Ficción

Ser millennial, el oficio de la vanidad

Hoy un objeto cobra importancia sólo si es tendencia en Twitter, señala Álvaro Arce Murialdo.
domingo, 09 de septiembre de 2018 · 00:05

Álvaro Arce Murialdo Músico y millennial

El término “millennial” se ha convertido, sin duda, en uno de los más recurrentes en la actualidad. Disfemismo para autores como Simon Sinek o un simple neologismo para los indulgentes.

Como nos ayuda Wikipedia, la generación “Y”, también conocida como Generación del Milenio o Milénica, corresponde a la legión demográfica que sigue a la generación X. Se estima que la integran aquellos nacidos entre 1982 y 1996.

Tolerantes y capaces de adaptarse sin trauma a cambios culturales y sociales, son testigos de la globalización, la clonación y el cambio climático. No obstante, viven el 90% de su tiempo online y las redes sociales influyen en todas sus decisiones.

Buscan entretenimiento inmediato donde quieran y cuando quieran. Frente a un catálogo de mil películas, optarán por las diez de su interés. Lo que conlleva a una desaparición –cada vez más feroz– de los medios de comunicación tradicionales.

Ahora 280 caracteres (de Twitter) son suficientes para que un millennial esté informado, lo que podría explicar el desvanecimiento de diarios físicos y el porqué del universo digital, en el que las notas periodísticas son sustituidas por videos de corta duración.

Hoy un objeto cobra importancia sólo si es tendencia en Twitter, si abunda en likes en Instagram o si es viralmente compartido en Facebook. Lo que compromete una búsqueda constante y casi espiritual de los millennials por un me gusta para creer ser admirados.

Youtube, sitio web dedicado a compartir videos –perteneciente a Google– tuvo un enorme crecimiento en los últimos años. Se convirtió en un tanque de proyección audiovisual, apropiándose de la publicidad tradicionalmente expuesta en la televisión.

Los distintos canales de todo el mundo, mantienen en paralelo todo el contenido de su grilla en la plataforma y se orientan a la publicidad digital. A fin de cuentas, obtienen un mayor rating en línea, que en emisión directa. Pero este fenómeno no esclarece su éxito. Es que YouTube creó un mecanismo innovador, un ejemplo de cómo absorber la coyuntura millennial. YouTube entendió a la perfección la milénica vanidad del ser.

Los grandes youtubers mundiales –todos pertenecientes a la generación “Y”– se jactan de haber creado un trabajo inimaginable en otra época. Cuentan con millones de suscriptores y generan aproximadamente 1.000 dólares en cada video por millón de visitas. Lo que hace que algunos conquisten hasta 400 mil dólares al mes, una locura.

Sin embargo, éstos deben representar el 10% de todos los generadores de contenido de la plataforma. Y es que todos los demás –que no obtienen ningún beneficio– se esmeran en producir guiones, rodar, editar y todo lo que demanda un producto audiovisual, para entregárselo a YouTube gratis. Sabiendo que muchos de éstos son de igual o mayor calidad de lo encontrado en la televisión actual.

Los ‘de peso’ han reclamado un aumento de sueldo, avalando ya más de 50 millones de reproducciones en algunos de sus videos. Una mejor paga, no sólo por la alta clientela, pero por alentar a nuevos youtubers a entrar a este mundo.

La respuesta de la página es clara: “Nadie te llamó para que vengas, nadie va a impedir que te vayas”. Podríamos hablar del peor empleador del mundo tal vez, mas esta situación será eterna en tanto el enfoque de los empleados sea la obtención de likes, por encima de una retribución digna. Conscientes de ser cortoplacistas, los millennials buscan ser trending topic hoy, aunque no lo sean mañana.

“Es posible que no seamos capaces de amar precisamente porque deseamos ser amados”, dice Milan Kundera. Muy cierto. Ahora me voy, que este artículo se ha tornado largo y debo terminar de editar un video para subirlo a YouTube.

Me esperan muchos likes, pero partiéndome el lomo gratis. Ay.

Libros en formato chat, la tendencia entre los lectores millennial

EFE / Madrid

¿Se imaginan asistir a toda una guerra mágica a través de WhatsApp? ¿O enterarse, gracias a la lectura de un chat, de las idas y venidas en la relación más conmovedora? No, no se trata de espiar las conversaciones de nadie: es literatura.

