Prometeo en llamas

Mindhunter: el orden en el desorden

Todo detalle aporta a crear una atmósfera agobiante y terrorífica para ilustrar cómo se siente estar a la merced de las palabras de un asesino serial.
domingo, 01 de diciembre de 2019 · 00:00

Adrián Nieve Escritor

Ambientada a finales de los 70 y principios de los 80, Mindhunter (2017) sigue a dos agentes del FBI y una psicóloga que entrevistan a asesinos seriales para desarrollar nuevos métodos para atrapar a los criminales más peligrosos. Basada en una historia real, la serie nos cuenta cómo fue que se crearon los protocolos que hoy en día se siguen para atrapar a esos asesinos que le hablan a nuestro morbo con sus crímenes: los asesinos seriales. Pero el sabor, sorprendentemente, no está en nuestro morbo siendo complacido, sino en cómo se nos muestra esta historia.

¿Cuál es la forma más básica de mostrar un diálogo en una película? El plano-contraplano. Eso es, mostrar a un personaje hablando, luego al otro mientras responde, y así sucesivamente. Porque no importa si eres serie o película, en algún punto tendrás que utilizar este recurso. 

Y mientras más capo es el director, mejor uso hace de algo así de básico. En Mindhunter, David Fincher demuestra por qué ha dedicado su carrera a hacer del plano-contraplano lo más cinematográfico en sus películas y series, de tal manera que la hace tan atrapante como adictiva.

Fincher siempre ha estado obsesionado con llenarnos de información y en sus años como director ha aprendido a hacerlo con cada vez menos palabras. Por eso Mindhunter es una serie que abusa del plano-contraplano en varios diálogos, interrogatorios, charlas, sin nunca hacerse lenta o tediosa. Fincher y el resto de los directores (entre ellos Asif Kapadia) se encargan de que la serie siempre se mantenga emocionante. 

Cada plano cuenta y tiene una razón de ser, no solo por lo que está en cámara, sino también por cómo ésta se mueve, cuándo es que se mueve, en qué se enfoca y qué cosas desenfoca. Si está más cerca, si está más lejos, si seguimos a un personaje, sin en el contraplano vemos a un tercero haciendo una mueca. Todo detalle –por muy pequeño que sea– aporta a crear una atmósfera agobiante y terrorífica para ilustrar cómo se siente estar a la merced de las palabras de un asesino serial.

En Mindhunter no hay nada gráfico, ni grotesco. Solo palabras –habladas o escritas– que encapsulan la violencia y se hacen poderosas por su efecto en nuestra imaginación. Ya lo visual se encargó de atraparnos, ahora es el turno de la trama obsesionarnos con una historia de terror que hará temblar a los psicólogos. A quién sea, en realidad.

En Mindhunter todo está entretejido de tal forma que se crea la sensación de que uno está en ese cuarto, con los asesinos mirándolo a los ojos mientras uno intenta descifrarlos y ellos ya comprendieron que no hay claridad en el caos. Y es así que, a través de nuestra imaginación, Mindhunter nos deja vivir las crisis de sus personajes.

Lo más genial de todo es que, en el fondo, esta serie es más una exploración de cómo puedes entender al Otro sin perderte a ti mismo, que una historia sobre asesinos seriales. Porque lo que en realidad mueve la trama de una serie acerca de interrogatorios a psicópatas y sociópatas es una pregunta: ¿Quién es el Otro? Así, con mayúscula. ¿Quién es ese Otro al que ignoramos? 

Mindhunter busca responder esta pregunta valiéndose de algo tan complejo como los asesinos seriales, pero es justamente valerse de ese extremo lo que hace a esta serie idónea para encontrar una respuesta en nuestro día a día. 

¿Quién es ese tan distinto a mí, con quien compartimos barrio, ciudad, país? ¿Por qué es tan difícil entenderlo? Mindhunter hace sencillo que podamos empatizar –o fascinarnos– con un Otro terrible y, extrañamente –por esa calidad visual que tiene, por cómo la atmósfera se queda con uno–, se hace natural intentar responder esa pregunta, ya sea en tu rutina, tu barrio, tu ciudad, tu país. Ya no buscar al Otro censurable de las redes sociales –ese que puedes bloquear o eliminar–, sino ir hasta donde está ese Gran Desconocido, para comenzar a conocerlo. 

En resumen, se trata de  una muy buena producción, por cómo está pensada y por cómo está hecha. Con una atmósfera que se queda con uno mucho después de que ha terminado un episodio, con una trama que nos muestra los horrores de la burocracia, de la verdad escondida debajo del conservadurismo, esa oscuridad implícita en nuestra sociedad que nos recuerda que, mientras buscamos orden en el desorden, los monstruos pueden ser creados desde cualquier parte. Al menos si continuamos cerrando los ojos para invisibilizar al Otro.