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Las zapatillas ausentes

Ha pasado casi una década desde la desarticulación del elenco estable del Ballet Oficial de Bolivia y hasta la fecha, el Gobierno no ha sido capaz de saldar esta deuda para con los profesionales de la danza.
domingo, 26 de agosto de 2018 · 00:07

Claudia Pacheco Gestora cultural

El Ballet Oficial de Bolivia desde que se fundó en 1951 ha pasado por diferentes etapas tanto artísticas como administrativas. Hacer una revisión de su historia es algo sumamente enriquecedor ya que de esta institución han sido parte figuras sobresalientes de la danza en Bolivia.

El Ballet Oficial de Bolivia (BOB) es dependiente del Ministerio de Culturas y Turismo (MCyT), este dato altamente importante a la hora de comprender cómo se ha gestionado administrativa y artísticamente en los últimos 10 años.

El objetivo del BOB según el manual de funciones del MCyT es la “difusión de la danza clásica, moderna y contemporánea” y en sus funciones específicas se establece “promover la actividad profesional de bailarines, directores, compositores y elencos de danza bolivianos”.

Es evidente que en esta década se han realizado distintos esfuerzos para llevar adelante al ballet por quienes lo han dirigido, lamentablemente una de las dificultades (además de la falta de presupuesto para la creación) fue la iniciativa alrededor de 2009 de eliminar los ítems del elenco, para descentralizar el alcance en contratación de profesionales, con el objetivo de generar proyectos que incluyan a bailarinxs de todo el país.

Sin embargo, esta iniciativa no dio resultados generando para las direcciones siguientes dificultades para la realización de proyectos, no pudiendo concretar un elenco oficial que cumpla con las definiciones arriba enunciadas, que se establecen claramente dentro de la institucionalidad y que al parecer hasta el día de hoy no adquieren la relevancia suficiente en la estructura ministerial.

La ausencia de un elenco estable del BOB en estos últimos años va referida a la capacidad de la gestión cultural desde el Estado y a la administración de los recursos públicos.

La institucionalidad tiene la capacidad, en un amplio espectro, de llevar adelante procesos de creación y difusión artística, para sensibilizar públicos y generar valor alrededor de la cadena artística en corresponsabilidad con la ciudadanía. Para ello, el Estado cuenta con medios y recursos para establecer proyectos de gran alcance que desde lo independiente no son posibles.

La falta de un elenco oficial es el reflejo de la valoración que tiene el Gobierno hoy a la diversidad de la expresión de la danza y de los profesionales que integran la cadena artística de la danza.

Si bien este vacío es y ha sido subsanado por quienes han dirigido el BOB estableciendo distintos modelos de gestión, sus buenos oficios, considero, se ven reducidos por la falta de voluntad y la excesiva burocracia de la institución de la que son parte.

Los bolivianxs tenemos la alta capacidad de generar proyectos artísticos de calidad con precarios recursos, el escenario para la gestión de proyectos siempre ha sido conflictivo que esto se repita en el aparato estatal no es un buen síntoma. Que podamos resolver en precariedad no es sinónimo de vanagloria y menos una propiedad para el establecimiento de un modelo de gestión precario dentro del Estado para una unidad de creación y producción artística como es el BOB.

La labor de creación y producción artística implica una serie de procesos que no son visibles al público, a los ciudadanos, el acceso equitativo a la cultura y las artes implica la responsabilidad que tiene el gobierno de generar espacios de expresión y dialogo diversos, la ausencia de un elenco es en consecuencia, ignorar los alcances del BOB como un proyecto artístico en danza que permitiría acceder a expresiones distintas a un público variado, visibilizar los procesos de creación y difundir la diversidad de lenguajes y códigos de la danza y no solamente reducir las creaciones a un espectáculo de entretenimiento para actos oficiales.

Promover la labor artística de quienes trabajan en danza mediante el BOB es un proyecto que implica la valoración de los profesionales del arte en la estructura gubernamental desarrollando su profesión, es decir investigando, creando y experimentando artísticamente en condiciones óptimas las diferentes formas de expresión de la danza y que éstas no se reducen solamente al folklore.

Son 67 años de la existencia legal y legítima del BOB, 12 de una apuesta por la revolución cultural como discurso gubernamental actual, la coincidencia de la apuesta por la cultura lamentablemente no se refleja en la gestión. Cómo se podría confiar en una institución que incluyendo legalmente en su estructura una unidad de creación artística como es el Ballet Oficial de Bolivia, no ha generado las condiciones para la implementación seria y responsable de un elenco que genere obras y que sensibilice públicos, que su labor aporte a la gestión independiente.

¿Cómo sería posible realizar un trabajo profesional y con calidad artística para dar a conocer la danza en su diversidad bajo estas condiciones provistas por el Estado?

Preocupa que teniendo claro el objetivo: “difundir la danza clásica, moderna y contemporánea compuesta por artistas nacionales” no se haya logrado hasta hoy un proyecto que permita que se cumpla el objetivo institucional, no se trata de la gestión de quienes han dirigido el Ballet Oficial de Bolivia, sino de las prioridades y visión de las autoridades que han estado a la cabeza del Ministerio de Culturas y Turismo en esta ultima década. Sorprende que teniendo una justificación legal no se haya gestionado los recursos suficientes para establecer un elenco estable con capacidad de producción artística constante. No es tarde, ya se comienza a elaborar el POA 2019, están a tiempo de hacer revolución cultural con calidad.

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