En un acercamiento a las nuevas generaciones, los libros en “formato chat” están tomando cada vez más fuerza. Y no son los únicos: el mero hecho de que las plataformas de lectura digital estén dando el salto de la web a la versión “app”, o la viralización de fenómenos narrativos capitaneados desde Twitter, son algunas de las pruebas que confirman la “mileanización” de la literatura.

Hooked, mensajería hecha libro

En 2016, la aplicación de Hooked tenía casi 2 millones de usuarios en Estados Unidos. Antes y después, ha ocupado posiciones populares en las descargas de la Play Store de Google. Pero, ¿de qué se trata este fenómeno que ha cautivado al sector del público de entre 13 y 24 años?.

Hooked es una app de literatura vía chat. Los mensajes, llamados hoots, van apareciendo en la pantalla del usuario como si se tratara de una conversación real entre los personajes. Así, la historia cobra vida. Sus creadores, Prerna Gupta y Parag Chordia, basaron la idea en la literatura epistolar, y lo hicieron “para que leer sea rápido, aterrador y divertido”.

Los fundadores de Hooked llevaron a cabo un experimento: seleccionaron las 50 novelas juveniles más vendidas y colocaron en un sitio web las 1.000 primeras palabras de cada una. De las 15.000 personas que las leyeron, solo el 35% llegó hasta el final. Un porcentaje aumentó al 85% cuando las subieron en formato WhatsApp.

El escritor juvenil Javier Ruescas, embajador de Hooked, ha defendido este modelo de literatura y las dificultades creativas que entraña: “Hay que tener tantas cosas en cuenta para que los mensajes suenen reales, para que el lector no se pierda; que se tarda mucho más de lo que parece”. El autor, que cuenta con dos novelas que siguen la forma epistolar, aseguró también que se trataba “de las historias más difíciles de escribir, pero de las más fáciles de leer”.

Wattpad: cuna de los nuevos escritores

Si bien las historias chateadas están pisando fuerte, las nuevas tendencias también tienen sitio para escritores que, dentro de la digitalización, tengan un estilo más tradicional. Es el caso de Wattpad, que nació como página web en 2006 y ahora tiene su propia aplicación móvil.

En Wattpad, escritores noveles o experimentados pueden compartir sus creaciones literarias, normalmente novelas originales, con el mundo. También hay lugar para los fanfics (del inglés “fan fiction”), en los que seguidores de alguna saga ambientan sus propias historias.

A través de Wattpad, las editoriales pueden descubrir nuevos talentos, quienes verán cómo su sueño de publicar en físico se cumple. El caso más sonado fue el de Anna Todd, la autora de la saga After que al igual que hizo E. L. James, inspirándose en la saga Twilight para su éxito de ventas Fifty shades of grey, bebió de la banda One Direction y de la figura de Harry Styles, en quien basó a Hardin Scott, el coprotagonista junto a Tessa Young.

El éxito de la primera entrega de After, que ostenta hoy cerca de 450 millones de lecturas en Wattpad, sirvió para que diera el salto al best-seller en papel y publicase otros cinco libros en 15 idiomas: las otras tres entregas de la saga, una precuela, y un spin-off centrado en uno de los personajes secundarios de la novela principal.

Hacia una nueva narrativa

En agosto de 2017, el dibujante español Manuel Bartual se encontraba de vacaciones cuando colgó este tuit en su cuenta personal: “Ando de vacaciones desde hace un par de días, en un hotel cerca de la playa. Iba todo bien hasta que han comenzado a suceder cosas raras”.

A partir de ahí, el autor inició una sucesión de respuestas a ese primer tuit, que ha sido retuiteado 60,000 veces, creando así un hilo que relataba en primera persona una rocambolesca historia de terror, incluyendo fotografías y vídeos para ilustrar su narrativa.

El dibujante, reconvertido en escritor, tuvo en vilo a toda la comunidad tuitera, celebridades incluidas, hasta el desenlace de su relato, tiempo durante el que pasó de tener 16.000 seguidores a rondar el medio millón.

“No esperaba esta repercusión”, confesó Bartual. “Me parece fabuloso porque prueba que Twitter es una herramienta que sirve para muchísimo más” añadió el autor del best-seller tuitero del año, que confesó lo siguiente: “Me temblaban las manos cuando mandé el último tuit”.

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