Tres Tristes Críticos

Better Call Saul

La serie es una muestra de cómo un producto desarrollado en base a elementos de una anterior propuesta (en este caso la serie Breaking Bad, 2008 -2013), puede construir un estilo distinto.
domingo, 19 de agosto de 2018 · 00:02

Rodrigo Ayala Bluske Cineasta y Cnsayista.

La cuarta temporada de Better Call Saul, se acaba de estrenar en Netflix. Lo hizo antes en otras estaciones de televisión abierta, por lo que imagino que rápidamente estará presente en los puestos de venta del país, tal como ocurre con las tres anteriores (2015, 2016 y 2017). Si nuestro amable lector ha tenido la oportunidad de conocer este producto, sin duda estará ansioso por acceder a la nueva entrega, si no es así, le aconsejamos que comience la visualización desde el inicio, ya que hablamos de una de las propuestas más importantes del audiovisual contemporáneo.

Better Call Saul es una muestra de cómo un producto desarrollado en base a elementos de una anterior propuesta (en este caso la serie Breaking Bad, 2008 -2013), puede construir un estilo distinto, aprovechando la popularidad del antecesor, pero avanzando hacia objetivos diferentes en el ámbito creativo. El fenómeno resulta impactante cuando se comprueba que la continuación tiene la misma envergadura que el original. En el cine, el caso paradigmático fue el de El Padrino II, respecto al I, y en la televisión es muy probable que el honor les corresponda a estas dos series, creadas por el productor Vince Gilligan.

Ni repetido, ni más intenso

La formula que generalmente se emplea en las distintas secuelas o precuelas que nos presenta el cine comercial es la de la repetición del esquema inicial, poniendo mayor énfasis en los rasgos que se supone lo hacen atractivo para el gran público (carreras de autos si hablamos de Rápidos y Furiosos, humor y escenas de acción en el universo de Marvell).

El caso de Better Call Saul es completamente distinto. Al igual que Breaking Bad, también nos muestra la evolución de determinado personaje hacia el “mal”, pero en otro contexto y con otras motivaciones. Walther Whitte, el protagonista de Breaking Bad, se “volvía malo”, como una respuesta ante la muerte; en principio se podía suponer que sobre todo pesaba el tema económico (el costo del tratamiento contra el cáncer), pero finalmente llegábamos a la conclusión de que se trataba de su realización personal; un profesor frustrado, que no había cumplido con sus expectativas de vida y que finalmente encontraba su vocación de poder y de éxito a través del delito.

En Better Call Saul, el protagonista Jimmy Goodman, MacGill, más bien lucha desde un principio para subordinar su naturaleza a la formalidad del medio. Jimmy es auténtico y aunque se esfuerza estoicamente a través de las distintas temporadas, no puede terminar de encajar en el ambiente de los bufetes de abogados elegantes del suroeste norteamericano.

En realidad, lo que termina mostrándonos la serie es la confrontación entre los valores éticos y las relaciones formales (sociales, comerciales, etc.) que se estructuran alrededor de la administración de la justicia. En determinado momento Jimmy se esfuerza por ayudar a ancianos que están siendo estafados por la empresa dueña del asilo en el que viven, pero es censurado por su jefe debido a que el spot publicitario que ha lanzado para alertar a los viejitos “daña” la imagen de su bufete. Puede dar la impresión de que es una temática específica, pero en realidad no es así, se trata de una problemática universal, que tiene que ver con lo que por ejemplo en nuestro país se denominan las “roscas”; ¿acaso por ejemplo en nuestras universidades no vale más el relacionamiento grupal que el talento investigativo de determinado docente?, ¿no ocurre lo mismo en ambientes como los de la salud, la cultura y por supuesto la política?

Jimmy prefiere la realidad a la apariencia, y por eso tiende a burlar la norma, y por tanto en ocasiones a infringir la ley. Es un personaje que tiene matices, y aunque en esencia sigue siendo “bueno”, al ir cambiando de métodos para cumplir sus objetivos, va transformando su esencia. Chuck, el hermano de Jimmy es el principal antagonista, y en su caso no tiene ningún tipo de dudas; su mundo está estructurado en categorías inmutables y por lo tanto sin ninguna posibilidad de cambiar. La pregunta que la serie plantea al describir la confrontación de ambos, es ¿qué vale más?, ¿la ley bien aplicada formalmente, pero usada para prorrogar situaciones de injusticia?, o más bien su transgresión para lograr algún cambio en la realidad.

La diferencia temática entre Breaking Bad y Better Call Saul, se refleja en la narrativa. Para mostrar la ruptura de Walther con su mundo, la primera recurría al humor negro y la confrontación física; mantenía el interés del espectador a través de un mecanismo típico del western; el enfrentamiento del protagonista con situaciones en apariencia imposibles de resolver. En el caso de Better Call Saul, la violencia sobre todo es sicológica; los espectadores sabemos que los esfuerzos de Jimmy por integrarse a un mundo que no es el suyo fracasaran, pero nos “engancha” saber como se dirigirá hacia ese destino, y cuáles serán los costos para el mismo y la gente que quiere.

Viejos y queridos conocidos

Pero el gran atractivo de la serie no sólo se encuentra en el recuento de la evolución de Jimmy – Saul, sino de varios de los otros personajes secundarios, en algunos casos entrañables, de Breaking Bad. En primer lugar, esta Mike Ehrmantraut, el matón a sueldo de Gustavo Fring (el famoso “pollos”, modélico como gánster con estilo, que también aparece en la tercera temporada), y otros menores como los maleantes Nacho Varga y Héctor Salamanca.

Mike, según nos cuenta la serie ya era corrupto desde un inicio, pero lo que nos va describiendo es el crecimiento que tiene en el mundo de las drogas, entendido como una forma de expiación por la muerte de su hijo. En Nacho encontramos el principio de sus contradicciones con su socio Tuco, y a Héctor Salamanca lo vemos como el criminal despiadado que su situación en Breaking Bad, sólo nos permitía intuir.

Better Call Saul, confirma a Vince Gilligan como uno de los grandes de la época de oro de la televisión, la que actualmente vivimos. Sólo nos resta esperar que siga desarrollando esta serie en la medida de lo posible (como hizo con Breaking Bad) y que a futuro nos ofrezca productos del mismo nivel.

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