Historia

Los rostros del autoritarismo, populismo y neopopulismo

Distintos estudios de la ensayística boliviana nos muestran aspectos latentes y recurrentes que tuvieron distintos matices al desembocar en estos fenómenos.
domingo, 29 de diciembre de 2019 · 00:00

Freddy Zárate  Abogado

 Una de las preocupaciones en el campo de la filosofía política es aquella referida al fenómeno del autoritarismo, el populismo y neopopulismo. Este hecho llamó tempranamente la atención del escritor boliviano Tomás O’Connor d’Arlach (1853-1932), que  en su trabajo titulado Rosas, Francia y Melgarejo (La Paz: Gonzales y Medina, 1914),  realizó un análisis comparativo de las dictaduras de Juan Manuel de Rosas de Argentina, José Gaspar Rodríguez de Francia y Velasco de Paraguay y Mariano Melgarejo de Bolivia. 
 

O’Connor d’Arlach afirma que la única semejanza que halló entre ellos es que estos actores políticos llegaron al poder no por el voto del pueblo como lo prescribe la ley fundamental de la democracia, sino por su sola voluntad y audacia, despreciando la voz del pueblo, rasgando sus constituciones políticas y burlándose de los principios republicanos. 

O’Connor d’Arlach, fiel a su época, tuvo la influencia del positivismo francés que consideraba al autoritarismo como una enfermedad de la humanidad. La conclusión a la que llega el autor de principios de siglo XX, es que sería imposible tener otra vez en el espectro político un Rosas, un Francia o un Melgarejo, ya que su estudio estaba destinado simplemente para el recuerdo de la memoria colectiva de estos tres tiranos que fueron –según   O’Connor d’Arlach– superados por la historia.

Pero los distintos estudios esbozados en la ensayística boliviana nos muestran aspectos latentes y recurrentes que tuvieron distintos matices al desembocar en el fenómeno del autoritarismo, el populismo y neopopulismo que fueron perceptibles dentro de la política contemporánea. En los años 90, el filósofo René Antonio Mayorga publicó el libro Antipolítica y neopopulismo (La Paz: CEBEM, 1995), en el cual realizó un análisis comparativo del Perú, Brasil y Bolivia. Los actores políticos que preocuparon a Mayorga fueron Fernando Collor de Melo en Brasil, Alberto Fujimori en  Perú, y el surgimiento de los partidos neopopulistas  Conciencia de Patria (Condepa) y Unidad Cívica Solidaridad (UCS); además del rol del katarismo en el en el sistema de partidos y la democracia pactada en Bolivia. 

Los mencionados estudios tienen como escenario político la democracia. René A. Mayorga,  en sus indagaciones,  percibió que  estos “nuevos” actores se muestran ante la opinión pública con posturas “novedosas”, pero esta forma de hacer política se encuentra inmersa en la “vieja” práctica del quehacer político. 

A estos “nuevos” políticos, la ciencia política los  acuñó con el nombre de outsiders, que son aquellos actores que, estando fuera de los cuadros partidistas y de la vida pública activa de un país, participan por primera vez como candidatos en un proceso electoral. 

Sobre este punto, Mayorga planteó tres áreas de análisis: (1) El discurso político; (2) El contexto político que emergieron estos “nuevos” actores neopopulistas y, (3) Los diferentes impactos y consecuencias de la antipolítica sobre las perspectivas institucionales de la democracia en estos países latinoamericanos.

Años después, esta temática fue retomada por el filósofo H.C.F. Mansilla, quien  publicó los textos Los problemas de la democracia y los avances del populismo (Santa Cruz de la Sierra: El País, 2011), y Las flores del mal en la política. Autoritarismo, populismo y totalitarismo (Santa Cruz de la Sierra: El País, 2012). La tesis central que presenta Mansilla está en que detrás de algo “inofensivo”, “esperanzador”,  o “bello” enfrascado en las posturas populistas,  hay a la vez una constante antropológica dentro de la filosofía política, que es la toma o conservación del poder. 

