Reseña

Sobre la literatura infantil, de Isabel Mesa

Sí cree en la literatura para niños como género independiente. Es creativa, sensible, inteligente y festiva como autora de cuentos y novelas.
domingo, 22 de diciembre de 2019 · 00:00

Rosalba Guzmán Soriano  Escritora

 

Esta Historia de la literatura infantil y juvenil boliviana es una obra sin precedentes.  Isabel se da a la faena más difícil: darle a la literatura infantil el sitial que no tiene. Los escritores de literatura leen poco, o no leen literatura infantil, como si fuera una literatura chiquita en todos los sentidos, infantil también en sus posibilidades de ocupar un lugar como género de la literatura; pese a que en el mundo existen carreras de literatura infantil, postgrados, especialidades e instituciones que se dedican a ello, en Bolivia aún no se le ha dado ese lugar.

Pero Isabel sí cree en la literatura para niños como género independiente. Es creativa, sensible, inteligente y festiva como autora de cuentos y novelas, mismas que no carecen de una buena dosis de investigación histórica o científica sobre los temas que elige.

En cuanto al campo de la investigación, que parece ser su favorito, asume una posición sesuda, responsable y profunda.

Todo el trabajo y la energía que Isabel pone en sus escritos, en la lectura de todas las obras de cada uno escritores presentes en su Historia, es una búsqueda de información sobre antologías, revistas y publicaciones diversas, además de comentarios de otros autores y reseñas presentes en la página web de la Academia de la que también ella generosamente se hace cargo.

Isabel hace una introducción de cada época, contextualizando y ubicando características de las obras seleccionadas en el momento histórico internacional y/o  latinoamericano. Así, también hace una analogía con escritores del continente o del mundo.

De este modo, podemos entender las motivaciones, los temas recurrentes e incluso cierto estilo en que el género se construye. No está exenta en este estudio esta literatura, como ninguna otra, de los ideales y valores de la época, de la concepción  paradigmática de la infancia, de la dimensión latinoamericana e internacional en que la literatura infantil y juvenil da frutos y avances. Nombres, citas, ilustraciones hermosas, con el dato cuidadoso de las fuentes: autores, editoriales,  ilustradores, tapas de los libros, bibliografía debidamente organizada caracterizan cada segmento de esta obra. 

La Historia de la literatura infantil y juvenil de Bolivia está organizada en dos partes.

Primera parte. Refiriéndose a la época precolombina, Mesa hace una aseveración contundente: la noción de infancia y adolescencia no existía entonces, los niños aprendían de la tradición oral en el contacto horizontal con los adultos y viejos. Toda esa mágica transmisión oral, se daba de manera natural y comunitaria. Según la autora, es recién a mediados del siglo XX cuando se recuperan estos mitos y se los incluye, adaptados, en los relatos destinados a los niños. 

La autora ubica la literatura más juvenil que infantil, de la época colonial entre 1532 a 1825, cuya incidencia se da por la educación en la zona andina, y en las tierras bajas a través de la evangelización. En este punto está el estudio de los géneros literarios de poesía y teatro, textos que llegan a América y de modo especial a Potosí, eran libros para niños, fruto del sincretismo entre cuentos europeos y elementos indígenas. Isabel ilustra el modo en que el cuento popular español se mezcla con otras versiones latinoamericanas.

La autora afirma que muchas novelas de esta época no fueron intencionalmente escritas para niños y jóvenes; más bien fueron lecturas obligatorias en secundaria, elegidas por funcionarios de educación  de la época. Estas obras recogieron el espíritu nacionalista y heroico de aquellos años, impregnados en las obras literarias, tales como Juan de la Rosa de Nataniel Aguirre, La candidatura de Rojas, de Armando Chirveches y Raza de bronce, entre otras.

Isabel clasifica a los pioneros de la literatura infantil y juvenil entre 1925 y 1980. Comienza este sector con un análisis de la literatura infantil y juvenil del siglo XIX y principios del XX (1825 a 1920). Mesa toma autores representativos como Antonio Díaz Villamil, Hugo Molina Viaña, Paz Nery Nava, Rosa Fernández de Carrasco, entre otros. 

Entre el 61 y el 80, Mesa sitúa el nacimiento de la novela infantil en el marco político de América Latina, cuando se da la sucesión de gobiernos de facto en el continente, como el inicio de un nuevo paradigma, el niño comienza a ser considerado como tal, la autora dice “se tomó en serio la creación literaria para el disfrute, el entretenimiento, la ensoñación y la autentificación de la realidad, con lecturas llenas de humor, fantasía, suspenso y misterio que no subestiman a sus autores”.

 De hecho, en esta época en América Latina la literatura infantil fue también un instrumento de los escritores para proyectar y expresar el malestar de sus pueblos,  con estas “inocentes” creaciones literarias escritas con humor y creatividad; obras  que jamás serían leídas por los grupos de poder. 

Isabel Mesa identifica la literatura tradicional y conservadora: una mirada al interior del país entre 1981 y 2018. Comienza este sector ubicando un nexo entre los pioneros y la literatura infantil tradicional con Antonio Paredes Candia, y luego abre otro sector entre los años 1981 y 2017.

Pero no para ahí. Abre una nueva sección dedicada a los libros de ciencia ficción, fantasía y novela detectivesca entre el 2016 y el 18, en que figuran Vanessa Giacoman, Bárbara Antelo y Roger Otero entre otros. Estos autores toman como punto de referencia algunas situaciones actuales psicológicas o el manejo del terror. 

Segunda parte. Está compuesta por la descripción de las instituciones dedicadas a la literatura infantil de entre 1964 y 2018. Luego viene un acápite de investigaciones realizadas entre 1969 y 2018.

La siguiente parte consta de antologías de entre 1900 y 2018, de revistas y suplementos de entre 1940 y 2018, de bibliotecas de entre 1964 y 2018, de editoriales entre 1966 y 2018, y, finalmente, de premios, nominaciones, distinciones y reconocimientos de literatura infantil dentro y fuera de Bolivia.

Este esfuerzo, trabajo de tantos años, regalo generoso para América Latina y el país, solo se puede premiar comprando el libro, y les aseguro además que va a pasarles como a mí. Es un estudio que, teniendo tanto peso, es de lectura fácil y muy placentera. Gracias por eso, colega, y sobre todo admirada y querida amiga Isabel. 

 

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