Pensador privado

El espectáculo como acontecimiento

¿Qué es una obra de arte? ¿Cómo funciona? Pablo Gozalves ensaya algunas respuestas en torno a estas interrogantes.
domingo, 22 de julio de 2018 · 00:00

Pablo Gozalves Escritor y dibujante

Adquirimos el boleto que nos sirve de entrada, hacemos la fila correspondiente, entramos a la sala, nos sentamos en una butaca a esperar que inicie el espectáculo. ¿Qué esperamos? Todas las señales previas al comienzo de una función nos anuncian que pasará algo, un acontecimiento. 

Lo que se espera es que suceda y nuestra expectativa se vuelca a ello. Sin embargo, el acontecimiento no siempre se da en el espectáculo, por la misma razón de que no todas las obras perdurarán en el tiempo, porque en la búsqueda del sentido no todas las obras pueden alumbrarnos con su visión renovadora del mundo. Este es el rasgo fundamental que caracteriza a la obra de arte: genera acontecimiento.

El espectáculo es el encuentro de obra y público en la representación y se celebra en comunidad, sucede cuando lo radical del acontecimiento (la idea) opera, seduce, transforma. Y decimos que se da en comunidad y no en sociedad porque a diferencia de la relación mercantil que funda a la sociedad sobre el eje del individuo escindido en sus relaciones comunitarias para perseguir intereses particulares e individualistas, la comunidad se forja en la solidaridad, especialmente en la alegría de compartir aquella sabiduría que nos sirve para vivir. En este horizonte el espectáculo anuncia, en la interacción de imagen, sonido y diálogo, el fondo de su arquitectura narrativa y de su diseño formal sobre la que se levanta con mecanismos desapercibidos, con rostro lúdico y en sintonía con la vida su potencia creadora. Esa vocación generosa, comunitaria, capaz de grabar una perspectiva ética para el futuro, es un gesto civilizatorio que, además de poner en duda el sentido común que rige a la sociedad y nos deshumaniza paulatinamente, forja a la persona esculpiendo laboriosamente su propio diálogo interior, su espiritualidad.

Encontramos un peligro en el sentido común porque secretamente entraña un engaño que el arte se ocupa de evidenciar y desmontar. El sentido común está formado por el conjunto de ideas y manifestaciones que tienden a ser generalizadas en la sociedad y que gobiernan la opinión pública. Se afirman muchas veces como verdad, pero, entrañan taras de la sociedad que el sentido crítico pone en duda.

Para Pavis espectáculo es “todo lo que se ofrece para ser observado”. Este término genérico se aplica a la parte visible de la obra (representación), a todas las formas de arte de la representación (baile, opera, cine, teatro), y a otras actividades que implican una participación del público (deportes, ritos, cultos, interacciones sociales).” Para Barthes “el espectáculo es la categoría universal a través de la cual se observa el mundo”. En consecuencia, si el espectáculo es aquello que observa el público para observar en segundo término el mundo, no puede ser el vano reflejo sintomático de la teoría económica que domina la lectura del estado de las cosas y somete a los seres humanos en su totalidad como afirma Debord, sino el punto de fuga donde se abren otras perspectivas críticas que reafirman al ser humano y al sentido de la vida.

Incorporar al público en la lectura del espectáculo otorga el lugar desde donde pensar sus cimientos. Añadir al público en la lectura del espectáculo como acontecimiento centra la problemática del arte escénico y del cine desde la vivencia que el público tiene de la representación.  

Es necesario poner en claro qué entendemos por “representación” y diferenciarla de “puesta en escena”:

La puesta en escena es el proceso creativo anterior a su representación junto al público y es trabajado principalmente por los actores y el director de la puesta en escena.

La representación es poner algo delante de un público para ser vivido. La representación es un momento puntual en la receptividad del espectador y por eso mismo es un tiempo común entre espectador y espectáculo.

El acontecimiento opera en la representación, desde los sentidos, con ideas. El espectáculo como acontecimiento está comprendido en el sentido de experiencia vivencial y no en su aspecto ficcional. Esto significa que está observado como fenómeno social de intercambio entre obra y público. Intercambio a raíz de la presencia física del espectador y de la posibilidad de su intervención emotiva y crítica a propósito de la representación. 

También en virtud de que el espectáculo consiste en dar a la mirada del público una presencia humana en acción, la de los actores. De eso se trata el acontecimiento en el teatro y en el cine: de ofrecer una experiencia vivencial a dos polos (actor-espectador) como acto acabado en un aquí y ahora.

El intercambio, en otras palabras, es una estructura binaria de sujetos donde se transfieren experiencias y cosas de valor (hacer performador de ida y vuelta) entre un destinador y un destinatario, que es consecuencia de la conclusión de un pacto. Este pacto puede ser entendido como la predisposición del público para aceptar las reglas del juego que el espectáculo impone. Es decir, tiene que ver con que el espectador acepta el engaño (la ficción) y lo vive (mientras dura el espectáculo) con la conciencia plena de que está siendo testigo o parte de esa realidad.

Ésa es la fuerza comunicativa del espectáculo como acontecimiento; vivir el acto en escena como la realidad de la que se participa. Ese es el sentido amoroso del rapto que seduce al público para que acepte su artificio, que está determinado por el suceso estético que entraña la obra y que ejerce fuerza sacudiendo existencialmente al espectador al ser sorprendido por la obra. Este nivel no siempre es alcanzado por el público, pero, toda obra desearía sorprenderlo, golpearlo. Principalmente en su producción de pensamiento.

Lo que un acto de pensamiento en el arte pretende desentramar (como en toda interrogación sobre el acto de Pensar) no se determina tanto como Saber, sino como Poder de articulación de una “verdad” instaurada en el discurso por la ritualidad de la experiencia que el suceso imprime al espectáculo. Esta articulación de la “verdad” opera no como hallazgo del pensamiento, sino como donación de verdad artística, imprevista, a ser pensada por el público que deviene en el discurso como productor de sentidos (eternamente inconclusos) en el acontecimiento. 

Esto significa, en último término, que el Saber es abandonado en el juego del arte para abrir camino a la seducción (al artificio) que problematiza el gesto mismo del Pensar hacia la búsqueda de un Otro pensante, al que se deriva la acción del pensamiento y que desea alcanzar a la idea-artística en su representación. Por lo tanto, una idea-arte es puesta en escena para ser acogida y verificada por el espectador como un golpe ingobernable que quiebra su statu quo.
 

 

Permítanos un minuto de su tiempo.

Para desarrollar el periodismo serio e independiente, esencial en democracia, que usted aprecia en Página Siete, contamos con un equipo de reporteros, editores, fotógrafos, administrativos y comerciales de primer nivel.

Los ingresos con que Página Siete opera son producto de nuestro trabajo; no contamos con prebendas de ninguna naturaleza.

Si usted desea apoyar el esfuerzo que realizamos, suscríbase a P7 VIP, para recibir de lunes a viernes una carta informativa por correo electrónico, que contendrá un resumen de las noticias y opiniones más interesantes de Página Siete, a un costo de sólo Bs 15 al mes.

Para suscribirse haga clic aquí o llame al número 2611749, en horas de oficina.

Otras Noticias