Etcétera

¿Cómo somos?

Carlos Decker-Molina elabora su lectura sobre cómo es el boliviano fuera del territorio nacional.
domingo, 09 de septiembre de 2018 · 00:00

Carlos Decker- Molina Periodista boliviano radicado en Suecia

El ensayo de Henry Oporto sobre el carácter nacional de los bolivianos es un libro con una extraordinaria actualidad, en Suecia, desde donde escribo, hay un debate justamente sobre el “cómo son”.

Mi intención no es reseñar el libro de Henry sino coadyuvar en la búsqueda de ¿quiénes somos?, porque fuimos unos en los 70, son otros en la Bolivia de hoy y somos diferentes en el exterior.

El llamado carácter nacional va cambiando en la medida en que el medio se transforma. Sin embargo, hay rasgos comunes que permanecen a todas las mutaciones, así estén deslavados.

Es interesante, además, saber cómo nos miran los extranjeros, por lo menos los suecos con los que más contacto tengo, aunque voy a comenzar por lo que me dijo un periodista árabe en Siria cuando se enteró que era boliviano. “Tu país es chiquito”.

Cuando le dije que era un poco más del doble de España, retrucó diciendo que Chile era más grande. “Tienen un Nobel, Neruda”, es decir la pequeñez no era territorial.

Cuando estuve unas horas en manos de los Hezbola en Baalbek en el Líbano, por medio de mi traductor, se enteraron de que era boliviano, me preguntaron sobre la guerrilla del Che Guevara. Es decir, Bolivia es un país “chiquito” y es conocido no por Tamayo sino por un guerrillero extranjero.

Luego del golpe militar de Pinochet llegaron a Suecia, muchísimos bolivianos; sin el ánimo de generalizar diría que no fue la clase obrera la que llegó sino la “pequeña burguesía”, por razones modernas voy a llamar clase media, había obreros, pero pocos. Éstos llegaron masivamente después del golpe de García Mesa. Fue entonces que fui invitado por el director del campamento de refugiados de Alvesta a ayudar a dar solución a un conflicto.

Eran mis primeros años en Radio Suecia. El director me dijo: “tus compatriotas son muy llorones, parece que quieren que se los mire como a víctimas permanentes” y lo segundo: “No quieren irse. Por no abandonar el campamento se hacen los enfermos, enferman a sus mujeres o a sus hijos”.

Hablé con muchos de nuestros compatriotas para darle alguna explicación al director. No se querían ir porque vivían en unas casitas tipo chalé de dos ambientes con cocina, refrigerador, muebles simples y elementales como mesas y sillas y algún sofá, tenían el servicio de intérpretes, sus hijos iban a la escuela y ellos también a aprender el idioma.

Desayuno, almuerzo y cena se les daba en unos comedores amplios. Fueron los bolivianos de la iniciativa de hacer su propia comida los fines de semana. Sábado y domingo cocinaban por turnos y trataban de imitar las viandas nacionales como forma de retornar a la patria.

Dejar el campamento, en esas condiciones, implicaba inseguridad, irse importaba valerse por sus propios medios y ese desafío los aterraba, pero, al final salieron. Lo interesante es que todos querían ir al mismo lugar. En esos años las autoridades de migración intentaban dirigir a lugares donde había trabajo, pero no obligaban.

El director sacó una conclusión: “Los argentinos y uruguayos aguantaban a regañadientes los tres meses de introducción a Suecia. Los chilenos se reagrupaban políticamente, a los bolivianos hay que empujarlos para que vayan. ¿Por qué?”

Los rioplatenses eran clase media “revolucionaria”, individualistas que sabían cómo se las iban a arreglar solos. Los chilenos llegaron mezclados y los bolivianos de los ochenta eran mayoritariamente trabajadores. Puede que aquí anote, sin querer queriendo, una concepción clasista. La clase media es por razones económicas e incluso educacionales más proclive a la singularidad, algunos hablaban idiomas extranjeros.

La clase trabajadora no sabe cómo se la va a arreglar en una sociedad que al no comprenderla la mira con hostilidad y recelo por eso se aúpan al más intrépido o al “líder”, se juntan, son “comunitarios” en el sentido incluso de elegir lugar dónde irse a vivir. En la elección jugó un rol importante la militancia. “Si el partido dice que hay que agruparse en Gotemburgo, allá nos iremos”.

