Memoria nómada

¿La marginalidad en la literatura boliviana?

El autor aborda un tema, muy poco visto por la crítica literaria, y lo hace desde las lecturas de Javier Sanjinés y Juan Carlos Orihuela.
domingo, 16 de septiembre de 2018 · 00:09

Cleverth C. Cárdenas Plaza Dr. (c) en Estudios Culturales Latinoame- ricanos.

En Bolivia se discutió poco sobre la literatura marginal, sorprendentemente existe gente que piensa que el tema está de moda o lo estuvo y colmó las agendas de investigaciones en todo el mundo.

Ciertamente en los ámbitos de las Ciencias Sociales, los estudios culturales, por mencionar algunas ramas académicas, la marginalidad fue y es un tema dominante; en el caso latinoamericano la crítica literaria o de modo más claro algunos críticos literarios, como Víctor Vich y William Rowe, se dedicaron a revisar discursos marginales entendiéndolos como “objetos de lectura”.

Sin embargo, haciendo una revisión de la producción de crítica literaria boliviana, observando publicaciones y otras producciones textuales, puede verificarse que no se trata de un tema dominante; específicamente hay dos posibles entradas al tema de la literatura marginal: la primera digamos geográfica y la segunda temática. Después de ello existen lecturas que hablan de la literatura indigenista y la presencia de la temática andina, pero eso más bien es un tema central en el caso de lo que se conoció como la literatura andina.

Respecto a la entrada geográfica sobre la literatura boliviana encontramos el ensayo crítico de Luis Alberto Portugal titulado Marginalidad y escritura en la nueva narrativa boliviana (1997) postulaba que la narrativa de la década de 1990 se fortaleció por nuevas temáticas y nuevos narradores.

Sin embargo, el tema de nuevos narradores es desplazado a lugares, “focus” (sic) de enunciación los llama Portugal, como Santa Cruz y el Beni. El autor llama la atención sobre la narrativa de Homero Carvalho a quien llama viajero intercultural y de quien rescata su modo de abordar la memoria, el escritor es beniano. En una lectura rápida la marginalidad postulada se da por el origen tropical del escritor, sin embargo y a la luz de nuestro nuevo contexto, ya no se puede pensar ese espacio como marginal.

Por otro lado, la entrada temática a la literatura marginal en Bolivia involucra discusiones que tienen como sólido asidero: Literatura Contemporánea y Grotesco Social en Bolivia de Javier Sanjinés (1992) y La ciudad Periférica: acerca de la nueva narrativa boliviana de Juan Carlos Orihuela (1997). Estos trabajos desde sus particularidades abordan la temática marginal en la literatura boliviana. Sanjinés plantea una lectura a partir de la cual rastrea el origen del grotesco social dentro del discurso literario, encontrando que el mismo se comenzó a manifestar con lo que él llamó la frustración revolucionaria (posterior al 52); donde a consecuencia del autoritarismo se llegó a producir un grotesco, cuyo fin último devino desestructurador frente a la situación política de su época.

Para el desarrollo de esta parte del argumento Sanjinés nos remite a escritores canónicos bolivianos: Cerruto, Quiroga Santa Cruz, Camargo. Al final de su libro refiere, entre otras, la narrativa de René Poppe cuyos textos relacionados al imaginario minero y sus deidades son tema central de referencia. El trabajo de Sanjinés nos remite a lo marginal, toda vez Poppe, leído en su libro, tiene como tema ese ámbito.

En La ciudad Periférica, artículo de Orihuela, la crítica comienza a desandar inevitablemente sobre el tema, la representación de sujetos marginales de la ciudad de La Paz. Los narradores de referencia son René Bascopé y Adolfo Cárdenas cuyas narraciones se relacionan con la vida cotidiana en las laderas de La Paz, es decir los “márgenes”. En el específico caso de La tumba infecunda, que fue definida por Luis Antezana como la narrativa “del destino marginal urbano”; Orihuela supone encontrar la patentización de un “efectivo acto de resistencia cultural que opta por la ampliación de sus sentidos antes que por su clausura”. Es decir finalmente la novela es el resultado de la expansión de los sentidos del “referente”.

