Comunicación

La censura de prensa durante la Guerra del Chaco

El gobierno se apresuró poner esta práctica y dictó instrucciones a los censores, de tal forma de cumplir la realización de sus políticas de guerra.
domingo, 12 de agosto de 2018 · 00:00

Luis Antezana Ergueta Literato

La guerra entre Bolivia y Paraguay (1932-1935) trajo consigo una serie de problemas para el gobierno del presidente Daniel Salamanca, entre ellos la necesidad de evitar que los periódicos de la época, –La Razón, El Diario, La Patria, El Heraldo, El Imparcial, etcétera-, difundan noticias que por un lado podrían beneficiar al contrincante, por otro para mantener en alto la moral de la población, frenar las críticas de los partidos opositores y aspectos análogos a las circunstancias de emergencia.

Uno de esos factores que preocupó al gobierno de Salamanca fue el control de la información que gozaba de relativa libertad y publicaba noticias de los hechos bélicos y sus repercusiones en los partidos de oposición que aprovechaban la oportunidad para criticar al partido gobernante por los errores en la conducción de la guerra.

Frente a esa realidad, el gobierno, por medio del Ministerio de Gobierno y el Estado Mayor, decidió aplicar la censura de prensa y dictó medidas especiales al respecto y, al mismo tiempo, designó funcionarios consecuentes para que cumplan la tarea de evitar la publicación de informaciones contrarias a los intereses nacionales.

La guerra empezó a mediados de julio de 1932 y después de la toma por fuerzas bolivianas del fortín paraguayo Boquerón, se hizo necesario adoptar medidas ante futuros acontecimientos, entre ellos la reacción del ejército paraguayo de retomar ese sitio considerado como estratégico por el régimen guaraní.

Ante esa realidad, el gobierno central, por medio de las prefecturas y jefaturas departamentales del Estado Mayor, se apresuró poner en práctica la censura de prensa y dictar instrucciones a los censores de tal forma de cumplir la realización de sus políticas de guerra. En efecto, a principios de octubre de 1932, instruyó a las autoridades departamentales, mediante oficios, cumplir la censura de prensa y en cada departamento envió instrucciones para los censores de los diferentes diarios.

En forma textual, el oficio de 3 de octubre, dirigido por el Prefecto de Cochabamba al Señor Censor del diario El Imparcial, señor don Pablo Cano Galvarro”, instruía lo siguiente:

“Presente, Señor:

“A los fines de la censura que se la ha encomendado por la Jefatura del Estado Mayor Departamental y esta Prefectura, nos permitirnos darle las siguientes instrucciones concretas, de acuerdo con las que fueron trasmitidas por el Ministerio de Gobierno y el Estado Mayor General:

I. La censura debe ser general, es decir, debe comprender a los noticiosos trasmitidos de otros puntos de la República o del exterior, recibidos por radio y a los artículos de prensa en general.

II. No se dará curso de una manera absoluta despachos con informaciones u opiniones exageradas, alarmistas, derrotistas, tendenciosas, adversas a las disposiciones militares o gubernativas, o que inciten al desorden u omisión al cumplimiento de los deberes patrios.

III. Se evitará la publicación de noticias relativas a movimientos de tropas y hechos relacionados con la defensa nacional. De modo abstracto, sin mencionar nombres, regimientos, dirección o destino, número de contingentes, etc., podrían publicarse, pero de ningún modo con especificaciones que trasmitidas al exterior empeoren nuestra defensa.

IV. Queda Ud. ampliamente facultado para los casos en que se publiquen artículos o noticiosos, sin la previa censura, a aplicar las sanciones respectivas, de acuerdo a la gravedad de la falta y a las instrucciones verbales que se le tiene dadas.

Agradeciendo, desde luego, el valioso concurso que, con este motivo, presta Ud. al país, agregando una hoja de servicios más a las muchas que tiene Ud. ganadas, nos es grato ofrecerle nuestras distinguidas consideraciones, suscribiéndonos muy atentos servidores

E. Arze Tte. Prefecto. Cnl. Mostajo, Jefe del Estado Mayor Departamental”.

(El Imparcial, Cochabamba, 21 de octubre de 1932. Citado en Huellas de Guerra. Los Tiempos, Secretaría de Cultura y el Gobierno Municipal de Cochabamba. Cochabamba. 2016. Editorial Canelas).

Efectivamente, la censura de prensa empezó a cumplirse con todo el rigor de las circunstancias, por lo cual en los medios de comunicación de la época no se encuentran informaciones acerca de diversos sucesos sociales y otros aspectos de interés histórico.

Otra forma de censura durante ese conflicto fue el control de la correspondencia que enviaban los soldados desde los campos de batalla a sus familias, rara vez llegaban a sus destinatarios. También familiares enviaban cartas y encomiendas a sus padres, novias, esposas, etc., que tenían el mismo destino que las anteriores. Como los indígenas movilizados en la mayoría de los casos no tenían quién “se lo escriba” alguna correspondencia sobre su vida en campaña, acudían al favor de soldados letrados que escribían cartas a pulso, lápiz y en saldos de papel que podían conseguir.

Estas cartas también llegaban a destino aunque con poca frecuencia. Sobre esos aspectos existen fotografías de soldados indígenas que están dictando sus experiencias a soldados de buena voluntad. También algunas de ellas todavía existen.

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