Aullidos de la calle

¿Es un hermoso día?

domingo, 10 de noviembre de 2019 · 00:00

Mónica Heinrich V. Reseñista y cinéfila de corazón

Quiero hablarles de una película. De una película y de una tarde gris. De una película, de una tarde gris, de un mes gris, de un país gris y de un momento.

It’s such a beautiful day es una película de esas que te revolucionan de alguna manera. Que en una tarde gris viviendo un mes gris en un país gris te arrancan una sonrisa. Que, sin quererlo, hace un momento trascendente. 

No recuerdo ni cómo ni porqué la vi, solo sé que en esa cinefagia que me aqueja a veces me topé con esta pequeña joyita y fui feliz. Porque sí, ante un hallazgo así solo se puede ser feliz. Y hoy que la situación nacional nos tiene sin la posibilidad de ser felices, esto de ser felices es un regalo. 

Lo de Don Hertzfeldt es inaudito. Hay que decirlo: solo alguien muy osado, pendejo e hijo de puta puede hacer lo que él hizo.

Con una técnica absolutamente austera, el tipo tiene la capacidad de transmitir más que cualquier extra-computarizada animación actual. Lo que ves son solo palitos y figuras geométricas, todo en blanco y negro o matices de gris, a veces mezcladas con imágenes reales, y a través de esa simplicidad el joven animador americano nos cuenta la vida de Bill.

Y Bill es, así como su presentación, un ser sencillo pasando por etapas de la vida como vos, como yo, como todos nosotros. Estamos ante una vida fragmentada, en una sociedad individualista.

“Camino de la parada del bus Bill vio a un conocido que caminaba hacia él, pero no recordaba su nombre. Empezó a pensar en cosas que decirle cuando estuvieran lo suficientemente cerca. A medida que se acercaron sus miradas se cruzaron sin saber si el otro se pararía a hablar. La persona saludó a Bill, mientras éste mezcló ‘Qué tal’ con ‘Cómo va’: ‘Qué va’. Confusa, la persona farfullo ‘Gracias’. Antes de saber qué responder a Bill se le atragantaron las palabras y respondió ‘Wey’. Se giraron torpemente y siguieron, ya seguros de que el otro no pararía a hablar. Nunca se volvieron a ver, y al día siguiente ya lo habían olvidado todo”.

Es fácil conectarse con Bill, con el Bill niño, con el que recuerda a su abuela, con el Bill que ama sin ser correspondido, con el Bill enfermo, con el Bill atemorizado por los cambios, con el Bill al que le suceden muchas cosas o no le sucede nada, con el Bill solo ante el universo. Ajá, estamos solos en el universo.

Bill puede ser cualquiera. Vos, yo, cualquiera. Y eso es lo que engancha, esa habilidad del director/animador de leer con absoluta precisión los más insondable terrores del ser humano contemporáneo. 

Este es un trabajo de cinco años que se inicia en el 2006 con el cortometraje Everything will be Ok, que continuó el 2008 con I’m so proud of you y que finaliza con It’s such a beautiful day el 2011. Juntos formaron lo que el animador llamó “La trilogía de Bill”.

En el 2012 Hertzfeld decide juntar esos tres cortos y lanza la película: It’s such a beautiful day.

En el 2015 la vi por primera vez y deseé que todo aquel ser vivo que conocía la pudiera ver. Y hoy, me parece que es un buen momento para sacarla de mi memoria y ponerla en el ahora. En esta ahora gris y triste, donde una vez más queda claro que estamos solos ante el universo.

No voy a mentir, a pesar del humor negro que maneja, la película te deja nostalgia en el mejor de los casos, o sino te anega en llanto. Quizás sea el cadáver de tu niño interior lo que provoca que tu cuerpo adulto sufra al ver los palitos y figuras que conforman la vida de Bill. No sé. ¿Y la felicidad?, te estarás preguntando con mucha razón, la felicidad está en la emoción que te provoca este pequeño gran trabajo animado, está en una experiencia inédita con una animación que posee una mirada clara y personal sobre el mundo, y la certeza de que en esta vida, lo bueno y lo malo pasa, vos pasás. Mal o bien, todo pasa.

Después de apenas 62 minutos, cuando Hertzfeldt concluye su “hermoso día”, te dan ganas de correr hacia la pantalla y darle un abrazo. Un abrazo que llegue a Bill. O quizás es al revés, quizás lo que deseás es que los delgados bracitos de Bill se aferren a vos y no te dejen ir.

 

 

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