Impresiones y Pareceres

Lo arcano de la tierra hecha filosofía

Freddy Zárate presenta su aproximación al pensamiento telúrico de Roberto Prudencio.
domingo, 26 de agosto de 2018 · 00:00

Freddy Zárate Abogado

En los años cuarenta del siglo pasado, surgió una corriente filosófica que se inclinó en estudiar y desarrollar el telurismo en Bolivia. Sus principales representantes fueron Roberto Prudencio Romecín (1908-1975); Fernando Diez de Medina (1908-1990); Humberto Palza Solíz (1900-1975); Federico Ávila (1904-1973), entre otros.

El filósofo boliviano Guillermo Francovich (1901-1990) denominó a esta corriente filosófica como una “mística en la tierra”. Por otro lado, el escritor Fernando Diez de Medina lo llamó como “escuela vernacular” o “la generación de la fe”. Esta idea fue concebida como el “movimiento por el cual los procesos cósmicos y las influencias telúricas del Ande predestinan al país a una excepcional función histórica (…). La tierra tenía que ser el sustento del nuevo espíritu boliviano, de su auténtica originalidad cultural. Auscultando sus secretos, Bolivia podría conquistar su independencia espiritual como necesario complemento de su independencia política”, dice Francovich.

Por ese tiempo, la figura de Roberto Prudencio fue descollante dentro de la “escuela vernacular”. Los datos que se tiene, Prudencio provenía de una familia tradicional de La Paz, su padre fue el militar y político Fermín Prudencio. Dejó de lado sus estudios universitarios para partir brevemente a Alemania. A su retorno pasó fugazmente por aulas del Instituto Normal Superior.

Influenciado por la cultura alemana participó de un concurso conmemorativo al centenario del fallecimiento del poeta alemán Johann Wolfgang von Goethe. Tras los resultados, la Universidad de Berlín le confirió la Medalla de Oro Goethe, por su ensayo La plenitud humana de Goethe o ideas para una filosofía de la vida (1932). Seguidamente, Prudencio fue condecorado con la Orden de las Palmas Académicas del Gobierno Francés, por la difusión de estudios literarios sobre Charles Baudelaire, Stéphane Mallarmé, Arthur Rimbaud y Paul Valéry.

En los años de la Guerra del Chaco (1932-1935), Roberto Prudencio se enlistó en el ejército y participó en los campos de batalla del sector Arce, Alihuatá, Gondra y Nanawa. Terminada la contienda bélica con el Paraguay los soldados del Chaco decidieron organizar grupos políticos. Prudencio se integró a la Legión de Excombatientes, a poco tiempo este grupo cerrado se llamó Estrella de Hierro, que estuvo integrado por Roberto Bilbao la Vieja, Víctor Andrade, Eduardo Anze Matienzo, Raúl Espejo, Eduardo del Portillo, Carlos Salamanca, René Ballivián Calderón, Gustavo Adolfo Otero, entre otros.

A finales de la década de los años treinta, Roberto Prudencio fundó y dirigió la prestigiosa Revista de estudios bolivianos Kollasuyo (1939). La revista durante 25 años –con muchas interrupciones– fue la más importante tribuna de ensayistas, críticos, cuentistas, historiadores y poetas. En ese año ingresó a la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz (UMSA) como catedrático. Inició su carrera docente dictando las cátedras de Historia de la Cultura y de Historia de Bolivia; fue director de Radio Illimani y profesor de la Escuela de Bellas Artes. En 1941 viajó a Buenos Aires para seguir cursos de filosofía con Francisco Romero. Retornó a La Paz y fundó en 1944– junto al filósofo español Augusto Pescador Sarget– la Facultad de Filosofía y Letras, de la cual fue su primer decano.

En el campo político, fue elegido en 1941, diputado por el Departamento de Pando y en 1945, senador por el departamento de La Paz. Prudencio simpatizó brevemente con la euforia del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), tras los asesinatos de Chuspipata (1944) se alejó de la cúpula movimientista. Pero el historiador Luis Peñaloza afirma que Prudencio fue expulsado del MNR.

En el primer gobierno del MNR, Roberto Prudencio salió en defensa de la Autonomía Universitaria, este hecho provocó que “milicianos” movimientistas asaltaran la casa del filósofo y quemaran su biblioteca. A pocos días del nefasto acontecimiento, Prudencio fue exiliado a Chile (1954); en donde fue catedrático en las Universidades Católica de Santiago y Católica de Valparaíso.

Tras la caída del régimen movimientista, el filósofo Prudencio retornó a Bolivia después de trece años de destierro. El gobierno dictatorial de René Barrientos Ortuño lo invitó a formar parte de su gabinete como Ministerio de Cultura e Información y Turismo; su retorno a la política fue anodino, se recuerda sus nefastas declaraciones justificando la masacre de San Juan.

Los años siguientes, Roberto Prudencio reanudó su labor docente y continuó con la publicación de la Revista Kollasuyo. En el ocaso de su vida El loco Prudencio –como se lo conocía afectuosamente– recibió el Premio Nacional de Cultura y la Universidad Mayor de San Andrés le otorgó el título Doctor Honoris Causa.

La labor intelectual de Roberto Prudencio se encuentra dispersa, su producción ensayística fue publicada en periódicos, revistas y principalmente en la Revista Kollasuyo. El ensayo que consagró a Prudencio como el filósofo de ideas telúricas fue el intitulado Sentido y proyección del Kollasuyo, publicada en la revista Kollasuyo en 1939.

La tesis que propuso Prudencio partía de la idea que el paisaje andino es el factor que modela al hombre boliviano: “Las energías latentes de la tierra se plasman en imágenes, en intuiciones, en ideas”. Además, la fuerza geográfica determina el modo de concebir la cultura: “Lo telúrico es la síntesis y el secreto de toda creación”. Por eso, toda manifestación cultural –según los místicos de la tierra– tendría que percibir los secretos arcanos que están inmersos en la naturaleza.

Los escritores, artistas y políticos simplemente avivarían el espíritu dormido de la tierra, animándolas y dándoles expresión, este hecho “simboliza la lucha, lo ilimitado y lo lejano que representa el horizonte”. Estas ideas de Prudencio nos muestran que el tópico indígena fue una preocupación permanente en el quehacer cultural boliviano, pero en esos años, no gozaba de realce político, prestigio intelectual, ni era concebido como un proyecto real de poder, por ser el tiempo de los mineros.

El filósofo Roberto Prudencio intuyó tempranamente el rol de los intelectuales en décadas futuras: “El nuevo kolla, que ha de ser el criollo y el mestizo indianizado, tiene que cumplir su sino histórico que es el de forjar un nuevo ciclo cultural. Esta cultura al inspirarse en las formas permanentes de la tierra tendrá sus raíces en el milenario Tiahuanacu, que perdurará así a través de una nueva humanidad, la que sabrá arrancar al paisaje ancestral un nuevo sentido”. La actual coyuntura denominada “proceso de cambio” es la materialización de la prédica de los místicos de la tierra, asimismo, es la instrumentalización de la temática indígena en la política, tal como lo entrevió el filósofo Prudencio, quien además acariciaba ideas afines con la derecha.

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