Música

¿Existe un nuevo camino para el rock boliviano?

La actual propuesta del rock nacional carece de identidad, de ese ajayu que envolvió a bandas que emergieron el siglo pasado como Lou Kass, Octavia o, yendo más atrás, la emblemática Wara, según escribe el periodista Diego Gonzales.
domingo, 27 de enero de 2019 · 00:04

Diego Gonzales Periodista

En los últimos años el rock paceño y  parte del rock boliviano sufren una falta de identidad importante, no existen sonidos nuevos los cuales encaminen este género importante de la música nacional a ese lugar que hace un par de décadas parecía estar definido, el rock boliviano sigue con los mismos referentes de hace más de 20 años.

Los adolescentes de esta generación marcada por la tecnología no tienen un referente nacional, para los que disfrutan el rock no existe una banda que intente llegar a la gente con una propuesta nueva y que marque un nuevo camino.

La Paz por varios años fue la cuna del rock nacional, con lugares específicos para poder mostrar la música compuesta por las bandas en sus inicios, lugares que hoy en día sólo buscan el mercantilismo con grupos de amigos que sólo hacen tributos a bandas del exterior, que buscan ganar público con interpretaciones de éxitos de otros artistas.

Si bien existen bandas nuevas de excelente calidad interpretativa, la mayoría tiene una influencia muy marcada, algo que genera que muchas de sus canciones suenen muy parecidas a temas famosos de bandas que tuvieron éxito en el exterior. Lo que desvirtúa el camino para llegar a conocer un nuevo sonido del rock boliviano.      

A esto se suma la separación marcada de géneros en la última década, el reggae, el ska abarcaron un nuevo mercado y sumaron fanáticos que tienen una preferencia absoluta por esta música, convirtiéndose en una tribu urbana musical. Desde bandas con sonidos puros de reggae como Suyana o Illapa, entre otras hasta agrupaciones que lograron unir géneros, pero siempre dentro de esta línea como Makurka, que llevó la mezcla entre ska y reggae incluso con temáticas con cierto grado de protesta, consiguieron un lugar en la movida musical paceña.

Mientras que por el otro lado está el metal, subgénero del rock, pero que cada vez se aleja más de éste. En este estilo musical no se puede pensar en que existe una falta de identidad, porque el movimiento del rock pesado boliviano se renueva, existen muy buenas bandas con creaciones propias que no sólo se mueven dentro del circuito  under paceño o boliviano, también tiene mucha salida al exterior.

El blues también en los últimos años se ganó un lugar importante, incluso con festivales dedicados al género que se potenciaron con visitas de referentes importantes del género, que dieron fuerza a la aparición de nuevas bandas sobre todo en el sur del país.

Son los tres ejemplos más grandes de la disgregación de los primeros sonidos bolivianos, existen otros subgéneros que aparecen en el movimiento paceño y que probablemente tampoco se puedan reunir en un ambiente, por la cantidad de seguidores.

Pero hoy en un mundo cada vez más globalizado con la aparición de la tecnología y la facilidad de conseguir música de otros lugares del mundo es poco frecuente escuchar en reuniones de jóvenes canciones que marcaron la época más importante del rock boliviano, como  Después de Ti, de Coda 3, Escrúpula o No reces al sol de Lou Kass, incluso Nunca creí en el amor de Dixi, temas que hasta principios del 2000 eran infaltables en las guitarreadas.

La historia del rock en Bolivia comienza con los sonidos psicodélicos del rock norteamericano que era traducido por bandas de jóvenes en los años 70, un poco más adelante la aparición de íconos como Clímax y el importantísimo Gusano Mecánico o Wara con su primer disco El Inca daban los primeros avisos de un cambio en la música boliviana.

Incluso apuestas más arriesgadas como el de Gabriel Dávila, más conocido como Amante Gitano que grabó el primer disco solista de metal en Bolivia, en el que destacó el tema El rey del rock and roll, uno de los himnos de la última década del siglo pasado.

Los adolescentes de finales del siglo pasado vivieron una de las rivalidades más importantes de la historia de  la música boliviana, la que comenzaron Lou Kass y Coda 3 las dos bandas más renombradas de la historia al menos en la sede de Gobierno y parte del país.

La primera con una mezcla de funk, reggae y sonidos de guitarras que se hicieron característicos en varias bandas que buscaron seguir su legado, mientras que Coda 3, que luego cambió de nombre a Octavia, intentaba llevar el rock boliviano a una fusión del mismo con instrumentos nativos y con tonadas autóctonas que convirtieron varios de sus temas en verdaderos himnos de juventud y canciones infaltables.

Contemporáneamente en Cochabamba y Santa Cruz salían a la luz bandas como Sacrilegio y Track, referentes del género en esos departamentos, pero, a diferencia de las agrupaciones paceñas, estas tenían sonidos más alineados al lado del metal o rock pesado.  

Estas cuatro bandas son hasta ahora  las principales referentes del rock boliviano, salvo Lou Kass que desapareció a mediados de la década de los 90 y tuvo un par de reencuentros que deleitaron a su masivo público, pero que fueron efímeros.

 La separación de este grupo paceño generó una ramificación interesante del género, Martín Joffré, quien llevó los sonidos de su bajo acompañado de una temática religiosa a Tejilah, el vocalista Christian Krauss, quien luego de una larga etapa fuera de los escenarios formó una banda homónima, Rodolfo Ortiz, quien  fue uno de los precursores del reggae en Bolivia con Lapsus.

Pero quizá el aporte más importante desde la separación de Lou Kass fue la creación de Llegas, proyecto de Rodrigo Grillo Villegas, banda que tuvo 12 discos y una reedición, cada uno con sonidos distintos y una nueva forma de reinventar los sonidos.

Desde 2017, Villegas cambia su forma de hacer música y deja el proyecto Llegas para comenzar otro sólo con su nombre y presentar su disco llamado Yo es otro, otra ambiciosa propuesta para descubrir un nuevo camino a la música nacional.

Octavia mantiene su línea, el disco sacado el año pasado que recopila 10 canciones icónicas de la banda, pero en un formato sinfónico, sin lugar a dudas ingresó en un sitio privilegiado de los lanzamientos de 2018.

Luego de más de cuatro décadas de rock en nuestro país, seguimos con los mismos referentes del rock en Bolivia después de varios años, con clásicos que pasaron de generación en generación, sonidos que con sólo escuchar un par de acordes reconocías la línea del rock boliviano, lo que ahora no ocurre, los adolescentes de hoy no tienen nuevos referentes del rock boliviano.
 

 

 

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