Notas para romperse una pata

Descubriendo sonidos sepulcrales: Tanatologías

Fernanda Verdesoto escribe sobre la reciente obra presentada y dirigida por Francia Oblitas y Óscar García.
domingo, 03 de febrero de 2019 · 00:01

Fernanda Verdesoto Ardaya Literata e investigadora sobre teatro

Todos alguna vez hemos tenido ese pavor de que esto en algún momento se acaba. Hemos pasado por varios intentos (fallidos) de investigación de qué es lo que pasa después. Todos hemos pasado por una situación de duelo, algunos más profunda que otros, algunos la sufrieron peor que otros.

Esa situación en la que por más ateos o negadores que seamos, necesitamos todavía una mesa de Todos Santos. O tal vez señales, porque nos hace sentir bien. Muchos pasamos por un susto, porque casi-nos-vamos, de que casi-me-muero-pero-en-serio.

Ellos ya no tienen todo esto. Ellas ya se fueron. Pero Tanatologías es para todos ellos y ellas que se fueron muy antes de tiempo y por las razones equivocadas. Muertes producidas por el ser humano. Muertes un poquito muy adelantadas.

Tanatologías, escrita por Francia Oblitas y Óscar García, es una obra que se centra en el sonido. En cuál es el sonido para describir la muerte joven y la muerte injusta. Esta es una obra que se centra en cuál es la armonía de los vivos para superar la partida de los muertos, porque sostengo que, cuando ellos se van, los que nos fregamos, somos los vivos. Y el tanatólogo asiste a todos, al que muere, al que murió y al doliente. Tanatologías acompaña a los que ya se fueron: las víctimas de feminicidio, el león Fido del zoológico de Oruro, el bebé Alexander, Marcelo Quiroga Santa Cruz; las que están en un proceso de muerte prolongada: las víctimas de violación y los desaparecidos (tenemos alguna certeza de su defunción, pero aun así son polvo, son viento, son una incógnita); y los dolientes: el público. Y los acompaña a través de la palabra cantada o la canción hablada (término de A. Schönberg). 

Muchos ya hemos creado imágenes de la muerte, generalmente a través de la alegoría, entonces ¿cómo suena? Hay un texto que nos describe la situación de muerte, y un sonido que nos representa la muerte. Siempre he sostenido que si hay algo que me gusta del teatro es la tridimensionalidad, pero siempre la pensé en el espacio. Y sí, hay una manera de encontrarla en el tiempo y el espacio, y es el sonido: hay personajes repartidos en el espacio, pero cada uno reparte un sonido en distinta profundidad, que nos hace dar cuenta ese alejamiento progresivo de los muertos; hay personajes que dan palmadas, pero una -la tercera- siempre ahogada, donde el sonido se pierde en un pequeño espacio entre las manos de los actores. El diálogo, de igual manera, se lleva a cabo desde distintas profundidades, creando cierto tipo de ritmo y sincronización que lleva a pensar más allá de los actos atroces que se describen, sino que nos llevan como público a acompañar interiormente esta elegía.

En poesía se consideran varios factores para la creación de ritmo y musicalidad, entre ellos se encuentran la métrica, las repeticiones, el verso rimado, y los intensificadores sonoros. En muchas ocasiones los encontramos todos, y es lo que le causa mayor impacto a los horrores que se narran. Aquí un ejemplo:  “mi boca sin dientes mis dientes sin lengua mi cuero cabelludo descraneado mi cráneo trepanado mis orejas dos agujeros”.

Hay que notar la repetición inicial de “mi”, lo que nos pone el punto de atención en las víctimas, y luego los intensificadores sonoros en el sonido [k] en “boca”, “cuero”, “cabelludo”, “descraneado”, “cráneo” y en el sonido (s) en “sin”, “dientes”, “mis”, “descraneado”, “orejas”, “dos”, “agujeros”, que dan a entender que la violencia no está solamente en las palabras y en qué significan, sino también en cómo se escuchan. Cada uno de estos versos se muestran en una sola palabra, porque las actrices los pronunciaban así, como una sola palabra donde se encuentran combinados todos los sentidos de la atrocidad. Emitían cada verso como arrastrándolo, alargando los tiempos, porque en el feminicidio es así: el tiempo se vuelve más largo. Todo esto mientras se encontraban vendadas con bolsas de basura que al mismo tiempo adornaban todo el escenario, porque así es como tratamos a la vida, porque allí probablemente terminaremos, el mismo Hamlet lo dijo mientras contemplaba el cráneo del “pobre Yorick”: “¿No podría la imaginación seguir el rastro de las nobles cenizas de Alejandro, para final tenerlo que encontrar haciendo de tapón de un barril?”

Tanatologías se muestra como un experimento de cómo escuchar la muerte. Es una obra que en todo el dolor que evoca, logra representar aquello a lo que tememos, lo que nos duele, busca desarrollar un sonido de la memoria colectiva, que todavía está en duelo. 

Ficha técnica de   la obra 

  • Elenco  Pedro Grossman Sáenz, Francia Oblitas Baudevin, Mariana Requena Oroza, Adalid Cotjiri Daza. 
  • Idea y producción  general   La Compañía impresentable 
  • Diseño de iluminación   Miguelangel Estellano
  • Diseño de vestuario   Francia Oblitas.
  • Sonido  Josy Barrios Palacios.
  • Registro sonoro  Pro Audio SRL.
  • Diseño gráfico   Fabiana García Navia.


 

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