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No es 2019 o el anacrónico future-noir de Blade Runner

La autora escribe sobre el tiempo en algunas imágenes de la película que Rydle Scott estrenara en 1982 y que están ambientadas en 2019.
domingo, 06 de enero de 2019 · 00:04

Lucía Querejazu Historiadora de Arte

Los Angeles 2019. Finalmente los años nos han traído al futuro de Blade Runner (Ridley Scott, 1982). La cadena noticiosa CNN en español ha hecho una comparación entre Blade Runner y el presente buscando las similitudes, un ejercicio primario con un resultado previsible: no, nuestro 2019 no es como el de Blade Runner y eso es porque el futuro de Blade Runner es una reformulación del pasado como metáfora estética de la circularidad del tiempo.

El diseño de espacios en la película nos da pie a ejemplificar en este futuro pasado de Scott, como con el notable el de una pirámide escalonada, de tipo maya, para dar hogar a la corporación Tyrell. Estos espacios carecen de las superficies lisas, blancas y estériles por las que optan otras películas futuristas, aunque hay que conceder que los espacios estériles están más asociados a un futuro extraterrestre que a una realidad terrestre. 

En cuanto a los espacios de Blade Runner destaca la utilización del motivo decorativo que el arquitecto Frank Lloyd Wright utilizó en su diseño de la casa Ennis (inspirado a su vez también en los diseños mayas). Fragmentos de este diseño se usaron para los interiores tanto de la Corporación Tyrell como para el departamento de Deckard (protagonista) en el que se ven molduras de esta casa.

Por otro lado, es sabido que Ridley  Scott se inspiró en la pintura Nighthawks  de Edward Hopper para crear el ambiente de su película. No sólo será esta pintura sino en general la obra del pintor norteamericano la que imbuya a la película de la inefable soledad que reflejan sus representaciones humanas y la desconexión que genera la ciudad. La constante utilización de intensos claroscuros también dirige nuestra memoria visual a la pintura flamenca de los siglos XV y XVI. Estos espacios son perfectamente flamencos en tonalidad y composición y hoperianos en ambiente. Al punto de estar prácticamente compuestas de igual forma, guardando piezas vitales de información a plena vista pero velados por espejos, reflejos, imágenes distorsionadas. 

Los espacios no son sólo lugares donde uno vive, también son regiones imaginarias o del imaginario colectivo donde se sitúan nuestras utopías y también nuestras distopías. En el caso de Blade Runner la composición del futuro distópico de 2019 se construye a base de lugares y formas de la primera mitad del siglo XX, probablemente uno de los periodos más creativos, y es por ello, por estar compuesto de imágenes de otro tiempo, que esta proyección es tan extraña porque una imagen, cualquiera, lleva consigo cargas de información. 

Así, una moldura de F.L. Wright evoca a un pasado maya y a la vez nos evoca a la arquitectura del notable arquitecto norteamericano y ahora, a  su vez, nos evoca el departamento de Rick Deckard en Los Angeles en 2019. La imagen es perfectamente anacrónica, nos trae tanto el pasado como el futuro del pasado y el futuro del presente y el presente, ya que todos estos giros referenciales se dan en la mirada del espectador en tiempo presente.

Según el antropólogo Hans Belting los lugares llevan consigo todas las historias que sucedieron en ellos, y son las historias las que hacen que esos lugares sean memorables. Es posible que la casa Ennis de F.L. Wright sea más memorable por Blade Runner que por sí misma precisamente por la historia que se desarrolla en ese ambiente (aunque sea ficticia). El exceso de información y la acumulación ciega de datos en tecnologías nuevas, en memorias falsas, archivos digitales están alimentando la pérdida de relación entre el pasado y la memoria como instancias de un tiempo transcurrido, por lo que la casa Ennis con sus diseños mayas no evocan el pasado, sino  el futuro y si evocan el pasado es el de 1982, no el de 1432 o el de 1932.  

El pasado ha perdido su lugar, el futuro ha perdido el suyo también, sólo existe el presente en todas sus posibilidades temporales y mediales. En situaciones en las que uno ya no puede asociar un lugar con su experiencia temporal y las memorias se mezclan con la imaginación, ésta completa las carencias de memoria con ficción. Y si la memoria, intervenida por la imaginación, está influenciada por la ficción entonces el Yo que todavía puede recordar es también ficticio.

 

 

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