Homenaje

Con toda mi devoción, María Núñez del Prado

Las autoras presentan un homenaje a la escultora Marina Núñez, quien nació el 17 de octubre de 1908. Marina realizó más de 160 exposiciones individuales, destacan.
domingo, 27 de octubre de 2019 · 00:00

 María Isabel Plata y Patricia Flores 

 

Marina Núñez del Prado, la más grande escultora de Bolivia, nació  el 17 de Octubre de  1908. Estudió en la Academia Nacional de Bellas Artes, donde tuvo excelentes docentes, como Alejandro Guardia, Luis Baya y Guillermo Vizcarra, y frecuentó a intelectuales, artistas y compositores de la primera mitad del siglo XX.

Siendo joven, la magnificencia arqueológica de Tiawanaku la conmovió profundamente y marcó su sensibilidad para escoger el lenguaje de la piedra con el fin de expresar su arte:

“Todo aquel universo de piedra, todo aquel mundo alado de Tiawanaku o Chucara como lo denominaban los milenarios aymarás, me parecía que me estaba revelando su inmemorial secreto, su mensaje conmovedor y telúrico. Todo el ancestro me parecía que palpaba y exploraba mi sensibilidad y desde entonces soy una convencida del lenguaje de la piedra, lenguaje en el que vivo empapada como una esponja, tratando de expresarla en mi arte que todavía no ha podido traducirse en proporciones de mole de la montaña”.

“Admiro todos los ‘ismos’ de todos los grandes  maestros contemporáneos, pero sería falso en mi adoptar una postura que no esté de acuerdo con la diversidad de factores que han conformado mi carácter y mi espíritu. (…) Puede que obedeciendo a los trazos subjetivos que parecen exteriorizarse en las montañas y en los paisajes de estos altiplanos bolivianos, mi obra esté dentro del marco de la escultura abstracta, pero esta actitud emerge de las penumbras relampagueantes de la subconciencia, sin un deliberado afán de buscar originalidad” (Texto: Marina Núñez del Prado).

Gracias a esa inspiración,  Marina Núñez del Prado esculpe  y expresa la identidad del habitante andino, sus mujeres y  hombres, con la mística telúrica que los rodea, la montaña, el viento, el paisaje y el ritmo de sus movimientos que imprimen el carácter de sus obras. La representación de las mujeres expresada en la maternidad o los torsos desnudos resaltan la sensualidad y fuerza femenina, dependiendo del material que escoge.

Marina realizó más de 160 exposiciones  individuales, en los más destacados espacios de arte del momento: Museo de Arte Moderno de São Paulo en Brasil (1951 y 1957), en París en el Petit Palais (1953); en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro, el Museo de Bellas Artes de Caracas. Participó en la Bienal de Sao Paulo 1953, 1955 y 1965: expuso en la Bienal de Venecia en 1952 y 1956; en la bienal Interamericana de Arte, en México DF, 1960; en la Bienal de Tokio de 1977; en Madrid, 1992.

Conoció a protagonistas del arte y la cultura: Gabriela Mistral, Diego  Rivera y Frida Kahlo,  Alfonsina Storni Rafael Alberti, Oswaldo Guayasamín, Constantino Brancusi, Alberto Giacometti, Fernand Leger, Picasso, Salvador Allende o Albert Einstein, entre otras figuras emblemáticas del siglo XX.

Marina cumple su comisión natural y sobrenatural de doblar un rostro, un torso o un cuerpo entero. Como en los mitos, ella nació para el menester de leer lo evidente al vuelo, y de rastrear lo escondido, sacándolo a la luz y labrada toda ella por la luz de los Andes, ha añadido al don de lugar su lealtad hacia la raza indígena. 

Gabriela Mistral, Premio Nobel: Retrato de Marina Núñez del Prado, La Nación, Buenos Aires, octubre 1952.

El  legado extraordinario de Marina Núñez del Prado, en un acto de justicia con nuestra artista, con su legado,  con el Patrimonio Cultural de La Paz y del país, volverá a brillar, honrando su memoria y su historia  gracias a gestiones de la Fundación del Banco Central, abriendo nuevamente las puertas de su Casa Museo, en la que depositó no sólo su magnificente talento traducido en su obra, sino también el legado, la obra y memoria de sus padres,  el arte de su amada hermana Nilda y la generosidad de sus hermanos.

Querido pueblo de Bolivia: a ti, en tu ética, en tus rectores que efectivamente te representan y te viven,  como te reprentan  tus artistas e intelectuales que te aman, entrego esta Casa Museo Núñez del Prado, formada sagradamente en memoria y homenaje a mis padres.  Te la entrego para que conmigo y después de mí la cuides y la defiendas: la veneres.  Para que también la muestres a quienes visiten nuestra tierra y en ella aspiren uno de los tantos hermosos mensajes que tenemos para obsequiarles. (…)

  Flaño, Álvaro, 1973, Eternidad en los Andes, Memorias de Marina Núñ˜ez del Prado, Editorial Lord Cochraine, Santiago – Chile.

* Información Bolivia: Los caminos de la escultura, 2009,  Pentimalli, Michella, Marina Nuñez del Prado, Fundación Simón I. Patiño.
   Flaño, Álvaro, Op. cit.

 

 

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