Impresiones y pareceres

Jaime Iturri y su lectura sobre el EGTK ¿Un apologista del delito?

Esa mirada segregacionista evidencia el racismo ideologizado que profesaban los apóstoles de la liberación nacional.
domingo, 01 de diciembre de 2019 · 00:00

Freddy Zárate Abogado

En el programa televisivo Encuentro con la verdad, conducido por Alberto Salcedo, quien es además, director, presentador de programas radiales y televisivos de canal 27 XTOTV, y sobre todo, líder vitalicio de la congregación cristiana Ekklesía, tuvo hace tiempo atrás como invitado al periodista y jefe de Contenidos de la red ATB, Jaime Iturri. La entrevista adquirió un tono melancólico, en donde Iturri rememoró varios pasajes de su vida, resaltando su incursión al periodismo como militante trotskista. Por lo demás, su postura no fue ajena al cliché convencional de los izquierdistas que anhelan la igualdad y la justicia social para todos sus congéneres.

En dicha entrevista, Iturri recapituló algunos detalles acerca de varios artículos publicados en el periódico Última Hora sobre el Ejército Guerrillero Túpac Katari (EGTK). A la postre, estas notas conformaron el cuerpo del libro dedicado a la guerrilla aymara.

 Después de más de dos décadas de su divulgación, Jimmy Iturri manifestó al pastor Salcedo: “Hoy es uno de mis sueños volver hacer una edición de ese libro, pero mucho más complementada, en esos tiempos yo no conocía a los actores, tenía sus libros, sus declaraciones, etcétera, después poco a poco los fui conociendo, soy amigo de alguno de ellos y tengo mucha más información”. 

Seguidamente, Salcedo pregunta: “¿Qué te gustaría añadir a ese libro?”, Iturri responde: “Los testimonios de ellos por ejemplo, del ala de García Linera, lo que fue su estructura en México, como se viene, y también lo fascinante que es Felipe Quispe y su propia estructura, sus peleas, el momento en que deciden entrar a la guerra, sus conflictos, y ellos que tenían comunidades aymaras que habían jurado ir a la guerra, etcétera, (pero) cuando caen presos los principales líderes todo eso se subsume y desaparece y de pronto la madurez, particularmente de Álvaro García y Raúl (por) entender que era absurdo seguir el camino de las armas, que el camino era la democracia y mira el resultado donde está cada quien”.

La falta de información del anciano de Ekklesía sobre temas sociopolíticos hizo que el diálogo terminara con varias interrogantes. La versión edulcorada que evocó Jimmy a su pasmado interlocutor merece algunas puntualizaciones. 

Por los años 90, Jaime Iturri publicó el libro EGTK: La guerrilla aymara en Bolivia (La Paz: Ediciones Vaca Sagrada, 1992), que en palabras del autor, estos escritos tuvieron la finalidad de mostrar de manera fiel el pensamiento de los actores de ese nuevo drama en la historia boliviana.

 “La presente obra –asevera Iturri– busca encontrar raíces, respuestas y expone las dudas de un comunicador social, que debe tomarse como un reportaje periodístico más que como un ensayo”. A esto se suma las elogiosas palabras de la periodista Lupe Andrade –en la contratapa del libro–, quien manifestó que Iturri es un “lector fanático, investigador minucioso y apasionado, es uno de los expertos nacionales sobre los temas de insurgencia”.

Al adentrarnos al estudio sobre el EGTK, el autor indica que esta fue una organización político-militar formada a mediados de los años 80. Llegando a iniciar sus acciones de lucha a partir del 23 de junio de 1991 (“El EGTK anuncia el inicio de la guerra comunitaria con el colgamiento de tres gallos rojos en la ciudad de El Alto”). Finalizando abruptamente sus acciones turbulentas el 12 de octubre de 1992 (“En previsión a posibles movilizaciones, autoridades de la penitenciaría, ordenan que los presos implicados (…) sean incomunicados y llevados a la denominada Muralla (penitenciaria de San Pedro); lo mismo sucede con las mujeres en el centro de rehabilitación”). 

