Música

El Arte del hip hop (II): Sobre Kanye West

Al igual que la historia del cine, la historia de la música popular moderna puede entenderse mejor en relación a la tecnología utilizada.
domingo, 29 de julio de 2018 · 00:00

Bernardo Prieto

Como África Bambaataa –uno de los padres fundadores– alguna vez afirmó, el hip hop puede ser comprendido a través de cuatro elementos esenciales: el DJ, el grafiti, el breakdance y el MC. El último elemento el MC (una abreviación de micrófono en inglés) es el encargado de cantar en una forma especial: el rap. Esta signatura –el rapeo– es lo que comúnmente se asocia cuando se piensa en hip hop; el grafiti es la síntesis visual de esta cultura; el breakdance es la danza; y, por último, el Dj, que terminó transformándose en el productor musical moderno, es aquel que crea la base musical –y se encarga del proceso de grabación– sobre el cual el MC puede cantar sus versos. Aquí que el elemento tecnológico sea esencial para entender la tarea Dj y las singulares trasformaciones tanto sonoras y estilísticas del hip hop. 

Al igual que la historia del cine, la historia de la música popularmoderna puede entenderse mejor en relación a la tecnología utilizada. De hecho, la revolución del rock y el pop puede describirse como una revolución tímbrica –es decir, la novedad de los sonidos electromagnéticos, la voz amplificada, la posibilidad de grabación, la manipulación sonora– antes que una revolución armónica o melódica.

La música popular, en la mayoría de los casos, orbita alrededor de la armonía establecida en el clasicismo y en la forma consolidada por los lieder.

El potencial artístico del hip hop tiene su articulación más importante en el arte del sampling. El sampling puede describirse como la utilización de sonidos pregrabados –y que pueden provenir de viejas canciones, conversaciones, ruidos– para poder crear una canción nueva. 

Este anacronismo deliberado se convierte, adaptando una expresión de Didi Huberman, en un verdadero montaje dialéctico de los sonidos. Sin embargo, justamente, el sampling es el elemento más criticado –y la punta de lanza– del desprecio que se tiene al hip hop. Para muchos, la supuesta incapacidad de crear nuevas melodías o bases rítmicas hacen que los Dj y los productores decidan realizar algo así –a los ojos de estos apocaliptos– como un robo.

Escuchemos, por ejemplo, la primera pista que abre el álbum Kids See Ghost de Kanye West y Kid Cudi; 4th Dimesion utiliza, como se puede escuchar (yver) detalladamente en muchos videos en internet, al menos tres fragmentos de diferentes canciones (WhatWill Santa Claus Says, MakeEmSayUgh y Someday), lo sorprendente –si se realiza el ejercicio de escuchar atentamente cada una de estas tres canciones y posteriormente se vuelve a escuchar 4th Dimesion– es que, con total facilidad, se puede reconocer los fragmentos utilizados, y, sin embargo, también es posible notar la trasformación radical de cada uno de estos. Claramente, en los peores casos, el sampling puede resultar en algo así como un mal pastiche, pero, en los mejores –y en el caso de todos los álbumes de Kanye West– resulta en algo así como la realización de la idea de Walter Benjamin de ejecutar una obra echa solamente de citas. 

Kids See Ghost (Los Niños ven Fantasmas) el último disco de Kanye West y Kid Cudi es un álbum breve, dura alrededor de 23 minutos y tiene solo siete canciones. Este álbum puede escucharse como un compendio del Kanye West tardío y también, como parte de un proyecto más grande y ambicioso; la producción de cinco álbumes también breves: Nasir, de Nas, Daytona de Pusha T, Keep The SameEnergy, de Teyana Taylor, Ye del mismo West.

Kids See Ghost es una especie de invocación que llama a los fantasmas que pueblan el pasado para deshacerse de ellos. Desde la primera hasta la última canción podemos escuchar una especie de enfrentamiento, lamentación y cierto deseo redención; esto se puede percibir, justamente, en el gran balance entre Kid Cudi y Kanye West. 

De ahí  que las intervenciones de Kanye West sean algo así como irrupciones intempestivas que surgen en medio de la conducción lírica y serena de Kid Cudi. Por ejemplo, en la primera canción del álbum Feel the Love se puede escuchar a Kanye West interpretar varios gritos que, trasformados, se convierten en el centro mismo de la canción –y suenan algo así como tambores, o armas disparándose– mientras Kid Cudi canta el coro de la canción. 

Las intervenciones de West son, justamente, breves y concisas, lo significativo es que podemos escuchar –después de mucho tiempo, o al menos desde el disco My Beautiful Dark Twisted Fantasy –las mejores letras de West: lacónicas y audaces (el mejor ejemplo se encuentra en la penúltima canción del disco Kids See Ghost).

Esta serie de álbumes, al parecer, son parte de una obra (o una etapa) menor de West; una etapa que puede describirse como fragmentaria, frenética, y deliberadamente indulgente. Y, sin embargo, cada una de las producciones tiene un sonido impecable y una producción que, de alguna forma u otra, ha creado un espacio sonoro que influenciará directamente a toda la música popular. 

Es esta extraña combinación entre el mejor DJ y el mejor MC de sí mismo que ha permitido a Kanye West –en una especie de nietzscheano delirio y de emeresoniana confianza– la creación del mito de sí mismo. 

Pero, más allá de cada una de las banales polémicas de la carrera y la vida personal de West, su estilo musical podría resumirse como un estilo plenamente espiritual. El estilo espiritual de Kanye West, no es, como se podría pensar, algo así como música puritana o simplemente celebratoria. Su etilo espiritual ve –como alguna vez escribió Kierkegaard– la dificultad de ser cristiano en una sociedad que se dice cristiana; su música es la música de alguien que se reconoce como pecador y tiene que luchar con las varias dificultades que presenta la vida (la fama, su familia, su enfermedad mental, etcétera.)

Pero, sobre todo, Kanye West es un artista que ha convertido al estudio de grabación en su principal instrumento –y, por lo tanto, cada colaboración, en menor o mayor medida, se convierte en un medio a ser utilizado para los fines creativos de West.  

Paul McCartney cuenta, sorprendido, esta inusual forma de trabajar de West después de que juntos compusieron Only One (una canción dedicada, a la vez, a la madre y la hija de West): “Era un proceso muy intrigante. Básicamente no escribes canciones, básicamente solo hablas, lo mezclas un poco y lo grabas todo en tu teléfono. Y luego se va. Esa es básicamente la grabación (…)”.

 No por nada el hip hop ha posibilitado a la música popular el descubrimiento –ya hecho por Stockhausen, Berio, o Varèse– de manipular y transformarlo en una tarea plena y verdaderamente artística.

 

 

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