Cultura popular

Apóstol Santiago, defensor de los pueblos

El primer Santo llegó a América como abanderado de los conquistadores para ganar sus batallas, con el tiempo se ganó a los pueblos y hoy es su fiel protector.
domingo, 22 de julio de 2018 · 00:00

Cándido Tancara Castillo  Periodista

El Apóstol Santiago, cuya fiesta patronal se celebra este 25 de julio,  representa fe, fuerza, bienestar y progreso. Es el primer santo católico que llegó con los conquistadores, siendo patrón de España. Ya en tierra americana, se convirtió en la bandera de la conquista y después en defensor de pueblos enteros. Su creencia se expandió y está  enraizada en sus culturas.

Casi ningún país de América Latina se salva de haber colocado el nombre de Santiago a poblaciones pequeñas y ciudades grandes como la capital de Chile, Cuba, Nicaragua, por citar algunas, pero algunos países han “batido récord” en colocar nombres a sus poblaciones: México (239), Colombia (30), Guatemala (27), Perú y Ecuador, cada uno a 11, Argentina y Chile a cinco, Brasil tres. Bolivia no está ausente, al menos seis poblaciones llevan el nombre de Santiago: de Huata, Machaca, Cotagaita, Huari, de la Frontera y Pacaguaras.

Una muestra de la fuerza del Apóstol Santiago como emblema de la conquista se puede conocer en el libro Resumen de la Historia de América, de Nicolás Estévanez (1893). “La expedición tocó en la Isla de Mujeres, en el río de Tabasco o de Crijalva y en la punta de Palmares, donde se efectuó el día 22 (de julio) un desembarco. Los tabasqueños quisieron resistir; siendo ahuyentados por los españoles”, se lee. 

“En su seguimiento se internaron Alvarado y Lugo con 200 hombres, ganando una batalla el 25 (de julio), no sin pérdida de gente y de caballos. Como la victoria se consiguió contra enemigos muy superiores en número, la atribuyeron algunos españoles a la milagrosa intervención de Santiago, patrón de España, de quien decían que había peleado con su espada flamígera y montado en su caballo blanco”, detalla el texto y prosigue: “Pero el historiador de la conquista que se halló presente en el combate no estaba seguro de ello, pues escribe: ‘puede ser que así sea y que yo como pecador no fuese digno de verlo; lo que yo entonces vi y conocí fue a Francisco de Morla en un caballo castaño”, escribe en su libro Estebánez. 

Según una leyenda en Chichicastenango (Guatemala), citada por Anna Sulai Capponi, durante un combate durante la conquista aparece el apóstol Santiago, visible sólo a los indios, que empieza a golpear a Pedro de Alvarado por haberse permitido torturar a los indígenas. “Santiago quedó frente al grupo de indios y como si reprochara a Alvarado por el trato que les estaba dando a los dirigentes. Santiago lo empujó y Pedro de Alvarado cayó del recinto donde estaba y quedó golpeado. 

No se explicaban qué es lo que estaba pasando, máxime sus capitanes, pero los indios vieron que Santiago lo empujó para que no siguiera torturando a los indios. Le dio con la espada en la parte de atrás y Alvarado se vino de bruces, golpeándose todo y quebrándose un brazo”.


El Santo protector

Santiago de Zebedeo es uno de los 12 apóstoles al que Jesús distinguía con su predilección: conocido como Santiago el Mayor, fue uno de los apóstoles que siguió al Señor y el primero en dar su vida por el Reino. La tradición considera que fue el primer evangelizador de España y que su cuerpo llegó a Galicia siendo enterrado en Compostela. 

El padre Antonio Delgado Sánchez, de la parroquia Santiago Apóstol de Achocalla y director de Pastoral Universitaria de la UCB, sostuvo que Santiago es en todo el continente americano un Santo Protector, “se lo invoca para el bienestar, para que les vaya bien y para que haya progreso”.

Considera que el “espíritu aguerrido (de Santiago), de sobresalir por los otros, es tal vez una de las características por lo que se ha arraigado en el continente,   en el altiplano y el mundo aymara”. Asegura que “el apóstol Santiago es patrono de muchos pueblos del altiplano; hay como cierto temor al trueno, a las tormentas; en el Evangelio se llama a Santiago hijo del trueno; no sé si la tradición se ha arraigado más aquí por eso”.


Los actos de fe


Los actos de fe son muchos en los pueblos del altiplano y en las ciudades. En algunos casos los creyentes sienten que el Tata Santiago es hasta celoso. Un vecino cuenta que fue invitado a una fiesta de un preste del Apóstol Santiago. Noche antes se puso mal porque posiblemente ingirió algún alimento en exceso o en mal estado, sentía mucho dolor de su estómago, un malestar generalizado y hasta tuvo que ir al hospital. Con todo fue a la misa de fiesta y luego, como se sentía mal, pretendía volver al hospital para recibir atención, pero uno de pasantes le dijo que debería ir a la fiesta, entonces lo acompañó. Ya en la fiesta seguía el malestar pero “ya casi inaguantable”, cuenta, fue entonces que le dijeron que tomara un trago de whisky, se negó pero a mucha insistencia bebió y  rápidamente se compuso y dejó de sentir  los dolores.

El padre Justino Limachi, que durante seis años fue párroco del Santuario de Apóstol Santiago en la población de Guaqui (La Paz), cuenta algunos actos de fe: en la entrada folclórica sólo se baila la morenada; durante los días de la fiesta las comparsas se ponen de acuerdo para servir solo un plato: chancho, res o pollo; los devotos y pasantes entran de rodillas al templo y salen retrocediendo, no  dan la espalda a la imagen. Relató que conoce varios actos de fe: un niño no caminaba y durante años, sus padres peregrinaron hasta que a sus ocho años, el menor ingresó caminando con  ramo de flores; un matrimonio que se había alejado 15 años, en una festividad la pareja acudió al templo y se reconciliaron. “No quisiera espectacularizar pero se dieron  muchas sanaciones”, añadió.

El padre Delgado también recuerda que en Achocalla vísperas a la fiesta del Santo, se expone la imagen en puertas del templo para que  los pasantes y fieles devotos lo veneraran. El día de la fiesta, se aproximó una persona en estado de ebriedad y a los pies del Santo, dijo: “Tata Santiago, soy un borrachito, soy un desastre, tú me puedes cambiar (…)”. Cuenta que esta persona hacía una confesión, un acto de fe.

 

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