Encuentros

La civilización es, en parte, fingir

Notas al borde del abismo que abre el fin del 2019.
domingo, 29 de diciembre de 2019 · 00:00

Carlos Decker-Molina Periodista boliviano radicado  en Suecia

 

I

Heidegger nos enseña que somos los invitados de la vida. Tendríamos que aprender a ser buenos invitados, pero no siempre es así.

Les escribo desde una Europa que está muy fatigada, me parece que estamos entrando en la antesala de la irrisión y el escarnio. Ojalá sea sólo un mal sueño.

La voz forastera se está apagando.

Ya no se escucha en silencio.

El lenguaje de hoy no encuentra su voz, no hay encuentros; hay ausencia de caminos para esa voz que la conduciría hacia un TÚ que atiende.

Sin silencio el lenguaje es un gran ruido.

La mirada se va encegueciendo, cree que mira el horizonte, pero ve solo un punto de la pantalla.

Sin voz ni mirada desaparece el cuerpo, lo dijo Kafka antes del nazismo de los 30.

El lenguaje de hoy son como los besos escritos que nunca llegan a destino y si llegan no hay sabor a ninguno.

Estamos en el dintel de una habitación donde el cosmopolita que moraba ha sido sustituido por la autenticidad como si autenticidad seria singularidad.

El nacionalismo que hoy vuelve a despertar como autenticidad, la nueva derecha por un lado y por el otro los movimientos identitarios son reflejos del mismo espejo no-cosmopolita.

El escritor Antonio Muñoz Molina me dijo en las frías calles de Estocolmo:

“Una parte de lo peor del pasado es ahora el presente y parece que va a ser el porvenir”.

II

La lluvia golpea los vidrios de mi cuarto de trabajo, produce un rumor otoñal, pero es invierno, además, no estoy en España estoy en Suecia y la nieve no llegó ni llegará. Lluvia que limpia los vidrios, pero ensucia el futuro porque de prolegómeno de la germinación pasa a ser la confirmación del cambio climático.

Lluvia engañosa que no trae vida sino muerte.

El fuego de Australia o de la Chiquitania es primo hermano de esta lluvia del norte que inunda y corroe cimientos y paredes.

En 1968 hubo un intento en Suecia de eliminar la fiesta de navidad, jóvenes como Greta salieron a las calles de Estocolmo con pancartas que decían Biafra, en alusión a la guerra secesionista que originó la hambruna más trágica de aquellos años.

Los estudiantes de la Escuela de Artes crearon “la Navidad verdadera”, idealistas que pasaron la Navidad con los pobres y marginados sociales de aquel entonces, que comparativamente no eran ni tan pobres ni tan marginados como los de otros países.

La razón de la eliminación de la Navidad era social, con el tiempo la resistencia se fue debilitando hasta que los 80 apareció un movimiento anti-consumista, tampoco doblegó a los cultores de los julklappar (regalos de Navidad)

Hoy los luchadores medioambientalistas anti-navideños no son muchos (la Navidad es uno de los peores enemigos del clima. El consumo es uno de los más grandes contaminadores después de los aviones) Son como Greta, individuos, personas, solitarios con su pancarta anti-consumista.

Los “bondadosos” se paran y les dicen a esos jóvenes solitarios: Ok, tiene razón la navidad es un peligro para el clima y el medio ambiente. Qué les parece si seguimos discutiendo en enero, mientras tanto: ¡Que siga la fiesta!

Esa actitud cínica confirma el título de esta nota-saludo: La civilización es en parte fingir.

III

Salí de la torre de marfil de los libros, un lugar donde me es grato vivir, para escribir estas líneas.

La vida esta llena de deudas y un de ellas es el buen saludo que hay que pagar:

¡Buenos días! ¡Salud! ¡Hola que tal! ¡Feliz cumpleaños! ¡Felices fiestas!

No recuerdo si alguien me dijo o leí el aforismo que dice: “la felicidad requiere que el futuro sea incierto”

¡Claro que yo he sido feliz!

Esa partícula de tiempo que la memoria selecciona, la cuida, la guarda con delicadeza hasta crear la ficción de representar a toda una época.

Como la vida me ha puesto frente a un espejo que envejece, la felicidad me provoca angustia porque tengo miedo de perderla.

Termino con una cita de Schopenhauer:

“Existe un error innato en la creencia de que hemos nacido felices. A quienes perseveren en idea tan absurda, el mundo les parecerá siempre injusto y lleno de contradicciones. Mucho puede ganarse en cambio si a los jóvenes se les ayuda a erradicar la idea de que el mundo tiene todo para ofrecerles”

¡Sigan leyendo! ¡Y los que escriben sigan haciéndolo! No se conformen con creer: constaten, comprueben, critiquen y sobre autocritíquense, es un ejercicio sabio de humildad.

La guerra contra el tiempo es una guerra hecha de batallas perdidas de antemano, pero no quiere decir que dejemos de guerrear.

 

 

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