Memoria Nómada

Habitantes del piedemonte amazónico: tacanas

El autor describe algunas pistas sobre la confusa aparición en algunos documentos históricos de estas poblaciones del norte amazónico boliviano.
domingo, 29 de julio de 2018 · 00:00

 Cleverth Cárdenas Plaza Dr. (c) en Estudios Culturales Latinoame-ricanos

Las poblaciones tacanas actualmente son mayoritarias en el norte amazónico boliviano: Tumupasa, Ixiamas en La Paz, hay poblaciones tacanas en el Beni  y en Pando. Sin embargo, los tacanas provienen del piedemonte amazónico, en este breve texto describiré algunas pistas sobre su confusa aparición en algunos documentos históricos.

Según Fray Nicolás Armentia, misionero franciscano que realizó varias expediciones por la Amazonia en calidad de enviado oficial del Gobierno y como autoridad franciscana (1891-1905), los habitantes del piedemonte fueron llamados “chunchos” por los pobladores andinos; se trataba de una denominación genérica que se aplicaba a todos los pueblos amazónicos que no fuesen chiriguanos. Sin embargo, el mismo Armentia refiere que desde el siglo XVII el término “chuncho” fue usado para denominar a los “indios de raza y lengua tacana”.

Thierry Saignes y Guamán Poma de Ayala refieren que había relaciones de negociación fluidas con los inkas. Según Saignes, en Los Andes orientales (1985)  sería posible rastrear contactos de los pueblos amazónicos con los habitantes de las tierras altas, pues estos “chunchos” –tacanas y no tacanas- mantuvieron, desde tiempos prehispánicos, intercambios de mercadería. 

Una documentación de importancia sobre las tierras bajas la produjeron los misioneros franciscanos de la provincia de San Antonio de los Charcas que fundaron misiones en el piedemonte amazónico durante el siglo XVII.

Esta provincia religiosa era resultado de la división de la Provincia de Los doce apóstoles de Lima que viendo superada su capacidad de administración territorial decidió dividirse en cinco jurisdicciones: la propia Provincia de los doce apóstoles de Lima, la Provincia de Santa Fe del Nuevo Reino; la Provincia de la Santísima Trinidad de Chile; la Provincia de San Francisco de Quito y la Provincia de San Antonio de los Charcas.

Su incursión al piedemonte amazónico estuvo signada de dificultades porque el camino de acceso a la región no era bueno. Por eso la provincia negoció una ruta más expedita. 

Armentia dice que para lograrlo se permutaron los curatos de San Pedro y Santiago de Estramuros en la ciudad de La Paz por los curatos de Charazani y Pelechuco en 1687. Sin duda se trató, para los franciscanos, de una pérdida importante de territorio en la ciudad de La Paz, pero estratégicamente eso le permitió entrar fluidamente al piedemonte amazónico. 

A pesar de que se negociaba, se sabe que ya en 1680 siete franciscanos entraron por Camata, San Juan de Sahagún de Mojos y Pelechuco. Ellos eran: P. Francisco Cortés, P. Luis Enríquez, P. Pedro Sáenz, P. Diego Gómez, fr. Francisco Ruiz, fr. Manuel Lago y el hermano Juan Ojeda.

Estos franciscanos, en aproximadamente 40 años lograron fundar diez misiones. Sin embargo, sólo seis misiones se hicieron importantes: San Juan de Buena Vista-más conocida como Pata  (1680), Apolo (1690), San José de Uchupiamonas (1716); La Santísima Trinidad de Yariapo (1713) o Tumupasa (1717); San Antonio de Isiamas (1721) y Santa Cruz de Valle Ameno (1690).

Los misioneros franciscanos supieron aprovechar el entusiasmo de los pobladores indígenas y la experiencia de las incursiones anteriores para fundar nuevos asentamientos. En ese sentido, se aprovechó la euforia que esas expediciones dejaron en los indígenas por el intercambio de bienes; con ello se logró la rápida reducción de muchos pueblos. Reducir, en el lenguaje de la época, era congregar en torno a las misiones a quienes ellos definían como neófitos, es decir, nuevos creyentes. Del mismo modo, algunos indígenas, motivados por las primeras giras misioneras y por los intercambios, buscaban misioneros. 

Hay quienes aseguran, los misioneros en particular, que se congregó a poblaciones con similitud lingüística. Por otro lado, muchos pueblos se unían para fusionarse en su lucha contra sus enemigos, toda vez que muchos, en el pasado, ya se habían aliado a los españoles. 

Por ejemplo, en 1568 Tarano y su pueblo se alió a Álvarez Maldonado, Arapo, otro cacique, se alió  a Gómez de Tordoya –ambos militares españoles que buscaban el dominio de la región según la descripción de Armentia-. Thierry Saignes relaciona ese deseo de unirse a los misioneros con la necesidad de proveerse de materiales, especialmente metálicos. 

Pero también los relaciona con los viajes de intercambio/tributo que algunas poblaciones amazónicas tenían institucionalizado con el Inka. De ese modo, los misioneros lograron congregar a los indígenas aprovechando todas las prácticas existentes previamente. 

Los grupos indígenas congregados en las misiones eran todos los que los misioneros pudieron reunir en el piedemonte, en síntesis una heterogénea cantidad de pueblos. San José de Uchupiamonas se fundó con muchos pobladores indígenas que se hallaban en las márgenes del río Tuichi y sus afluyentes. 

Tumupasa, el ahora principal asentamiento tacana, fue poblado con grupos de pamainos y saparunas y se les fueron uniendo tacanas, marcani, chilligua, toromona y araona, dice Armentia. Según Jorge Salgado en su informe Caracterización histórico sociocultural del pueblo tacana elaborado para el MACPIO, durante el proceso de consolidación de algunas de esas misiones, Tumupasa, Ixiamas y San José, se dio el proceso de etnogénesis tacana; para sustentar esa afirmación se respalda en la heterogénea composición étnica de esas misiones y su posterior definición como poblaciones tacanas. 

Sin embargo, se puede constatar que inmediatamente secularizadas las misiones sus pobladores no comenzaron a asumir ni a identificarse homogéneamente como tacanas. Un ejemplo claro de la multietnicidad de los habitantes de las exmisiones se puede ver en el trabajo de campo que los esposos alemanes Karin Hissink y Albert Hans hicieron en 1952; ellos señalaban que las poblaciones amazónicas que habitaban las exmisiones estaban conformadas por tres o cuatro parcialidades étnicas. 

Es decir, la unidad identitaria seguía en proceso de construcción, pensamos que las misiones usaron la religión y la lengua como fuente de identidad y no así la “raza”. Eso pondría en entredicho la propuesta de este investigador que proponía una etnogénesis de modo similar a la que se produjo en la Chiquitanía. 

Más bien, es posible verificar que la etnia y la lengua tacana  existían antes de la fundación de las misiones; también que el tacana empezó a construir su identidad en contraposición a los demás pueblos con  los que se contactó y a quienes pudo haber absorbido, pero en un proceso más largo que el misional. 

Además la lengua tacana no fue la que dominó en todas las misiones, aunque fue lengua franca se la usó primordialmente en Tumupasa, Ixiamas y en San José de Uchupiamonas su uso se matizó con el quechua.

En síntesis, mediante procesos complejos los tacanas fueron imponiendo su presencia en poblaciones específicas y ampliaron su presencia en el norte amazónico, pero eso responde a otros procesos históricos. Por el momento me quedo con los tacanas de Tumupasa, San Buenaventura e Ixiamas.

 

Otras Noticias