Café y letras

Un viaje por la literatura boliviana

Un evento reunirá a personalidades que hablarán del periodismo, de la literatura en soportes digitales y de los libros que más se exponen y venden.
domingo, 08 de diciembre de 2019 · 00:00

Ignacio Vera de Rada  Escritor

Junto con los escritores Isabel de Mesa Gisbert, C. Andrés Torrico, Mayra Arauco y Carla María Berdegué, hemos organizado un evento cultural en el que trataremos de abordar la literatura boliviana en su integridad, de cabo a rabo, pese a las limitaciones que nos impongan el espacio y el tiempo. Cada uno hablará sobre una arista específica; Isabel hablará de la literatura juvenil e infantil; Andrés, del periodismo boliviano; Mayra de la literatura que se difunde en soportes y plataformas digitales, y del cómo se difunde; Carla María (que es además directora de librerías Lectura), de los libros que más se exponen y venden en las librerías bolivianas e, igualmente que Isabel, de literatura infantil. Y quien escribe estas líneas  hablará sobre la literatura boliviana en general y su desarrollo cronológico. 

Cada expositor tendrá un lapso limitado para hablar y un reto gigantesco: expresar de manera clara, sintética e integral su respectiva temática. Además, al tratarse este evento de una tertulia literaria y no de una conferencia magistral, el público podrá pedir la palabra en cualquier momento para comentar, interrogar o acotar algo sobre la marcha en torno a tal o cual tema.

Las recaudaciones del evento se irán a la beneficencia. Ése es el fin. Pero el medio para lograr ese fin es el poder compartir nuestros conocimientos y experiencia en el campo de la escritura con el público interesado (ya sea éste especialista o profano), ya que los escritores que organizamos este evento creemos que, por una parte, el país se merece un baño de cultura en un ámbito de esparcimiento sano y creativo luego de haber vivido intensos días de depresión y tensión políticas y que, por otro lado, el conocimiento de nuestra sociedad por parte de los jóvenes o las nuevas generaciones, a través de la cultura –de la literatura en este caso–, es fundamental para crear un vínculo de unidad y una identidad sólida y unívoca para el futuro político. 

Por tanto, aquí escribiré no tanto de lo que hablaré el día sábado 14 de diciembre, sino sobre todo de la importancia que pienso que tiene lo que hablaré ese día.

Siendo que la literatura de cualquier país o nación es el reflejo más fiel de lo que éstos representan y son como entes políticos en una región determinada, y que es la disciplina artística (más que las artes plásticas y la música) que mejor concentra el contenido sociológico de aquéllos, se la debe escrutar no solamente con fines de deleite sino también especulativos. Y se la debe especular no en el sentido semántico de hacer conjeturas sin conocimientos suficientes, sino en el de ahondarla desde los planos teórico y reflexivo. La crónica colonial es, para esta empresa, el gran punto de partida.

Los cronistas europeos que llegaron a Perú y escribieron sus textos ya con un alto bagaje cultural de lo que fue el medio americano, sentaron bases literarias importantes para comenzar a comprendernos como una sociedad plural pero también cohesionada en virtud de ciertos elementos. La crónica es un importante referente a la hora de comprender tanto la construcción de un imaginario como la de un testimonio objetivo y positivista. La construcción de un registro verídico pero también de un imaginario mítico tiene como pionero a Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela, quien describió el Potosí con una imaginación propia del realismo mágico.

La literatura boliviana estuvo influida, desde las perspectivas de su contenido hasta las de su técnica, por la crónica prerrepublicana y el romanticismo europeo de los siglos XVIII y XIX. Podría decirse que, con los años, la literatura boliviana adquiere ribetes de crónica y narrativa ficcional al mismo tiempo, si es que recordamos obras como el diario de campaña del soldado de la independencia José Santos Vargas y Juan de la Rosa, de Nataniel Aguirre, que son textos que tienen de real tanto como de ficticio.

Luego surge una literatura que, si bien sigue tomando para sí las técnicas y los parámetros formales europeos, adquiere un fondo auténtico y ultrarrealista. Así, los libros de René Moreno, Tamayo y Arguedas nos ponen contra la pared como sociedad y deconstruyen la incipiente nación para desmenuzar posteriormente, con juicios darwinistas, cada componente social que integra esa nación, ahora aparente y cuestionable. 

De alguna forma, ese movimiento inicia y más tarde vigoriza una veta cultural propia, que indaga nuestra realidad sociológica y hasta psicológica, pero también introduce un desprestigio de nuestra historia, una que busca saldar cuentas consigo misma y nos desalienta desde el punto de vista de las taras raciales que según aquellos autores poseemos.

Pero si la narrativa y el ensayo de fines del siglo XIX y comienzos del  XX fueron una tribuna de crítica social, la poesía de los mismos siglos fue un arte que, al menos en sus mayores exponentes, sí le rindió verdadero homenaje a la belleza. La obra de los románticos lo testimonian, y, en el modernismo, la de Tamayo y Jaimes Freyre. La Prometheida y Castalia Bárbara, por dar sólo dos ejemplos, son modelos artísticos de una literatura cuyo fin no es el de hacernos reflexionar en torno a quiénes somos o qué buscamos como entes sociales, sino el de llevarnos a los más altos goces sensitivos a los que solamente conduce la estética más universal y más humana.

A partir de aquí nace una diversidad de vertientes y variantes literarias que son fruto, principalmente, de la Guerra del Chaco y la Revolución de 1952. Es, nuevamente, una literatura-espejo, que nos confronta con nosotros mismos y busca amalgamar una identidad moderna.

Las últimas tendencias literarias, hacia el final del siglo XX y comienzos del XXI, tienen que ver con la vanguardia, el existencialismo y el relativismo en el más amplio sentido.

En este texto hemos matado dos pájaros de un tiro: hicimos propaganda de un evento cuyo fin es altruista y analizamos ciertos matices que hacen que el estudio de nuestra literatura desde la especulación honda y teórica sean importantes para el conocimiento de quiénes somos como bolivianos y aun como latinoamericanos. El evento se llevará a cabo en el café Origen, ubicado en la zona Sur de la ciudad de La Paz, y también contará con algo de música en vivo. Quienes son amantes de las letras, la cultura y el café no deberían dejar de asistir. Además, como se tiene ya dicho, al apoyar la cultura se estará apoyando también una causa noble. Porque el arte siempre dignifica y vivifica.

 

 

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