Genio y figura

“Navigare necesse est, vivere non est necesse”

Juan Carlos Salazar elabora una semblanza de José Gramunt, el sacerdote fundador de la Agencia de Noticias Fides, quien falleció el pasado 24 de agosto.
domingo, 02 de septiembre de 2018 · 00:11

Juan Carlos Salazar del Barrio Periodista

“¡Ya podemos empezar!”. El padre Gramunt bajó a trancos por la estrecha escalera del viejo edificio de Radio Fides, sujetándose la sotana con la mano izquierda y agitando una carta en la derecha. “¡Hoy mismo…!”, agregó, sin mayores explicaciones, alzando la voz para sobreponerse a la algarabía del vecino patio de la primaria del Colegio San Calixto.

¿Empezar qué?, interrogó con la mirada a sus colegas de la redacción el poeta Oscar Rivera Rodas, mientras se quitaba los auriculares con los que captaba las noticias internacionales de la BBC de Londres en un gigantesco aparato de radio Telefunken para el noticiero del mediodía.

Abogado de profesión, sacerdote por vocación y periodista de oficio y afición tardía, José Gramunt de Moragas esgrimía la misiva como respuesta. “Ya tenemos dinero para hacer la agencia…”, explicó, por fin, en aquella fría y soleada mañana del invierno paceño de 1964.

Organizar una agencia nacional de noticias era lo que se había propuesto. La fundó diez meses antes, el 5 de agosto de 1963, tres años después de haber asumido la dirección de Radio Fides, pero solo existía en el papel porque no tenía financiamiento para ponerla en marcha. La carta que exhibía eufórico procedía de una organización católica internacional que le ofrecía una pequeña donación para el arranque del proyecto.

“Perdón, ¿y cómo se hace una agencia?”, me atreví a preguntar con la timidez del principiante desde el fondo de mi escritorio, oculto como me encontraba detrás de mi Underwood, la vetusta máquina de escribir en la que redactaba la información nacional para el informativo del mediodía. “Haciendo lo que hacemos todos los días…”, respondió el sacerdote-periodista con la seguridad del profesional. “Escribimos las noticias como siempre, pero ahora con varias copias… Las ponemos en sobres y las enviamos por correo a los periódicos del interior del país”, agregó con el mismo aplomo. Así supe lo que era una agencia de noticias.

No era la primera lección de periodismo que recibía en Fides. Me había iniciado como redactor tres meses antes mientras aguardaba el inicio del curso universitario para ingresar a la carrera de Geología. Un amigo jesuita me dijo que la radio necesitaba un “gacetillero” para la elaboración de uno de sus noticieros.

“¿Sabes escribir?”, me preguntó Gramunt cuando me postulé para el puesto. “Depende…”, le respondí para ganar tiempo, sin atreverme a confesar la verdad. A continuación me dio un curso exprés sobre la estructura de la noticia, me dictó un par de datos sobre un hecho cualquiera y me pidió que redactara una nota informativa. Así lo hice. Cuando terminé, leyó mi texto, hizo varias correcciones con su bolígrafo y me devolvió el papelito lleno de círculos, subrayados y tachones. Me pareció que no le había gustado. “¡Aprobado!”, dijo, sin embargo, y me empujó a la piscina para que nadara solo.

Años después, cuando ingresé a la Universidad Católica para seguir la carrera de periodismo, supe que la explicación que recibí ese día correspondía a la “pirámide invertida”, el “modelo redaccional” que inventaron los periodistas gringos durante la Guerra de Secesión de hace 150 años para garantizar la transmisión de los datos básicos de una noticia ante los frecuentes cortes que sufría el telégrafo de la época.

Para entonces Gramunt ya era todo un profesional de la comunicación. Llegó de su Cataluña natal en diciembre de 1952, ocho meses después del triunfo de la revolución del 9 de abril, sin saber que le tocaría ejercer su ministerio en el campo de la radiodifusión. La Compañía de Jesús le entregó la conducción de Radio Loyola de Sucre, una emisora con escasa audiencia, dedicada a la difusión de programas religiosos y música clásica.

“Yo no sabía más que cualquier otra persona de mi época sobre lo que era una radio”, recordaría años después. Es decir, poco o nada. Pero, aquilatando el momento histórico que vivía Bolivia y la importancia de la información, introdujo en la programación de la emisora un noticiero diario y un comentario editorial –semilla de la columna ¿Es o no es verdad?–, experiencia que lo impulsaría ocho años después a la dirección de Radio Fides de La Paz.

