Novela

Pasajera en tránsito: la escritura de Inés Bortagaray

La escritora uruguaya es una de las invitadas a la FIL. La edición boliviana de su novela Prontos, listos, ya se presentará el 4 de agosto.
domingo, 29 de julio de 2018 · 00:00

Antonio Vera Editor de  La Perra gráfica

La novela


Prontos, listos, ya, de Inés Bortagaray cuenta la historia de un viaje: una pareja y sus cuatro hijos van en un auto desde la ciudad uruguaya de Salto hacia algún punto en el litoral. Hace mucho calor y el recorrido es largo. Para los niños que van en el asiento de atrás, el viaje es un trance no muy fácil de sobrellevar: se hace largo, es incómodo y se vive en una constante pugna por viajar junto a la ventanilla que revela, además, la lucha de poderes entre hermanos mayores y menores. Es ahí, en ese asiento apiñado e inquieto, donde se concentra la tensión del relato. 

Concretamente, la voz de una de las niñas, la del medio, permite que ingresemos también a esa movediza espera, a esa impaciente experiencia que hace del recorrido un incesante mirar, pensar, recordar, contar y discutir.

Prontos, listos, ya no cuenta una historia que se condense en un conflicto y que estalle en una resolución. La tensión está más bien en la voz de la narradora: la niña que debe lidiar con el hecho de ser la hermana del medio -posición de poca notoriedad, de ambigua neutralidad- y que está en medio también de una transición que la conduce de la niñez a las inseguridades de la pubertad. Desde ese lugar incierto el personaje construye una mirada que se detiene obsesivamente en los detalles del camino, que piensa en la muerte con dramatismo y con fría curiosidad, que ama y odia a sus hermanas y a su hermano, que quiere estar cerca y lejos de sus padres, que quiere amar a un novio que no conoce, que quiere llegar de una vez a la playa y, al mismo tiempo, no llegar a ningún lado. 

Arrobada por la paradoja de moverse estando quieta, la narradora de la novela hace que el recorrido del auto familiar cifre la historia de su propio estado de tránsito.

La autora

Inés Bortagaray, nació en Salto (cuna de Horacio Quiroga, Marosa de Giorgio, Luis Suárez, Edinson Cavani), Uruguay, en 1975. A los 17 años se traslada a Montevideo para  estudiar comunicación. “En realidad quería ser escritora, cuenta en una entrevista, pero como existía el axioma de que debíamos estudiar, entré a Comunicación. Yo veía en los libros que me gustaban que sus autores eran invariablemente periodistas. Así que por eso ingresé a esa carrera”, dice. Si bien en Salto asiste casi a diario a las funciones del cine local (un cine bullicioso y festivo al que va con sus hermanos), es en Montevideo donde desarrolla una voraz cinefilia. 

A partir de ese contacto con el cine, Bortagaray elige dedicarse a la escritura de guión de forma profesional, en un momento en el que cine uruguayo se destaca por directores con una obra muy personal y renovadora.

Como guionista, Inés Bortagaray ha escrito los guiones de Una novia errante y Mi amiga del parque, de la directora Ana Katz, con el guión de este último, ganó el Premio Especial del Jurado en el Festival de Sundance de 2016. Es también co-guionista de La vida útil (Federico Veiroj) y Mujer conejo (Verónica Chen).

En el ámbito de la literatura Bortagaray ha publicado dos títulos: Ahora tendré que matarte (2001) y Prontos, listos, ya, (2006).  Crónicas y relatos suyos integran los volúmenes Pequeñas resistencias 3, Esto no es una antología, El futuro no es nuestro, 22 mujeres, Antología de cuento político latinoamericano: Región, Bogotá contada (proyecto Libro al Viento), Exposiciones múltiples, además de publicaciones nacionales y extranjeras como la revista Zoetrope: All Story.

Esta edición

La edición boliviana de Prontos, listos, ya es presentada por la editorial paceña La Perra Gráfica. Como todos los libros de este sello, el libro lleva tapas impresas en serigrafía, y las ilustraciones han sido realizadas por Alejandra Alarcón. Alarcón, nacida en Cochabamba, es una destacada ilustradora boliviana que actualmente reside en México. Su trabajo se ha difundido en diversos medios nacionales e internacionales.
 

Un fragmento: el inicio de la novela

Veo un poste que pasa y se va hasta que veo otro poste que pasa y se va pero nunca se va del todo, porque en la ida queda la estela. La estela es el poste en movimiento, el poste corrido, barrido, continuado en una línea de postes fantasmas que se paran entre poste y poste verdadero. El verdadero se continúa en varios fantasmas hasta que otro verdadero anuncia que hay algo real, después de todo. La hora es la del alba. A veces en lo alto de un poste hay un nido de hornero. Es la interrupción de la cadena que se arma en la secuencia de postes. Entre uno y otro (entre poste y poste) hay cables: electricidad. Cables negros que se tensan en lo alto y que dibujan una partitura de líneas que suben y bajan, como en una pantalla de monitor electrocardiográfico.

Veo un poste que pasa y se va hasta que veo otro poste que pasa y se va mientras en el cielo, que hasta recién era oscuro y era límpido, se abren unas grietas que lo resquebrajan como un pollo resquebraja la cáscara de un huevo cuando está maduro para salir de ahí; es el sol oculto por las nubes que se está escapando por los intersticios, unas pequeñas junturas que se han rasgado y entonces ahora el sol se cuela y los rayos se extienden en haces de luz anaranjada que llega hasta mis ojos como  las gotas de sudor que le saltan a los personajes de caricatura cuando están sudorosos o pasan por un momento de gran nerviosismo, o como el enojo divino del entrecejo profundamente pronunciado de Dios, que es el padre de Jesucristo, aunque a fin de cuentas padre e hijo son la misma gran persona que es Jesucristo Nuestro Señor, que Desde Allí ha de Venir a Juzgar a Los Vivos y a Los Muertos. Jesucristo. Jesucristo. Jesucristo, yo estoy aquí, digo en secreto. Cuánta violencia para amanecer, pienso, y vuelvo a las líneas negras que suben y bajan y siguen, en un recorrido siempre igual, pero con trampas.

De Prontos, listos, ya de Inés Bortagaray

 

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