Lecturas

Mapocho o el esplendor de Chile

Una lectura, desde Chile, a la novela de Nona Fernández recientemente publicada en Bolivia por la editorial El Cuervo. La obra desvela un país a punto de ebullicionar que, ahora lo vemos, ebullicionó.
domingo, 03 de noviembre de 2019 · 00:00

Lina Meruane Escritora

El  himno nacional chileno augura un “futuro esplendor” en la única estrofa que aquí todavía entonamos. Basta con parar la oreja para oír el eco de esos versos que por fin parecen haberse cumplido, y que ahora celebran la prosperidad del “nuevo Chile”.

Con asombrosa complacencia (y descuido) la prensa ha diseminado las estadísticas sin hurgar críticamente en realidades que se disimulan entre tanto número. Es cierto: la celebración mediática (y política, claro) del “nuevo Chile” no es exclusivamente local: es un hecho que se repite en todos los países que han experimentado por primera vez en su historia sucesivos años de “desarrollo sostenido”. Pero por más que se quiera, el “viejo Chile” no ha desaparecido. Sigue soñando otros destinos (culturales, sociales, económicos) para la nación. Es un Chile (viejo pero también contemporáneo) que hace peligrar el “nuevo” mito.

Es un Chile que no sale en la foto ni aparece engominado en la tele; al que le va bien y mal en otra escala de valores; que no le ha ganado a nadie pero celebra sus pequeños triunfos; que no se sube al carro alegórico del “nuevo Chile” porque nunca fue ése su fin, porque le toca irse colgando de una micro. Y ese Chile, señores y señoras, también es Chile. Precisamente este complejo país es el que ciertos narradores “nuevos” ponen en escena, cuestionando las mentiras históricas que han habilitado la presente imagen de Chile.

Mapocho es una de esas novelas que desmontan con audacia y desparpajo la mitología nacional chilena. Nona Fernández (la autora de este libro) presenta un Santiago grotesco (pero también tierno), donde confluyen todos los tiempos y las víctimas que el sucio río no acierta a llevarse. Una pareja de hermanos incestuosos, un historiador embustero y suicida, vecinos quemados en una encerrona militar, jugadores de pichanga muertos a tiros, una joven violada, travestís desterrados por el general Ibáñez, presos esclavizados para la construcción del Cal y Canto, y un Lautaro   decapitado que sigue regresando a caballo a la Plaza, donde su cabeza fue puesta a podrir: todos ellos deambulan trágicamente por la estructura cíclica de la novela.

Con una destreza alucinante, la narración intenta poner las cosas en su sitio. Mapocho plantea que la traición y la mentira como prácticas sociales constituyentes han pervertido el valor de lo comunitario. Mapocho denuncia la escritura de nuestra historia como un repugnante ejercicio de propaganda oficialista, como la versión manipulada, y luego empastada, que ha tachado justo a quienes empalizaron el mito del progreso a costa de sus vidas y de su olvido. 

Mapocho reinstala a todos esos protagonistas en nuestra contingencia, en nuestro paisaje citadino. Operando a contracorriente, esta obra ficcional viene a recordamos ese otro país, ese que no entiende la historia del “nuevo Chile”.

 

 

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