Reseñ

Historias de las Vacas Locas (parte I)

Vivian Lavín escribe sobre Estampida, un cuento de Márgara Averbach, cuya protagonista es una vaca llamada Lucinda.
domingo, 20 de enero de 2019 · 00:00

Vivian Lavín Almazan Periodista

“Un año antes, nadie hubiera dicho que Lucinda iba a ser leyenda. Un año antes, Lucinda era una vaca más. Una vaca con nombre, eso sí. Vivía en una granja muy chica, sobre un camino de tierra que se hinchaba en remolinos de polvo cuando pasaba alguien y se derrumbaba despacio en el aire como un castillo de sueños cuando se quedaba solo. La vida era buena para Lucinda”. 

Estas son las primeras frases de Estampida. Un libro que relata la vida de una vaca llamada Lucinda que no comprendió lo que significaba su vida en el campo, que no comprendió los pequeños cambios que se sucedían a su alrededor y del empobrecimiento de su dueña, porque “¿Qué puede saber una vaca de dinero?”… curiosa frase que tantas veces escucharon nuestras madres y abuelas que no eran vacas.

 Volviendo a Lucinda, su ignorancia hizo que, sin darse cuenta, pasara de la anciana de manos chicas y suaves a un hombre de gestos bruscos, que fue el que la subió al camión que la condujo a la lechería, su nuevo hogar, si es que esa lechería puede llamarse así. Allí conocería a otras vacas y ya no vería más el cielo despejado… otra de las cosas que Lucinda no pudo apreciar antes porque no sabía entonces lo que era no tener más sobre su cabeza un paño de estrellas y el viento rozándole el rostro.

El cuento de la autora argentina Márgara Averbach consiste en relatar cómo los acontecimientos se sucedieron hasta que Lucinda se hizo leyenda, que es cuando provocó esa correría de vacas por el campo, fuera de los rieles que cruzaba mansamente cada día junto a otras vacas camino a la lechería.

Estampida es un libro ilustrado editado por Claraboya Ediciones, cuyas valientes editoras creen en textos que pueden remecer a lectores atentos. Ese tipo de libro que se dice es para niños pero en realidad es para todos, para todos los que tienen el corazón abierto a lo que los ojos leen. Un relato que también se lee desde las ilustraciones y bordados de Leslie Leppe Gnecco y que hacen de su lectura una experiencia que motiva múltiples interpretaciones. 

Hay quienes dicen que su autora ha querido dar cuenta de la histórica situación de la mujer y su #No+. Otros, que ha querido mostrar la crueldad con los animales por parte de la industria lechera y cárnica, lo que lo convierte en una suerte de himno del #veganismo. Como hay quienes piensan que es un relato que por su estructura de argumentos y contraargumentos permite a los niños reflexionar en torno al dinero, el miedo y la libertad.

“El día anterior (Lucinda) había visto al miedo por primera vez porque todas las vacas que había visto sobre la rampa del camión eran viejas. Las más viejas en el grupo que cantaba sobre el sendero entre los rieles. Las que tenían menos leche. No las querían. Era por eso que las subían a los camiones gigantescos”, reza en sus párrafos finales el cuento, momentos antes de los hechos que harían de ella una leyenda.

Todas las interpretaciones son posibles, porque no sabemos lo que de ellas dice su autora Márgara Averbach. Sin embargo, lo que ella no sabe, al menos lo que ignoraba ella al escribir el cuento, es que su relato se haría realidad justo en los momentos en los que su libro estuviera en las manos de un lector. Porque como describía textualmente una nota el diario El País: “El pasado 27 de diciembre, una vaca abrió a golpes la puerta del camión que la trasladaba a un matadero en Nueva Jersey, Estados Unidos. 

El animal comenzó a correr por la carretera hasta que  la policía logró inmovilizarla y trasladarla a un veterinario, que curó las heridas causadas por el incidente. Desde entonces, Brianna se encuentra en el refugio Skylands Animal, donde hace unos días ha dado a luz a una ternera llamada Winter.  El personal del refugio confirma que ambas se encuentran en buenas condiciones”.

¿Qué puede saber una vaca de dinero? 

¿Qué puede saber una vaca de cómo la economía desecha a quienes ya no sirven?

Brianna, como Lucinda, no sabían un año antes que serían leyenda. Y acaso, ¿quién lo sabe?
 

 

 

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