Historia

Hubo censura... pero, no extrema

El autor responde a Luis Antezana Ergueta, quien escribió el artículo La censura de prensa durante la Guerra del Chaco, publicado hace dos domingos en este suplemento.
domingo, 26 de agosto de 2018 · 00:00

Raúl Rivero Adriázola Escritor

En el suplemento Letra Siete del 12 de agosto de este año, el escritor Luis Antezana Ergueta, autor del meritorio ensayo Historia Secreta del MNR, ha publicado un artículo que, bajo el título de “La censura de prensa durante la Guerra del Chaco”. En el mismo comenta las consecuencias que tuvo la decisión gubernamental de establecer la censura de prensa mientras dure el conflicto armado con el Paraguay.

Como en una parte de su ensayo periodístico cita la obra Huellas de Guerra, de la cual soy coautor, me gustaría aclarar al señor Antezana algunos aspectos de fondo sobre sus afirmaciones

“…la censura de prensa empezó a cumplirse con todo el rigor de las circunstancias, por lo cual en los medios de comunicación de la época no se encuentran informaciones acerca de diversos sucesos sociales y otros aspectos de interés histórico”, y que el control de la correspondencia sería tan estricta, que las cartas “…que enviaban los soldados desde los campos de batalla a sus familias, rara vez llegaban a sus destinatarios”.

A la estela de la leyenda negra desarrollada por Augusto Céspedes, de muchas cosas se acusa al presidente Daniel Salamanca; empero, es imposible encontrar en sus actos de gobierno acciones que atenten contra los derechos democráticos de la ciudadanía. Obviamente y como sucede en cualquier parte del mundo, el gobierno de un país en guerra busca limitar la circulación de información que puede ser considerada sensible y beneficiosa para el enemigo; es así que, una vez desatado el conflicto del Chaco, se estableció la censura de prensa en todo el territorio boliviano.

Empero, si uno se pasa el trabajo de revisar la prensa de la época y, sobre todo, la opositora al gobierno (v.g., El Diario, El Tiempo, El Socialista), podrá apreciar noticias y editoriales que atacan sin recato, dadas las circunstancias extraordinarias que vivía el país, al presidente y a su gobierno, sin mostrar huellas de recortes por la censura. Además, crónica social no falta en las páginas de los periódicos; incluso, se reporta la elección de Miss Chaco.

Respecto a la correspondencia cruzada entre combatientes y sus familiares, además de la incluida en Huellas de Guerra, invito al señor Antezana a leer el libro de mi coautoría Epístolas de la Guerra del Chaco, publicado también bajo el auspicio del Gobierno Municipal de Cochabamba y Editorial Canelas, el año 2015, en el que se transcriben una selección de cartas, la mayoría de ellas publicadas en los periódicos de la época, en una sección precisamente llamada Cartas de Guerra, como un servicio de la prensa para que esa correspondencia sea conocida por sus destinatarios.

Por otra parte, en Cochabamba y seguramente en otras capitales de Departamento, se crearon los ComitésPro-Soldado y Pro-Huérfanos de Guerra, los que tenían entre sus tareas, precisamente ayudar a que cartas y encomiendas lleguen al frente de batalla y de él a los hogares bolivianos; asimismo y con apoyo de la Cruz Roja Internacional, a las prisiones enemigas.

También, los miembros de esos comités oficiaban de lectores o escribanos para aquellos familiares de combatientes que no sabían leer ni escribir.

Es así que, a pesar de las tremendas dificultades de comunicación, tanto por la lejanía del frente, como por lo precario de los medios de transporte, cartas y encomiendas llegaban con bastante demora, pero con mayor regularidad de la esperada ante semejantes obstáculos, para alegría de los destinatarios.

Es cierto que existen pruebas de cartas que sufrieron mutilaciones o tachaduras por parte de la censura, como también se aprecia en algunas publicaciones de noticias del frente. Empero, esos casos son la excepción, y muy pequeña, por cierto.

A pesar de esas amputaciones, son fascinantes y reveladores los testimonios que contienen esas cartas, los enviados por corresponsales de guerra o las entrevistas a soldados y oficiales que, trasladados a retaguardia, son interrogados en centros hospitalarios o en sus hogares, para que cuenten de primera mano sus aventuras e impresiones sobre lo pasado en los campos de batalla.

La contienda sostenida contra nuestro vecino del sudeste fue librada en condiciones terribles y, en la mayor parte del tiempo y las acciones de guerra, sin los recursos materiales ni la formación adecuada de jefes y oficiales. Pero, no se puede acusar a Daniel Salamanca de haber aprovechado el estado de guerra para imponer un régimen alejado de los principios constitucionales —las pruebas las dan las repetidas y no sancionadas actitudes antipatrióticas de la feroz oposición política que soportó y el malhadado Corralito de Villamontes, inadmisible e impune insubordinación en plena contienda bélica—; tampoco, de haber establecido una censura tan secante que impidiera o perjudicara la comunicación escrita entre el frente y la retaguardia, como se señala en el artículo del señor Antezana.

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