Notas para romperse una pata

Volver a encontrarnos en noviembre: Tinkunakama de Tabla Roja

La risa estalla desde los movimientos exacerbados y desde los diálogos perspicaces. La risa brota desde lo más trágico de la muerte.
domingo, 08 de diciembre de 2019 · 00:00

Fernanda Verdesoto Ardaya Literata y docente UCB

En cualquier relación humana, decir “hola” y “chao” es imponer un inicio y un final, una línea cronológica muy limitada. Pero en quechua, hay dos palabras que alargan al infinito la relación entre dos personas: Por un lado, la palabra “imaynalla”, es decir “¿cómo estás?” que enfatiza en la preocupación por el otro. Paralelamente, existe la palabra “tinkunakama”, que significa “hasta que nos volvamos a ver”. Esta palabra elimina los límites entre las personas, porque hay una infinita cantidad de posibilidades de nuevos reencuentros. En la vida y en la muerte. 

La muerte sólo termina con una vida, no con una relación. La obra Tinkunakama (presentada en el Festival de Teatro Escénica) de Tabla Roja habla sobre estos mismos encuentros que ansiamos tener con nuestros seres queridos cada 1 de noviembre. Porque nuestra relación es siempre un reencuentro. Porque lo necesitamos. 

Tinkunakama es una interpretación libre de la novela El RunRun de la calavera, de Ramón Rocha Monroy, representada en una mezcla de comedia física, comedia popular, clown, Commedia Dell’ Arte. A la vez, es también una reflexión profunda sobre la muerte y sus implicaciones. La muerte que debe ser respetada y temida, que puede ser burlada, la muerte juguetona y mano dura a la vez, y una muerte que de vez en cuando le gusta perrear. 

Tinkunakama juega entre una comedia de teatro popular y una comedia más astuta (con algunos guiños para que nos riamos un poquito de la desgracia reciente), y en todos los tonos, siempre saca una carcajada. Porque eso mismo es lo que estábamos necesitando. La risa estalla desde los movimientos exacerbados y desde los diálogos perspicaces. La risa brota desde lo más trágico de la muerte, y eso es hacer buena comedia. 

Personalmente, yo soy fanática del teatro de máscaras, porque –desde mi infinita subjetividad– no hay nada más tierno que la Commedia dell’ Arte. Las máscaras italianas son de una fineza y delicadeza absoluta. Pero la producción de máscaras de Tabla Roja va por otro lado, tienen rasgos más marcados, líneas de expresión, pelos, narices ganchudas, pómulos marcados (un aire de auqui auquis, de rey moreno, de china supay). 

Porque la perfección y la fineza no van con nosotros, aquí se muestra la gran imperfección, el envejecimiento y fatiga del ser humano que cada día se acerca un poco más a la muerte. Y esta es una nueva razón para seguir renovando y amando el teatro de máscaras. 

La escenografía es como un juguete, es como poder hurgar, armar y rearmar un lego. Marca entradas y salidas, marca el claro límite entre los vivos y los muertos, pero también los vuelve a unir. La iluminación y la paleta de colores (donde abundaban los azules, los ocres y naranjas) dan la impresión de un lindo atardecer rural. 

La música en vivo con una guitarra acústica y un sintetizador (¿cómo pueden combinar? No sé, pero combinan) da esa impresión de fiesta campestre y un antojo tremendo de chicha. Y todos estos elementos resaltan y mucho, y creo que es por el constante y muy bien dirigido movimiento de los actores: movimientos de bloqueo pacífico del más allá, de juegos, de apuestas, de duelo, de baile, de canto y movimientos de reencuentros. 

Los actores experimentan con el movimiento del cuerpo y entre los cuerpos, experimentan y retoman diversos discursos de comedia (como esa linda interacción con el público, tan propia del teatro popular). 

Este juego actoral coordina muy bien con el resto de elementos teatrales y logra despertar en el espectador una mirada mucho más profunda sobre todos los recursos en el escenario.  

Mi primer pensamiento al salir del teatro: No puedo dejar de hacer una mesa para mis seres queridos el próximo año. Esta función estuvo dedicada a las almitas que partieron en los conflictos de este último mes y medio (que pareció diez años). Y para ellas, también una despedida abierta e infinita. Tinkunakama, almitas.

Ficha técnica: 

Director: Ariel Baptista Aranda.

Dramaturgia: Alexia Loredo Cárdenas.

Elenco: Mayra Bautista Paz, Alejandra Quiroz Montecinos, Rodrigo Daniel Prieto Andrade, Ana, Grase TarquiArgani, Ariel Rodrigo Baptista Aranda, Jorge Ernesto Barrón. 

Técnico/operador: Andrés Pacheco Cerezo. 

Música: Diego Fernández Reguerín.

Escenografía: Gonzalo Callejas Oporto.

Iluminación: Miguel Ángel Estellano Shulze.

Vestuario y utilería: Edith Alejandra Quiroz Montesinos (diseño), María Elena Copa y Tabla Roja teatro (confección). 

Diseño y confección de máscaras: Amiel Cayo, Alfredo Iriarte,  Alejandra Quiroz y Ariel Baptista.

Diseño gráfico: Alejandro Archondo, Mayra Vásquez, Ana Grase Tarqui.

Foto y video: Rodney Montoya y Satori Gigie.

Produción general: Mayra Bautista Paz.