Pastoral americana, una aproximación

Para el escritor Alex Aillón, Philip Roth es el gran traductor del gran sueño de la historia contemporánea americana y el único escritor con la fuerza necesaria para despertar a esa realidad única y compleja.
domingo, 08 de julio de 2018 · 00:00

Alex Aillón Escritor

Ahora lo tengo,  ahora lo recuerdo, subrayé algunas cosas, aquí está todavía sobre mi mesa cantando sin término la gran tragedia, la gran travesía norteamericana de la segunda mitad del siglo XX. 

Gigante, colosal, infinito el libro de Phillip Roth ha sido avejentado y querido, listo para recuperar de él justo lo que no se puede perder, la potencia de un narrador ya mítico, que  reina con justicia a lado de otras deidades como Don De Lilo y Cormac Mac Carty, en los exclusivos, excluyentes y herméticos, circuitos literarios estadounidenses.
 
1.
“Sueña cuando acaba el día, sueña y tus sueños podrán hacerse realidad, las cosas nunca son tan malas como parecen así que sueña, sueña”.  Con este epígrafe de la canción Dream, de Johnny Mercer, una de sus canciones más populares de los cuarenta, inicia Roth su Pastoral Americana, una hermosa forma de prepararnos justamente para lo opuesto, la destrucción del gran sueño colectivo de un país en emergencia como potencia, a través del microcosmos nostálgico de la vida de una persona el Sueco Levov, héroe deportista  de la secundaria, y su familia, su mujer, exmiss New Jersey, y su hija, que pone una bomba en una oficina de correos inexplicablemente, que representan, sin embargo, el espíritu de toda una nación al parecer destinada a no fracasar. 

“Recordemos aquella energía. Los norteamericanos no solo nos gobernábamos a nosotros mismos, sino también a unas doscientas millones de personas…”. Asombrosa frase, más asombrosa para nosotros que apenas y nos dominamos a nosotros mismos y que no nos ha sido dado soñar de esa manera, o por lo menos nuestros sueños no son tan prolongados, nuestros sueños se destruyen día a día, minuto a minuto, segundo a segundo, somos una fábrica de sueños rotos, de Broken Dreams Factory,  o solo una maquila, si es que acaso los nuestros son sueños, y de alguna manera deberíamos estar agradecidos, porque como no tenemos sueños los mismos no pueden convertirse en pesadillas.  

Por eso Estados Unidos es un país horroroso, da miedo, porque tiene sueños. Las cosas en realidad son tan malas como parecen. Malcom X tuvo un sueño, Martín Luther King tuvo un sueño, los Kennedy tuvieron un sueño, Reagan tuvo un sueño, Clinton tuvo un sueño, Bush y las corporaciones tuvieron un sueño, y es posible que hasta Obama lo haya tenido, sabemos cómo termina la historia. 

Pues bien Philip Roth es el gran traductor de la secuencia de ese gran sueño, del gran sueño de la historia contemporánea americana, el gran debelador de esa noche y, al parecer, el único escritor con la fuerza necesaria que puede despertarnos a su realidad única y compleja. 

“Sueña… cuando te sientas triste… sueña … eso es lo que has de hacer”.

 

2.
Si la hija del Sueco Levov, protagonista de la novela, hace volar una oficina de correos “para traer la guerra a Estados Unidos” es el inicio del fin, la semilla de la tragedia de un país al parecer definido por sus similitudes y no por sus contradicciones.

Si la hija del Sueco Levov hiciera estallar una bomba en alguna oficina de correos en Bolivia, quizás estaría en la cárcel como los anarquistas que atraparon hace algún tiempo, o quizás sería vicepresidenta y su historia sería celebrada en la prensa oficial por algún escritor menor ansioso de llegar a algún ministerio. 

No necesitamos traer la guerra aquí, es evidente que la tenemos instalada, mínima, es cierto, pero instalada, y el Estado desactiva todo tipo de posible elegía a su alrededor, el Estado en abstracto. Pero la hija del Sueco Levov no está en Bolivia y representa algo más que el sueño de alguien que ha comprado muchas camisetas del Che y ha leído muchos libros de Gramsci, aunque se parecen, es la sombra demencial de los Estados Unidos ¡La América de la locura homicida! Una locura difícil de comprender si no se ha leído a Phipil Roth o si no se la ha vivido en carne propia. 

Oh, say! can you see by the dawn's early light. Lo incomprensible es el fermento de otra poética descubierta en libros como éste, apocalíptica de manera embrionaria, si se quiere, humana de manera muy profunda.

 

3.
Al final, la tarea de Roth, como la de tantos otros genios de la literatura es tratar de hacernos entender algunas cosas que son muy difíciles de entender aunque parezcan las más fáciles:

“… Había aprendido la peor de las lecciones que puede dar la vida: la de que carece de sentido”.

“… He aquí una persona que no está hecha para el funcionamiento deficiente de la vida, y no digamos para lo imposible. ¿Pero quién está hecho para lo imposible que va suceder? ¿Quién está hecho para la tragedia y lo incomprensible del sufrimiento? Nadie. La tragedia del hombre es que no está hecho para la tragedia…, esa es la gran tragedia de cada hombre”.

 

4.
No se priven de un gran placer, no le den la razón a Roth cuando dijo que el lector ha desaparecido, que hemos sido vencidos por las pantallas, lean esta novela, imaginen, por favor, sueñen.

 

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