Con referencia al campo de acción del EGTK, ésta gravitó en cometer atentados dinamiteros a torres eléctricas, monumentos y asaltos a remesas. Estos hechos no pueden ser calificados como una “guerrilla aymara”, en el sentido estricto del término, ya que una guerrilla tiene una estrategia militar con grupos de combatientes armados cuyo objetivo es debilitarlo o vencerlo mediante una guerra de desgaste. Bajo este contraste, el EGTK se redujo al accionar de un grupo de terroristas que profesaban un enigmático discurso marxista- indianista, que al corto tiempo fue desarticulado. 

Las principales propuestas políticas del EGTK consistían en “la expropiación de la propiedad privada para entregarla a los trabajadores y la construcción del socialismo basándose en la propiedad comunal; propugnaban el autogobierno comunal con su propia Policía y FFAA salidas del seno de la comunidad; plantearon desarrollar la guerra popular prolongada, del campo a la ciudad para la toma del poder”. 

También se puede advertir los sesgos racistas que pregonaban al categorizar “a la clase dominante como k’ara burguesa, tomando en cuenta por un lado, que es dueña de los medios de producción, y por otro, que está íntegramente compuesta por mestizos con rasgos predominantemente blancoides”. 

Esta mirada segregacionista evidencia el racismo ideologizado que profesaban los apóstoles de la liberación nacional.

Un dato llamativo de la investigación de Iturri se encuentra en la descripción de los integrantes del EGTK, en donde figuran los nombres de Felipe Quispe, Álvaro García Linera, Raquel Gutiérrez, Raúl García Linera, Silvia de Alarcón, Macario Tola Cárdenas, Víctor Ortiz, Jesús Rojas, Santiago Yanique, Silverio Maidana y Félix Arismendi. Además, se tiene un breve esbozo biográfico de los protagonistas mencionados. 

Al referirse a Álvaro García Linera y Raquel Gutiérrez, el periodista  afirma: “Se conocieron en la Universidad Nacional Autónoma de México, donde estudiaron matemáticas logrando licenciarse con un promedio meritorio. Raquel obtuvo, según el diplomado entregado por la UNAM, 9,7 sobre 10 en toda su carrera y Álvaro 9,5 (…). Entre los miembros del EGTK se conoce a Raquel por su capacidad para el estudio y a Álvaro por su capacidad para globalizar planteamientos”.

Años después, la tortuosa figura de Álvaro García Linera empezó a tener una favorable recepción en los medios de masivos de comunicación y en el sector universitario; en ambas palestras, sus acólitos advirtieron como “novedad” académica los temas referidos a los movimientos sociales. 

En este ínterin, los agitados y debilitados gobiernos neoliberales dieron paso a la llegada al poder del Movimiento Al Socialismo (MAS), que fue capitalizado por Evo Morales y Álvaro García Linera. En la llamada “década de oro” del gobierno del MAS, el vicepresidente García Linera ostentó su grado académico de licenciado en matemáticas de forma verbal y en distintos documentos públicos (cédula de identidad, libreta de servicio militar, partida de matrimonio, entre otros). 

El desenlace de este caso tuvo una serie de contradicciones, enredos y desdichos de parte de García Linera sobre la obtención de su diploma académico. La duda terminó cuando el senador Arturo Murillo solicitó y recibió el informe académico de la Universidad Nacional Autónoma de México, que indica: “Hecha una búsqueda de antecedentes se encontró que ingresó en 1982 a la carrera de Licenciado en Matemáticas en la Facultad de Ciencias, cubriendo hasta 1984 el 54,4% de los créditos del plan de estudio”. 

La oposición interpuso varias denuncias en el Ministerio Público contra Álvaro García Linera por el presunto delito de falsedad ideológica, uso de instrumento falsificado y ejercicio indebido de la profesión. Pero las evidencias presentadas no tuvieron eco en la justicia boliviana por estar inmersos en el proceso de cambio. 

Retomando los datos presentados por Iturri sobre la licenciatura de Álvaro García Linera, se puede inferir que esta investigación careció de rigurosidad académica. Pero el asunto no termina ahí. Cuando se hicieron públicos los delitos cometidos por el vicepresidente, Jimmy Iturri optó dejar a un lado este tema. 

Hasta el día de hoy no aclaró el origen de sus fuentes acerca del “excelente” promedio de notas del matemático. Con el tiempo, Iturri acabó como un apologista del delito y defensor del gobierno del MAS, prueba de ello son sus acciones públicas en los medios de comunicación y su olvidado texto referido al EGTK: La guerrilla aymara en Bolivia.

 

 

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