Tras una estancia de cuatro años en Sucre, retornó a España en 1956 para continuar su formación sacerdotal. Sabiendo que tenía a Fides en su futuro inmediato, aprovechó “algunas vacaciones de verano” para estudiar periodismo en la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo de Madrid y en la Universidad de Syracusa de Nueva York y realizar prácticas en la BBC de Londres. “Me hice periodista antes de volver a Bolivia”, en 1960, rememoró.

Por aquella época, cuando la carrera de Comunicación Social de la Universidad Católica no existía ni siquiera en proyecto, lo más cercano a la “formación académica” periodística a la que podía aspirar un joven boliviano eran los “cursos por correspondencia” que ofrecían algunas “escuelas” de Argentina. Los periodistas se formaban en las redacciones de los medios, como Fides o el diario Presencia, donde maestros como Gramunt, Huáscar Cajías y Alberto Kit Bailey, impartían su cátedra con un lápiz rojo en la mano y el amplio bagaje de normas estilísticas que habían acumulado en la memoria a fuerza de corregir originales.

La Bolivia de entonces no era la de hoy. Tampoco América Latina. El mundo vivía los días de gloria de Elvis Presley y los Beatles; Juan Rulfo y Gabriel García Márquez habían convertido a dos aldeas de fábula, Comala y Macondo, en referentes míticos de un “boom” literario de largo aliento; rusos y americanos pugnaban por llegar a la Luna en la naciente carrera espacial y el “aggionarmiento” del Concilio Vaticano ii sacudía las estructuras de la Iglesia Católica. “¡La vida está en otra parte!”, proclamaban los estudiantes franceses en el legendario Mayo del 68.

Eran los “años maravillosos” de los 60, una “década feliz” que al mismo tiempo encubría los “años calientes” de la Guerra Fría. América Latina alentaba la esperanza de tiempos mejores con la vista puesta en los paradigmas de la época, John F. Kennedy, por un lado, y Fidel Castro y el Che Guevara, por otro. Cuba acababa de derrotar al ejército invasor de la CIA en Playa Girón y el mundo se salvaba de una hecatombe nuclear a causa de la Crisis de los Misiles, mientras Estados Unidos y la Unión Soviética se disputaban la hegemonía mundial en los arrozales de Vietnam.

Bolivia vivía la agonía del “doble sexenio” de la Revolución Nacional (1952-1964) entre motines cuarteleros, rebeliones mineras y luchas estudiantiles, y las vísperas del “triple sexenio” militar (1964-1982), que llevaría al poder a una seguidilla de dictadores fascistas y generales “socialistas”. Los bolivianos celebraban el primer título continental que ganó la selección de fútbol de Víctor Agustín Ugarte en 1963, las salas de cine exhibían Lolita y la juventud bailaba con la música que “pinchaba” José Chingo Baldivia, uno de los primeros DJ de la radio boliviana, en Tengo un disco en mis manos y Póquer de Ases, los programas estrella de Radio Fides.

La prensa se encontraba en pañales y la televisión no terminaba de llegar a Bolivia. La elaboración periodística estaba en manos de reporteros autodidactas, formados en “las salas de redacción, en los talleres de imprenta, en los cafetines y en las parrandas de los viernes”, las verdaderas “fábricas” de periodistas, como diría el autodidacta mayor, Gabriel García Márquez. Fides era una de las factorías de ese periodismo artesanal.

ANF fue una de las primeras agencias noticiosas latinoamericanas. La más antigua, la argentina Télam, vio la luz en abril de 1945 a instancias del entonces ministro de Trabajo y futuro presidente, Juan Domingo Perón, para hacer frente a la “hegemonía informativa” de la UnitedPress International (UPI) y la Associated Press (AP), el mismo propósito con el que surgió en junio de 1959, a iniciativa de Fidel Castro y el Che Guevara, la cubana Prensa Latina (PL), con un plantel de lujo, encabezado por el Gabo. La mexicana Notimex, estatal como las anteriores, nació en agosto de 1968, cinco años después de ANF, en vísperas de los Juegos Olímpicos y la masacre estudiantil de Tlatelolco

ANF tuvo un inicio más bien modesto como agencia “alternativa”, con un boletín diario. Contenía media docena de notas y se editaba de lunes a viernes. “La idea era proporcionar información de fondo y noticias sobre desarrollo económico y social para equilibrar la información política, así como noticias del interior del país”, recordó Gramunt. “Buscábamos información exclusiva para no competir con los corresponsales de los diarios clientes”, agregó.

