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Cuando Walt Whitman fue personal trainer: diez consejos del poeta para una vida saludable

Antes de que Hojas de hierba noquease a la poesía decimonónica, el lírico escribió una serie de columnas en The New York Atlas sobre la necesidad de ejercitar el cuerpo.
domingo, 16 de septiembre de 2018 · 00:00

Bruno Pardo Porto ABC

En 1858, cuando Hojas de hierba todavía no tenía su forma definitiva y la revolución poética no había llegado a Estados Unidos, Walt Whitman dedicó su pluma a cantar las maravillas de la vida saludable, como si de un personal trainer se tratase.

“Ninguna cantidad de cultura, intelecto riqueza podrá compensar jamás a una comunidad por la falta de músculos, capacidad o coraje varoniles”, sentenciaba entonces. Sus consejos se publicaron en The New York Atlas en una serie de columnas que firmó como Mose Velsor y a las que dio un título más burocrático que literario: La salud y el entrenamiento masculinos, con pistas informales sobre su condición.

Aquellas 47.000 palabras pasaron desapercibidas durante más de 150 años, hasta que se descubrió su verdadera autoría. Ahora, esas letras serán publicadas en un libro, que se ha convertido en una peculiar guía de estilo de vida.

Visto en retrospectiva, no es extraño esta preocupación por lo corporal en Whitman, que ya en uno de los primeros poemas de Hojas de hierba cantaba la unión de la materia y el espíritu, su estrecha relación, el reflejo inevitable de lo visible en lo invisible, y viceversa: “Haré los poemas de la materia, porque creo que habrán de ser los poemas más espirituales / Y haré los poemas de mi cuerpo y de la mortalidad, / Porque creo que entonces me proveeré de los poemas de mi alma y la inmortalidad”. Pero estos artículos periodísticos de los que hablamos bajan de las cumbres del Helicón hasta rozar el sudor de los gimnasios.

1. El camino del héroe

“Con perfecta salud (y una ocupación regular y agradable) no hay abatimiento, ni puede haberlo. El hombre hace realidad el viejo mito de los poetas: es un dios que camina sobre la tierra”, escribe Whitman. También insiste, quizá pensando en la escultura griega y sus divinas proporciones, que “no puede haber heroísmo de primera más que en un cuerpo sano”. El del Doríforo, por ejemplo.

2. Cuerpo sano, mente sana

“Cumplir las leyes del entrenamiento masculino, si se siguen debidamente, puede vencer y erradicar la maldición de una mente deprimida, la melancolía y el hastío que actualmente arruinan buena parte de los días de más de la mitad de los hombres en Norteamérica”.

3. Las “desconocidas” virtudes del aire puro

“Pocos saben cuántas virtudes contiene el aire puro. Por encima de todos los hechizos o medicaciones, es lo que renueva la vitalidad, y, tanto como el sueño nocturno, protege al organismo de la extenuación y el anquilosamiento”, afirma el poeta.

Lo de huir de la polución ya era una preocupación entonces, a pesar de que todavía no conocían todos sus efectos nocivos: el último, que daña el intelecto y reduce las habilidades verbales y de cálculo, según publica el Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

4. Los deportes recomendables

“Levantar pesas, hacer ejercicios de boxeo o atacar con brío el saco”, aconseja. También los “chapuzones” diarios, el remo, y el béisbol. No se olvidó del baile, “algo digno de interés”, aunque antes que nada, Whitman recomendaba caminar. “En cualquiera de sus variedades, es el mejor ejercicio de la naturaleza, tan superior a todos los demás, que no pueden comparársele”.

Esto ya lo había dicho su “colega” Thoreau, otro trascendentalista, en un breve ensayo que dedicó al arte de deambular.

5. El alcohol, con moderación

Aunque escribió una novela sobre lo autodestructivo del alcohol –Franklin Evans, el borracho–, el poeta parece abandonar aquí su postura tajante y no descarta un buen trago en ciertas ocasiones. “Gran parte de la virulenta cruzada de nuestros días contra los licores fermentados y destilados no está en absoluto justificada por la verdadera teoría de la salud o de las leyes fisiológicas, siempre que esos licores no se tomen en cantidades indebidas y a horas intempestivas, lo que perturba la digestión”, sostiene. El consejo no llegó a Francia. Solo cuatro años después, en 1862, Baudelaire le escribió una oda a la ebriedad, donde no se hablaba ni de horarios ni de mesura en el consumo.

6. Los secretos de una supuesta buena dieta

“La parte principal de la dieta ha de ser la carne, con exclusión de todo lo demás”, asevera. Carne en el desayuno y la comida. De cena, fruta. Ni rastro de pescado en su menú.

7. La noche es sana

“Un tentempié ligero y moderado por la noche es admisible. De hecho, si va acompañado del placer social de la amistad, las canciones alegres, el entusiasmo compartido y el sano estímulo de hallarse rodeado de buenos amigos, resulta recomendable en todos los sentidos”. Ya se sabe: no solo de comida vive el espíritu.


8. La barba es un deber

“La barba es una gran protección sanitaria para la garganta. A efectos de la salud, se debería llevar siempre, igual que el cabello (...) La naturaleza señala la necesidad de cubrir esa parte por abundantes y suficientes razones”. Bueno... solo hay que ver una de sus fotografías para entender el argumento.

9. Una receta contra el sudor

“Después del ejercicio, si el cuerpo está sudoroso, y es muy probable que lo esté, lo mejor es desnudarse, frotarse enérgicamente con paños secos, y cambiarse de ropa interior”. Más claro, agua. O paño.

10. Los signos de la buena vida

Decía Whitman que, al final, la vida saludable se reflejaba en el aspecto físico, en la piel y en la retina y en la garganta; que, al cabo, la salud, en su acepción más amplia, se materializaba. Estos eran sus signos: «una mirada despejada, la tez transparente y acaso bronceada (esto último no necesariamente), la postura erguida, el paso ágil, un aliento agradable, la voz timbrada y un temperamento poco o nada irritable».

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