Gestiones e Indi- gestiones

La Escuela Nacional de Teatro, sin renunciar a nuestros principios

La loable labor de quienes están al frente de la Escuela Nacional de Teatro no debe quedar únicamente en las aulas. Deben también ser participes de la toma de decisiones públicas, junto con la ciudadanía, para evitar el incumplimiento de los compromisos de las autoridades.
domingo, 10 de febrero de 2019 · 00:00

Claudia Pacheco Gestora Cultural

Las experiencias educativas formales artísticas en el país son contadas, y estas a su vez, se ven constantemente afectadas por la precarización que las instituciones públicas cultivan hacia ellas, el arte y la cultura, y la formación artística, son consideradas un gasto. 

En contraste al discurso que afirma la bonanza económica que vive el país, para fines artísticos y culturales, nos encontramos con argumentos bien justificados, sobre la escasez de recursos para este sector desde la institución pública, es claro, las condiciones para la cultura no son las mejores. Sin embargo, esta suerte, no ha minado la voluntad de los agentes culturales que se comprometen por el bien común, por la calidad, por la profesionalización, en avanzar y crear.

En la villa de la alegría, en el plan tres mil, en Santa Cruz, nos encontramos con una victoria: La Escuela Nacional de Teatro (ENT), la única en Bolivia, que desde 2004 ha establecido una carrera a nivel licenciatura. Es importante poner en evidencia, que la Escuela, cuenta con la infraestructura adecuada para que sus estudiantes puedan cursar las materias correspondientes con calidad, una sala de danza, otra de acrobacia… y claro, un teatro, posiblemente el más grande de Bolivia, cuidadosamente equipado, que cuenta con todas las condiciones técnicas necesarias para que los estudiantes que provienen de todo el país y Latinoamérica, puedan adquirir conocimientos escénicos en una experiencia formativa inigualable.

La Escuela (ENT), además cuenta con un plantel docente, nacional e internacional; este complejo para el estudio del arte escénico, demanda una cantidad considerable de recursos económicos, tanto para el mantenimiento de su importante infraestructura, así como los recursos suficientes para los honorarios, y beneficios correspondientes con la ley para el personal administrativo y docente.

Si bien en nuestro país, la educación de calidad es un lujo, y acceder a una formación con estas características demandaría la una gran inversión; la ENT se fundó con una visión política y una lectura cabal de nuestro contexto. Sus fundadores construyeron este territorio, bajo un modelo de gestión que genera accesibilidad a la educación de forma equitativa. Es así que, el 80% del alumnado recibe una beca, en distintas modalidades, según la capacidad económica de cada quien. Esta característica no es menor, formarse académicamente en la ENT no es un lujo privativo, es el territorio donde se accede a una educación de calidad sin discriminación.

Se concibió la ENT, lejos del victimismo, iniciando una batalla contra la precarización académica, elaborando una estrategia de vinculación con la institución pública, para trabajar juntos, zanjando – o intentando hacerlo-, el eterno discurso de crisis económica que la institución pública tiene siempre a mano para el arte y la cultura. En el ámbito de la conciliación, se desarrolló un convenio que, a manera de estrategia económica, garantizaría una cantidad de recursos justos y necesarios, los cuales permitirían a la Escuela, desarrollar su labor formativa con independencia, mantener la calidad y asegurar que la labor académica contribuya a la sociedad, y a su vez, como ejercicio de corresponsabilidad política, -alguna vez- la institución pública asuma su responsabilidad en cuanto a la formación artística, aunque sea un poquito. 

Y aquí estamos, preguntándonos una vez más, iniciando el año con rumor de derrota por los acuerdos quebrantados. La Escuela, después de un reclamo público y la oportuna atención de los medios, recién ha tenido la atención del municipio. Y a estas alturas, no sé si se trata de ignorancia, de tozudez o sencillamente de un acto premeditado de los servidores públicos, no hay mucha más lectura que hacer que la obvia, solo son funcionarios de turno condicionados a una mediocre política. 

El desarrollo de la educación, de las artes, el acceso a la salud… no debería ser jamás una cuestión de voluntad política. La institución pública no es una empresa privada con fines mercantiles, lo público es nuestro, y lamentablemente, la institución pública no está respondiendo a nuestros contextos.

Intuyo que, quienes iniciaron esta lucha formativa, tenían la esperanza de que un día la institución pública se haría de buenas prácticas, asumiendo sus labores primarias, entre ellas garantizar el acceso a la educación, que este proyecto serviría para motivar su reproducción en distintos puntos del país, siendo que en la mayoría de las áreas del arte, no contamos con experiencias universitarias regulares, en definitiva, la ENT es también el ejemplo vivo de que es posible construir academia.

La Escuela Nacional de Teatro es un espacio para establecer una posición política a la que nos podemos adscribir, es posible la formación artística, es posible ser nosotros mismos los creadores de conocimiento y productores de sentido. El compromiso con el desarrollo de la cultura y el arte no está condicionado a unas políticas públicas inexistentes. 

La ciudadanía, los agentes culturales no debemos esperar a un político que resuelva los problemas a modo de un Mesías, urge hacernos partícipes de lo público,  para no mendigar recursos, para que nuestros derechos fundamentales se garanticen con la calidad que merecemos, que estudiemos lo que deseamos, que asumamos la narrativa precisa: el Estado y sus recursos son nuestro.

El acceso al arte, a la educación artística no debe y no puede ser un privilegio de pocos. Garantizar que la Escuela Nacional de Teatro exista y desarrolle sus labores con calidad, que reciba el presupuesto que se merece, no es un acto de solidaridad, es una responsabilidad de todos, su labor no es aislada, los resultados se ven, La Escuela es un referente de estudio escénico en Latinoamérica con acento en nuestra identidad. Garantizar su existencia es una deuda pendiente con la formalización del quehacer cultural, con la profesionalización de los agentes culturales.

 

 

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