La unidad política tuvo su importancia en los primeros años. El núcleo más importante, incluso hoy, es el folklore. Se es más boliviano en la medida en que se practica alguna danza y se organizan carnavales; el de Gotemburgo (organizado por los bolivianos) ha pasado a ser parte de la cultura popular sueca.

El “pasanacu” es otra institución boliviana trasladada a Suecia, llegó también una escultura del Tío de la mina traída por un trotskista como forma de equilibrar la llegada de alguna virgen que provocó “presteríos” inexplicables para los suecos. Sin embargo, el boliviano que, como yo, se quedó en Suecia esta integrado a la sociedad por medio del trabajo lo que no siempre quiere decir que tengan amistades suecas. No cuento con estadísticas, pero estoy seguro, la mitad no ha leído nunca un autor sueco que es la forma más pulida de la integración en un mundo ajeno.

Es importante tal vez definir el concepto individualismo. Suecia por ejemplo es producto de un modelo con un estado fuerte, con organizaciones sindicales y empresariales fuertes, con instituciones independientes y prensa libre sin ataduras políticas, pero, los suecos son individualistas en el sentido de su racionalidad y capacidad de tomar y defender sus actos. El individualismo sueco está amparado y enmarcado por la ley. Hay una palabra sueca que define el carácter nacional de los suecos y es LAGOM, que no solo quiere decir algo así como el justo medio, sino que proviene de “según la ley”, es decir “si la ley dice así, así tiene que ser”. Desde ese punto de vista los bolivianos, por los menos en Suecia, no son individualistas, puesto que buscan refugio en los grupos de folklore, en los partidos políticos (bolivianos) muy pocos militan en partidos suecos. Hay obviamente excepciones sobre todo en la segunda generación que al haber crecido en Suecia es más sueca que boliviana, aunque los padres ejercen de palanca para, sino obligarlos, sugerirles que bailen morenadas o caporales. La burbuja nacional, no es solo boliviana, little Italy, Chinatown en USA y los árabes en Europa.

La actual corresponsal de Radio Suecia en América latina Lotten Collin me dijo “Para mi Bolivia es el país del futuro, pero con el pasado a cuestas, pocos logran juntar su historia con los sueños del futuro”

Otro amigo sueco me dijo “Bolivia es el país de los diminutivos, quizá conlleva un complejo de inferioridad” Otro periodista sueco, esta vez de la televisión, vivió en Bolivia donde llegó a los 19 años, tiene un compadre y dejó alguna novia antes de retornar a Suecia: “El boliviano es trabajador, da la impresión de que trabajan todo el día y en todas partes”.

La otra característica según Per Anders Engler es la “distancia frente el extranjero”, esa distancia a veces –dice– puede ser timidez, acritud y enemistad, de contra partida encuentra que los bolivianos son orgullosos de su país y su cultura, honestos a pesar de su pobreza, aunque también se encontró con tramposos y pícaros.

Para terminar esta acotación al excelente libro de Oporto, una anécdota. Viajaba en auto con un joven boliviano de visita, en la carretera había un letrero que me pidió le tradujera, “A 5 kilómetros hay un cámara de control de velocidad”. Se rió a tiempo que decía: “Qué cojudos estos suecos que avisan que hay controles”.

Permítanos un minuto de su tiempo.

Para desarrollar el periodismo serio e independiente, esencial en democracia, que usted aprecia en Página Siete, contamos con un equipo de reporteros, editores, fotógrafos, administrativos y comerciales de primer nivel.

Los ingresos con que Página Siete opera son producto de nuestro trabajo; no contamos con prebendas de ninguna naturaleza.

Si usted desea apoyar el esfuerzo que realizamos, suscríbase a P7 VIP, para recibir de lunes a viernes una carta informativa por correo electrónico, que contendrá un resumen de las noticias y opiniones más interesantes de Página Siete, a un costo de sólo Bs 15 al mes.

Para suscribirse haga clic aquí o llame al número 2611749, en horas de oficina.

9
1