del empleo regular, las asperezas físicas de la recolección de la goma o la brutalidad del trabajo  forzado. Consecuentemente moría en el trabajo o se retiraba a tierras sin uso para escapar de la servidumbre. La única solución al problema era la importación de la mano de obra”.

 

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