De ese modo Orihuela encuentra que su trabajo, en cierto sentido, es una prolongación de la propuesta de Sanjinés quien llegó a trabajar el grotesco que emergió en los años 70 y él, el que emergió a mediados de los 80. Así, encontrará que existe una ficcionalización de la oralidad urbana marginal donde “dos sistemas culturales disímiles se buscan, se ponen en contacto y se imbrican al grado de tornarse indispensables el uno para el otro” posibilitando transformar en escritura a la voz, dice Orihuela.

De ese modo, asume que no sólo se trata de encontrar una temática, sino del logro de una estructura que evidencie una irrupción entre dos universos. Si Cerruto posibilitaba ver la desestructuración de la realidad, Cárdenas y Bascopé posibilitan ver la irrupción de otros mundos en la gran literatura, la presencia de otros códigos culturales manifiestos en contextos urbano-marginales.

Hasta ahí es donde llegó una parte de la discusión sobre lo marginal en la poética que se trabajó en Bolivia. Desde allí es necesario plantear un intento de corte que aclare la reflexión propuesta.

Lo hasta ahora desarrollado sin duda deja más preguntas que respuestas, sobre todo cuando en estos tiempos pretendemos definir algo. Muchas aproximaciones suelen llevar a las soluciones más relativistas que entre otras cosas pueden afirmar que es necesario visibilizar a los sujetos marginales y para ello es buena la literatura, la política, el arte, etc. Pero ¿cómo podemos evitar una respuesta relativista y al mismo tiempo hacer una afirmación sobre un tema tan delicado?

Para esbozar una respuesta a la interrogante acudí a mis estantes y reuní todo lo que podía declararse literatura marginal percatándome de que lo que cabe en esa definición es abundante. Me sentí como Jhon Beberley cuando procuraba teorizar el testimonio en su célebre trabajo: Anatomía del testimonio. Ciertamente es difícil definir lo marginal en Bolivia. ¿Qué es lo marginal? Lo que la élite no lee, ¿cuál élite: cultural, económica, racial, social? Veamos.

Tengo el poemario de un diplomático que hojeándolo da ganas de llorar, muy parecido a las escrituras de algunas sociedades de escritores; tengo fancines; también autores desconocidos y obscuros; si pretendiera ser alternativo también tengo el guión de una obra de teatro homosexual; algunos libros de Viscarra, revistas donde aparecen escritores nunca vistos; en el Facebook comenzaron a aparecer grupos de poetas que dan vergüenza ajena cuando postean sus poesías, incluso vi el poema de un personaje reconocido que ni Coelho se lo tragaría; literatura producida durante las dictaduras y que fue proscrita; como estuvo de moda también encuentro muchos libros de y sobre tradiciones orales, Lienhard llamaba a la mezcla de literatura con oralidades literatura alternativa; sobre la oralidad tengo mucho, teoría, crónicas y publicaciones, además de un archivo personal de recopilaciones en la Amazonia boliviana.

Es decir hay demasiado y muy diverso, aunque sólo enumeré lo que hay en mi estante y en mi muro. Mis dudas se incrementaron cuando me cuestioné si la literatura boliviana también podría ser marginal ¿no? Por aquello de nuestra ubicación y distancia respecto al concierto internacional.

Para no alargar más el entrar en tema establecí un corte inicial, podemos entender lo marginal en las poéticas como el discurso que se define a sí mismo como tal. En este punto de la intervención verificamos que está de moda que algunos escritores se definan como marginales: no olvido anecdóticamente cómo una escritora descendiente de suizos que vivían en la zona Sur en un evento internacional se declaró “escritora marginal” sólo por el hecho de ser boliviana (como segunda nacionalidad). Más allá de esas imposturas autoindulgentes las poéticas autodefinidas como marginales ahora son muchas y comenzaré a enumerarlas: la literatura de Viscarra, aunque a veces esa definición parece más retórica; la producción estética de la Familia Galán, grupo homosexual que hizo presentaciones teatrales; los textos de los escritores alteños como Los nadies y bastantes escritores independientes que están logrando visibilidad en estos tiempos, de hecho en la última feria del libro se presentaron libros interesantes; las canciones de algunos grupos Hip Hop alteños; y algunas corrientes editoriales como Yerbamala Cartonera. Teniendo a mano este cuerpo de poéticas que se autodefinen o asumen que emergen del margen corresponde evidenciar que ahora están muy cerca del centro. Corresponde leer esos textos y ver qué ofrecen a nuestra literatura boliviana.

4
4

Otras Noticias