Como claramente advirtió el sociólogo Max Weber: “El mundo está regido por los demonios y quien se mete en política, es decir, quien accede a utilizar como medios el poder y la violencia, ha sellado un pacto con el diablo, de tal modo que ya no es cierto que en su actividad lo bueno sólo produzca el bien y lo malo el mal, sino que frecuentemente sucede lo contrario”. 

En tal sentido, Mansilla señala: “El autoritarismo y los otros infortunios de la esfera política tienen la suerte de cautivar a muchos intelectuales, escritores y artistas, que, a su vez, se consagran a cantar y a justificar los fastos de estos regímenes. Una parte importante de la población respectiva se siente atraída por diversos mecanismos de encandilamiento masivo que irradian estos experimentos sociales, y los elementos de este hechizo colectivo son percibidos a menudo como flores agraciadas y seductoras”.

Las investigaciones de Mansilla se encuentran enfocadas en mostrar las distintas tonalidades del autoritarismo:

1. El populismo y el totalitarismo inmersos en la religiosidad popular y las tradiciones culturales que juegan un rol peligroso al predisponer a la población a la aceptación de gobiernos y caudillos que piensan y deciden en nombre de los pueblos.

 2. Los ideales igualitaristas y utópicos son muy importantes en el imaginario popular para la conformación de la mentalidad colectiva. Los regímenes populistas los alimentan vigorosamente y, al mismo tiempo, construyen élites muy privilegiadas que monopolizan las decisiones políticas.

 3. Las masas y los intelectuales inclinados a estos gobiernos piensan en oposiciones binarias elementales patria/antipatria, que simplifican una problemática compleja, lo que facilita la manipulación de la población respectiva de parte de las élites políticas.

4. Los regímenes populistas y autoritarios se sirven de ideologías legitimatorias que destacan el carácter único e incomparable de éstos, cuando en realidad estos modelos significan una marcada regresión en el campo histórico y un claro retroceso en el terreno institucional.

El autor coincide con Mayorga al resaltar que las tendencias populistas, autoritarias y totalitarias no son fenómenos recientes, sino que son aspectos recurrentes, constantes y reelaboraciones del ingenio político del siglo XX y principios del siglo XXI. En todo caso, Mansilla advierte que los pueblos –en todas las épocas y contextos– son apacibles y mansos cuando se les promete la anhelada “modernización”, “revolución”, “nacionalización”, “empleo”, “salir de la crisis”, “vivir bien”, etcétera, estos eslóganes  instrumentalizados buscan en el fondo la toma del poder o conservación de la misma.

El filósofo Mansilla  sostiene que los gobiernos de Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela han surgido de elecciones libres y contaron con un amplio respaldo popular, pero este apoyo masivo en urnas no necesariamente es el reflejo fidedigno de la locución latina: vox populi, vox Dei (voz del pueblo, voz de Dios). El autor llama la atención sobre los aspectos adjuntos que traen consigo los regímenes populistas y neopopulistas, que a largo plazo desembocan en la consolidación de una tradición autoritaria y el descalabro de la institucionalidad estatal.

A finales del siglo XIX, el político boliviano Félix Reyes Ortiz dijo en sus Escritos políticos: “Nuestro propósito se reduce a una sola palabra: agradar. Cuántos esfuerzos, fatigas y sinsabores, cuántos desengaños, luchas, crisis y decepciones por las que tienen que pasar los gobiernos para llenar esta misión y está destinado o ligado a una causa que es el pueblo”. 

Contrariamente al razonamiento de los políticos que buscan “agradar” a su electorado, están las voces críticas de cada época que ponen en cuestionamiento los fenómenos políticos considerados como “novedosos” y “libertadores”. Los estudios de Tomás O’Connor d’Arlach, René Antonio Mayorga y H. C. F. Mansilla, nos muestran la complejidad y la recurrencia del tema referido. Tal como lo entrevió René A. Mayorga en los años 90: “El neopopulismo estará mucho tiempo en la palestra y es una temática que constituye un terreno por desbrozar y merece ser objeto de investigación sostenida”.

 

 

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