Escénicas

Respiro, el último pecado

Aillón escribe sobre la más reciente puesta en escena de El Alto Teatro, dirigida por Freddy Chipana, presentada el pasado fin de semana en Sucre.
domingo, 30 de septiembre de 2018 · 00:05

Alex Aillón Escritort

El libro del box de la literatura es un libro donde todos son derrotados. Derrotados por las circunstancias, derrotados por sus oponentes, pero sobretodo derrotados por la vida y por el tiempo.

No hay juventud tan rápidamente desperdiciada como la del boxeo. Basta ver el clásico relato de Jack London Por un bistec, donde su protagonista Tom King es derrotado por el hambre, por el destino inevitable de la pérdida, igual que Jack London, quien prefirió suicidarse a los 40, morir por K.O. antes que perder por puntos.

Hemingway, que al parecer no era un peleador limpio, nos enseñó en Cincuenta de los grandes, que no se puede vencer sino es con engaños a la vida (el más sucio de los contrincantes). La edad de Jack, su protagonista, y su resignación son parte del relato que pesa sobre su carrera, pero el box hace amigos a muerte, seres leales, leales con la vida, con el amor, con sus relaciones.

Al final, por qué no ganar algo si igual vamos a perder, hay que jugarle de manera inteligente a la vida, como un combate, si no, no aguantarás, no llegarás al final de la batalla.

O quizás llegues, sí, como El Torito del cuento de Cortázar, en el delirio y el recuerdo de las glorias pasadas, de la alegría perdida, de la salud irrecobrable, haciendo un recorrido desde niño, desde tu infancia, hasta los tiempos más gloriosos, hasta el punto en que el box te hizo más que un ser humano, te hizo creer que eras un dios, para luego postrarte definitivamente, para recordarte que aquí nada es para siempre, que aquí no hay victoria definitiva, que la victoria está sólo en los periódicos, en las revistas, y que son tan duraderas y efímeras como esa primera página en la que alguna vez salió tu fotografía.

Se podría decir que de todos estos elementos y más está compuesta la entrañable obra de Freddy Chipana, Respiro, el último pecado de Alto Teatro, presentada este fin de semana en el teatro Tres de Febrero de Sucre.

Respiro es la historia de Mario Rocky Arguello, (Jorge Jamarlli) boxeador, un camorrero también fuera del cuadrilátero, que resuelve todo a puño limpio, como su manera de vivir. Pero también es la historia de una amistad, su amistad con Grillo (Omar Lafuente) su entrenador, sus encuentros y desencuentros.

Ambos hacen un inventario de su vida, de sus relaciones perdidas, de sus ausencias, de sus alegrías y, como no, de sus pequeñas y grandes victorias.

Había leído mucho sobre box, había visto películas sobre box y hasta poemas sobre box (Apollinaire hizo unos hermosos poemas con forma de boxeador; Eduardo Elizalde llevó el amor a los cuadriláteros; Rafael Acevedo hizo de una carnicería en el Caesars Palace una hermosa balada; y Nicolás Guillén cantó su pequeña oda a un boxeador cubano), pero jamás había visto una obra de teatro que tuviera como eje fundamental el “hermoso arte del aporreo” y debo confesar que estoy encantado por la efectividad dramática de este trabajo que “vuela como una mariposa y pica como una avispa”.

Chipana sabe dirigir a sus actores como quien dirige a sus pupilos dentro del cuadrilátero. A veces fajadores y a veces técnicos, según la obra lo requiera. Tanto Jamarlli El Turco como Omar Lafuente (reemplazo de Rubén Chuña Iriarte) conocen su oficio y lo ejercen con solvencia en esta pieza que ha sido el éxito teatral del año en tierras argentinas.

Chipana y El Turco retornan a Sucre para un match con la memoria, con el pasado, con su pasado, ese pasado que los ata a esta parte de Bolivia de manera definitiva, pues ambos se formaron en las filas del Teatro de Los Andes y comenzaron sus carreras como actores en Yotala y en el Tres de Febrero, sobre estas mismas tablas. Volvieron, además, para rendir homenaje a quien consideran su maestro y amigo, Paolo Nalli, junto a sus compañeros Alice Guimarães, Gonzalo Callejas y Lucas Achirico.

Nunca tanta risa entre tanta lágrima. Una noche memorable con una obra que es un viaje a lo más básico y esencial de las relaciones humanas, el amor, la amistad, la familia, los sueños rotos, pero también la redención, porque pese a todo, la vida puede ser una desgraciada, pero siempre te da la oportunidad de una revancha y tienes que estar preparado para ese combate. Cambiarte. Respirar. Calentar. Concentrarte. Salir a matar o a morir.

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