ANF estaba instalada en el segundo piso del viejo edificio de Radio Fides, de la que era apenas un apéndice, en una modesta oficina de veinte metros cuadrados sin ventilación y poca luz, con dos escritorios de madera y sendas máquinas de escribir Underwood y Olivetti. Un par de armarios, varios archivadores repletos de documentos y recortes de periódicos, un teléfono y ceniceros por doquier, completaban el mobiliario.

“¿Esta es la redacción de ANF?”, me preguntó asombrado y decepcionado el enviado de un diario mexicano, cuyo salario mensual equivalía probablemente al presupuesto de un año de la agencia. Era la época en que corresponsales de todo el mundo visitaban Bolivia atraídos por el proceso político que desencadenó la guerrilla del Che Guevara, y ANF era el referente obligado.

La agencia comenzó su andadura con un equipo mínimo: tres reporteros-redactores-editores (“periodistas tres en uno”) ubicados en la “redacción central” de La Paz (Oscar Rivera Rodas, José Luis Alcázar y el autor de esta crónica) y algunos corresponsales en el interior del país. Poco después se incorporaron, sucesivamente, Hernán Maldonado, Francisco Roque Bacarreza, Carlos Ossio, Ana María Campero y Enrique Eduardo Zalles, quienes, al igual que los primeros, realizaron una larga carrera profesional en el exterior con diversas agencias internacionales.

Los primeros boletines, escritos a máquina en “papel seda” y copias carbónicas marca Pelikan, salieron con destino a La Patria de Oruro y Prensa Libre de Cochabamba a mediados de 1964. La Patria publicó el 5 de julio, once meses después de la fundación de la agencia, siete noticias fechadas en La Paz y Sucre. Fueron las primeras que difundió un diario boliviano bajo la sigla de ANF. “Congreso de Cooperativas censura la inoperancia del Banco Agrícola”, titulaba una de las notas. “Seminario sobre temas sexuales prosigue sus estudios en La Paz”, informaba otra.

Ni el presupuesto ni las condiciones técnicas permitían producir un servicio como el que ofrecen las agencias en la actualidad. Pero a Gramunt tampoco le interesaba competir con la noticia del momento. “Para eso están los corresponsales de los diarios”, decía a sus reporteros-redactores. “Nosotros debemos ofrecer noticias exclusivas”, recomendaba. Exigía, sobre todo, información vinculada al desarrollo, consciente de que ningún medio se ocuparía de ese tema. “Que los corresponsales de los diarios escriban sobre política”, sostenía.

Aunque Radio Fides tuvo una gran cobertura de la guerrilla del Che Guevara, con información que encontraba cabida en su programación a cualquier hora del día, ANF sufrió las limitaciones de las comunicaciones de la época. Las noticias salían de Camiri, epicentro de la zona de guerra, vía telégrafo Morse y demoraban varias horas en llegar a la redacción de La Paz, no siempre a tiempo para su inclusión en el único boletín diario de la agencia, que se elaboraba al mediodía y solamente de lunes a viernes.

Pasaron varios años, más de una década, antes de que la agencia pasara de la máquina de escribir y el papel carbónico al teletipo y las cintas perforadas del télex.

Mirando hacia atrás, Gramunt evocó en uno de sus últimos editoriales los “tiempos de abundantes turbulencias y sólo de escasos respiros” que vivió la agencia en medio siglo de vida, pensando en los años de fuego de las dictaduras, cuando los periodistas debían trabajar con “el testamento bajo el brazo”.

Fides y su director sufrieron en ese tiempo todo tipo de amenazas, sanciones y agresiones. La “dictablanda” de Barrientos Ortuño criticó a Fides por su cobertura “procomunista” de la guerrilla del Che; Hugo Banzer le impuso una multa de 20.000 pesos por difundir unas “declaraciones subversivas” de un exministro del general Torres; García Mesa destruyó las instalaciones de la radio y la clausuró por 17 meses por el único delito de ser Fides, y, para rematar, Evo Morales demandó a ANF por haber sustituido el sustantivo “flojos” por el adjetivo “flojera” en un discurso presidencial. ¡Todo un récord para un medio independiente! Pero no sólo eso. Varios de sus periodistas fueron víctimas de la prisión o el exilio.

“En tan largo tiempo, las hemos visto pasar de todo color”, escribió Gramunt al recordar el trabajo “a sol y sombra, en las buenas y en las malas, pero siempre con la misma vocación de servicio al país, vocación cristiana y democrática”, de su equipo. Jubilado a sus 90 años en mayo de 2013, con un largo medio siglo profesional a cuestas, apeló a la célebre arenga del general romano Pompeyo para resumir el espíritu y la trayectoria de la agencia de su creación y, tal vez, de su propia vida: Navigare necesse est, vivere non est necesse.

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