Pepe Ballón y la Peña Folklórica Naira

Javier Torres-Goitia recuerda al popular impulsor de músicos y artistas locales, de quien se recuerdan los 100 años de su nacimiento.
domingo, 22 de julio de 2018 · 00:00

Javier Torres-Goitia Torres Médico

Pepe Ballón es uno de los exponentes del valor, la solidaridad y la dignidad del ciudadano paceño. Juan Carlos Salazar, en su último libro, publicado recientemente con el título de Semejanzas. Esbozos biográficos de gente poco común, dibuja una semblanza de Pepe, tan cabal y completa en tan pocas líneas, que debería ser leída por todos los que no conocieron personalmente a Pepe y quizá más por los que lo conocimos.

Su pasión por el arte y su desinterés por los bienes materiales y las formalidades sociales podrían aproximarlo a un bohemio. Por su labor en favor del arte y los artistas que se le aproximaron, sin practicar él, personalmente, ni la música, ni la poesía ni las artes plásticas podría también ser visto como un mecenas. Sin embargo, sería impropio recordarlo como bohemio o como mecenas.

Pepe Ballón tenía mucho de bohemio, pero a diferencia de un bohemio común su rebeldía tenía una causa clara y bien dirigida contra un sistema social determinado: la dictadura, y una ética insobornable en favor de los marginados y excluidos sociales, sin ser nunca sectario ni fanático.

Ballón puso todo lo poco que poseía para fomentar el arte y colaborar con los artistas, pero lejos de ser un mecenas podía estar a la búsqueda de alguno para catapultar la Peña Naira. Sin embargo, a manera de una enzima actuó para transformar las necesidades en poderosa energía creativa y sin disponer de recursos económicos logró lo que ningún mecenas alcanzó nunca.

En enero de 1961 Pepe funda una Galería de Arte y Artesanías, como primer paso en su largo caminar. Las preciosas tallas, tejidos y cerámicas que se exponían eran casi siempre de artistas anónimos a los que  Ballón reconocía y promocionaba reforzando su personalidad y alimentando su autoestima para que ellos mismos pasen de vendedores callejeros a incipientes artistas. 

Otras veces, se complacía en presentar artistas consumados que por variados motivos vivían aislados en una voluntaria soledad. Fausto Aois fue uno de ellos, eximio tallador en madera, vivía en un retiro voluntario hasta que la Peña Naira, con la colaboración de Felipe Íñiguez, lo rescató del olvido y lo reincorporó a sus actividades artísticas.

Un año más tarde llegó un otro personaje poco común, Gilbert Fabre, un ciudadano suizo, artista excepcional en la interpretación de la quena. Descubrir cómo un gringo suizo llegó a ser tan extraordinario intérprete de un instrumento andino resulta menos importante que el saber que casi de un modo natural uno de sus primeros amigos fue Pepe Ballón y su lugar de reunión primero y luego su residencia fue la Peña Naira. 

El gringo Fabre que venía de Chile después de convivir en Santiago con Violeta Parra la cantautora y poetisa chilena de prestigio internacional, no tardó en convencer a Pepe Ballón de ampliar la Galería de arte organizando en ella, una Peña folklórica. Parece que años después la propia Violeta Parra, hospedada precariamente en la galería con el gringo Fabre, creó allá una de sus mejores composiciones: “Gracias a la Vida que me ha dado tanto”. En cualquier caso, fue en la Peña Naira donde vivió la inspiración de la belleza musical y poética de la canción que paradójicamente, precedió con poco tiempo a su trágico suicidio.

En ese entonces la música folklórica era considerada un tanto despectivamente, como en la mayoría de los países latinoamericanos. Las melodías y ritmos populares generalmente mal interpretadas por conjuntos improvisados y con escasa formación, invadían los ambientes populares como música bailable de chichería. El profundo sentido musical de nuestro rico folklore no aparecía sino de la mano de contados compositores con buena formación académica que nos han dejado bailecitos y cuecas de alta calidad musical como Simeón Roncal, Valda y otros.

La oportunidad de reunirse e intercambien melodías perfeccionando ritmos y armonías, artistas como Ernesto Cavour, Julio Godoy, Yayo Jofré, Alfredo Domínguez al calor del entusiasmo de Gilbert Fabre, llamado irónica y cariñosamente, algo después, el “gringo bandolero”, siempre a la sombra de Pepe Ballón, el forjador de ilusiones, fue creando una verdadera escuela del Folklore. Esa escuela recupera la esencia misma de nuestro pueblo y sus adormecidos valores culturales. Casi todas las radioemisoras competían en reproducir la música de un nuevo folklore.  Pertenecen a ese tiempo discos que ahora son clásicos, Folklore 1 y Folklore 2, varios discos de los Jairas, del trio Fabre, Domínguez y Cavour, algunos de Alfredo Domínguez en solos de guitarra y otros que sería largo enumerar.

El cambio cualitativo que imprimieron al folklore boliviano estos pioneros no tardó en expandirse y algo después aparecieron nuevos conjuntos de alta calidad musical como Savia Andina, Savia Nueva, los Kjarkas y algunos otros. El folklore conquistó salones y academias y contribuyó con mucho a la integración nacional de una sociedad que paulatinamente fue agrupándose hasta terminar con las dictaduras y recuperar la democracia en 1982. Muchas de las canciones del nuevo folklore fueron adaptadas a la lucha política antifascista por los partidos democráticos.

En el masivo exilio que ordenó Banzer en 1971, la Venezuela democrática de aquel tiempo, brindó asilo a muchos compatriotas, entre ellos Pepe Ballón y Nilo Soruco. Pepe no tardó en conformar una especie de Peña Naira en el exilio donde el cantautor tarijeño recogió temas para elaborar una serie de hermosas canciones entre las que están Ya la pagarás, Duraznero, Instantánea, y una cueca de imborrable recuerdo, que sigue entonándose como himno de los que están forzados a vivir fuera de su patria. La Caraqueña, es su título y aunque Nilo dejó de existir hace algunos años su música prolonga su vida en el mejor de los recuerdos y se hermana con la energía imperecedera de Pepe Ballón el obstinado constructor, que convirtió sueños en realidades.
 

 

Permítanos un minuto de su tiempo.

Para desarrollar el periodismo serio e independiente, esencial en democracia, que usted aprecia en Página Siete, contamos con un equipo de reporteros, editores, fotógrafos, administrativos y comerciales de primer nivel.

Los ingresos con que Página Siete opera son producto de nuestro trabajo; no contamos con prebendas de ninguna naturaleza.

Si usted desea apoyar el esfuerzo que realizamos, suscríbase a P7 VIP, para recibir de lunes a viernes una carta informativa por correo electrónico, que contendrá un resumen de las noticias y opiniones más interesantes de Página Siete, a un costo de sólo Bs 15 al mes.

Para suscribirse haga clic aquí o llame al número 2611749, en horas de oficina.