Aullidos de la calle

Una caja llena de oscuridad

The Souvenir es el más reciente trabajo de Johanna Hogg, que relata una experiencia personal, con la enorme actriz que es Tilda Swinton.
domingo, 08 de diciembre de 2019 · 00:00

Mónica Heinrich V. Reseñista y cinéfila de corazón

Esta es una película Moisés, separa las aguas en dos. Por un lado, los críticos o cinéfilos que apreciarán (con tacita de té y dedo levantado) la apuesta formal, el riesgo narrativo, esa cosa de cine de autor que gusta tanto en los festivales, y por otro lado, el espectador común y corriente que pensará que es larga al pedo, insufrible y pajera. Ambos dos tienen razón.

The Souvenir es el más reciente trabajo de Johanna Hogg, una directora inglesa cuya filmografía es una previa a esto, una admonición de que tarde o temprano nos toparemos con esto. Sobre todo en su película Exhibition (2013), veíamos esta onda de cine retratando vidas con las que es difícil conectar y que son parte de los que toman la tacita de té con el dedo levantado.

Pero vayamos con The Souvenir. Podríamos decir que todo queda en familia. Es el relato, escrito por la misma Hogg, de una experiencia personal, vivida por la misma Hogg, protagonizado por esa enorme actriz que es Tilda Swinton, amiga desde la infancia de Hogg, la hija de Tilda Swinton (Honore Swinton) y los perros de Tilda Swinton.

Resulta que tenemos a  Julie, esta chica joven, dulce, de una clase privilegiada que estudia cine y está obsesionada con hacer una película en una ciudad marginal, con protagonistas marginales.

Hogg nos la muestra casi como un personaje de folletería de la chica ñoña nice. Y luego Juan Gabriel podría cantar: “Hasta que te conocí… vi la vida con dolor” porque la señorita ñoña nice conoce a Anthony (Tom Burke) un tipito que a la primera de cambio la cuestiona sobre su película, sobre por qué la está haciendo y le dice cosas como que lo veraz no es necesariamente lo real y que ella, la chica ñoña nice, está enamorada de la decadencia. 

A ese punto, podríamos admirar la audacia en los cortes de edición, el tono frío y ascético de la propuesta, los diálogos “inteligentes” y el “avantgarderismo” de Hogg. A ese punto, también nos damos cuenta de que los personajes hablarán siempre así, y que las relaciones serán este juego de prerrogativas filosóficas de vida. 

A ese punto, descubrimos, algo horrorizados, que habrá una ¿tormentosa? historia de ¿amor?

La película avanza y ocurre algo que voy a lanzar como una bomba de spoiler porque qué más da, para eso estamos y si quieren recibir la bomba de spoiler es responsabilidad asumida: el sujeto resulta ser heroinómano. Hay una escena en que ambos están encamados y ella le ve el brazo lleno de pinchazos y por su cabecita jamás se cruza aquello de “este cojudo le mete duro y parejo”. No. Y así, tenemos en pantalla a la pura y casi virginal Julie buscando veracidad en la realidad del cine y a su lado, sacándole plata, robándole sus cámaras, las ganas de vivir y la inocencia sobre el prójimo, Anthony.

Esta es otra película de ese género llamado coming of age, Julie experimentará situaciones incómodas, raras y tristes, que hasta ese momento habían orbitado alrededor de su vida sin tocarla. A eso alude el título The Souvenir, a un poema de Mary Olivier que dice: “Someone I loved once gave me a box full of darkness. It took me years to understand that this too, was a gift” (Alguien que amé me dio una caja llena de oscuridad. Me tomó años entender que esto también fue un regalo). 

No les voy a mentir, porque a estas alturas del partido para mí lo veraz tiene que ser real, a ratos me desconectaba de la parsimonia y la relacion Ñoña-heroinómano. A ella, a Julie, pude conocerla, pero Anthony está tan desdibujado que me fue difícil sentir empatía o preocupación por su existencia. 

Intuyo que Hogg quería que esa empatía y preocupación sea por Julie, la inocente Julie, pero para poder pactar con el sufrimiento de Julie tengo que sentir algo por Anthony, el que le da la caja llena de oscuridad que le trastoca la vida.

Hay buenos pasajes, ese llanto involuntario cuando viajan a Venecia, la existencia tranquila y relajada a pesar del problema, la negación a asumir que hay un problema, la madre de Julie cuando baja las escaleras y dice lo que dice, la madre de Julie en la cama de espaldas a ella sollozando, creo que en esos momentos la realidad y la veracidad se unen sigilosamente ante nuestros ojos y algo pasa, algo llega a nuestro corazón. 

No les voy a mentir, porque hoy no les quiero mentir, The Souvenir me pareció en general más impostada que veraz o real, aprecio (con la tacita de té y el dedo levantado) la delicada manera en que ha sido filmada, y el cine dentro del cine que se atisba mientras Julie lidia con Anthony, pero cuando llega el final y la oscuridad se despliega cual nube negra en esa escena en la que Julie mira a la cámara y ya es otra, me dejó un poco fría. 

La frase, la última frase que se dice en la película, quizás defina lo que un espectador podrá sentir al verla. “Y si quieres, recuerda… y si quieres, olvida”.