Premio Gongourt 2016

Canción dulce de Leila Slimani

El autor desarrolla un perfil de la escritora francesa Leila Slimani y de su última obra. Ella, dice, como escritora es nueva, pero absolutamente buena.
domingo, 12 de agosto de 2018 · 00:00

Carlos Decker- Molina Periodista y escritor

A fines de mayo debió llegar Leila Slimani a Estocolmo, no lo hizo por razones de salud. Su libro Canción dulce ya se publicó en español y también en sueco entre otras decenas de idiomas.

Debo confesar que tengo un cierto apego a los premios Gongourt porque no es pecuniario, pues, se pondera la calidad literaria y Canción dulce es una historia que se deja leer de un tirón a pesar de que su primer capítulo es aterrador.

¿Quién es Leila Slimani? Es una francesa nacida en Rabat (Marruecos) en 1981 periodista y escritora. Escribe para la revista JeuneAfrique. Debutó con la novela Dans le Jardin de l’Ogre. La novela premiada es su segunda y el éxito es total. El pasado noviembre fue nombrada por el presidente Macron como su representante personal para “cultivar la francofonía”. Como escritora es nueva, pero absolutamente buena.

De entrada, nos avisa el final. No quiero hacer lo mismo, sería sencillo, pero, para fines de esta reseña es mejor que el lector descubra solo.

La novela plantea el problema de la pareja joven, alterna el trabajo, el éxito profesional, la actividad social, la relación de pareja y, al final, atienden a los hijos, si el tiempo les permite. Pienso que los lectores escandinavos no comprenderán la falta de guarderías y, en cambio la proliferación de niñeras que, en los países nórdicos, es visto como un anacronismo. Aunque en los últimos diez años hay estudiantes que ganan unas coronas cuidando niños en horas en que sus padres quieren compartir con sus amigos en reuniones sociales.

Muchos comentaristas califican la historia de “thriller”, pienso que no fue la intensión de Leila Slimani. Mi lectura me llevó a una profunda reflexión sobre la soledad y sus consecuencias, pero también al posmodernismo, ese que conlleva el éxito profesional de hombres, pero, sobre todo de mujeres, su independencia no sólo económica sino social, son vitales. Si ese proceso, no está acompañado por reformas sociales (guarderías, asuetos maternales y paternales) se pueden producir fenómenos como los dramatizados por el cineasta ruso Andréi Zviáguintsev en la película Desamor o la tragedia descrita en Canción dulce.

En la historia de Leila Slimani, la pareja está formada por Adam un agente y productor musical y Myriam, una abogada de origen magrebí y madre de dos pequeños, Adam (bebé) y Mila, se asfixia con su rutina doméstica, se pregunta ¿para esto estudié abogacía?

El marido, en cambio, comienza a prosperar lo que importa menos tiempo en la casa. El afecto a los niños se puede convertir en desafecto o en frustración, para no llegar a esos límites, Myriam convence al marido para contratar una niñera, pero, no quiere una africana o una marroquí, pues, estima que “sólo les interesa el dinero y no el bienestar de las criaturas”

Entonces aparece Louise, una francesa cuarentona, con sus modales impecables, su piel blanquísima y su sonrisa franca. Silenciosa, a veces enigmática; los niños aceptan su presencia con regocijo.

La francesa no sólo se limitará a cuidar a los niños, limpiará el departamento, preparará la comida, arreglará cualquier desperfecto, sin preocuparse por el tiempo o el dinero. Es más, pasado un tiempo, comienza a ejercer un control indirectamente crítico a los “gastos innecesarios” de Myriam. La presencia de la niñera no es más la de una empleada, cada vez es más parte de la familia. La llevan de vacaciones a Grecia, descubren que no sabe nadar y ese hecho produce la primera grieta debido a su reacción casi física.

Louise es la Visnú del hinduismo, divinidad nutricia, celosa y protectora. Nadie sospecha que su dedicación brota de la insatisfacción que le produce la vida. Viuda y con una hija de veinte años a la que no ve desde hace tiempo, su meticulosidad se transforma en negligencia en su apartamento alquilado en un suburbio pobre, desecho social y económicamente. Las horas que no trabaja siente que la soledad la devora, su existencia triste se emparenta con la de locos y mendigos que deambulan por los parques y las periferias, repudiados y malditos.

Son los signos de la decadencia social del posindustrialismo, todos están atrapados en la ecuación: Cuánto ganas. Tanto vales.

La niñera Louise va mostrando su insatisfacción poco a poco, un jalón físico, un grito, un llamado al orden hasta que una tarde maquilla a Mila como si fuera un travesti, convirtiéndola en una muñeca grotesca. Otro día anota en su libreta con tapas de flores, el diagnóstico de un psiquiatra: “melancolía delirante”.

La historia es, en parte, la de Louise que nunca tuvo dormitorio propio, de niña comía las sobras, ha vivido con emociones prestadas, inspiradas por la intimidad de las familias a las que ha servido. Un odio feroz se rebela contra sus impulsos serviles y su pueril optimismo. El resto está descrito en el primer capítulo.

Leila Slimani comienza por contarnos el desenlace, a pesar de ello el lector quisiera torcer, trastrocar, rehacer la realidad como pretende la madre o el padre, en medio de su tragedia.

Es una obra brillante, sobrecogedora y muy actual.

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