Tradición

Santiago en el imaginario iberoamericano

La influencia del apóstol en diversos países es indiscutible. En América Latina hay diferentes ciudades, pueblos o poblaciones con el nombre del santo, desde la metrópoli y capitalina Santiago de Chile hasta Santiago de Atitlán, en Guatemala.
domingo, 17 de marzo de 2019 · 00:00

Lupe Cajías Periodista

            Parecía imposible. ¡Por fin!, después de años planificando la caminata, conocí el 25 de julio de 2018 la fiesta en honor a Santiago Apóstol, el Mayor, en Santiago de Compostela, Galicia, al este de España.
     

      Desde la imagen del Tata Santiago en el Templo de San Francisco, en el centro paceño, me intrigó la historia del santo, llamado también Hijo del Trueno (boanerge), empatado con el culto precolombino al trueno, el Tata Illapa. Esa iglesia, aún pueblerina, siempre tiene lirios y claveles frescos al pié del ícono y en la sala para las velas no faltan sus devotos.

            Santiago, el Matamoros, suele aparecer con su espada en alto sobre un brioso caballo mientras aplasta con el casco del equino a algún infiel. Cada año, la cofradía se encara de cambiarle sus capas y sus sombreros, siempre guerreros, como militar boliviano, como navegante o muchas veces como caporal. Suelen distinguirse la Cruz alargada roja y otros emblemas como la concha de Veira.

            Tengo entremezcladas en la memoria la cantidad de “santiagos” que visité a lo largo de los últimos 20 años, cuando asistíamos a su festejo en diferentes iglesias del país: Santiago Apóstol en La Paz, en Guaqui a orillas del lago Titicaca, en Quime/ Inquisivi, en Collana, camino a Curaguara. En julio de 2009, el Museo Nacional de Arte tuvo la buena iniciativa de preparar una exposición con múltiples expresiones de este Tata Santiago/ Tata Illapa. Hay imágenes muy hermosas, pues fue el primer santo en Potosí y el gran milagrero en Santiago de Bombori.

            Historiadores del arte y de la cultura andina reconocen a este santo como el más importante en el panteón sincrético del mundo mestizo formado en el siglo XVII en el continente, particularmente entre los antiguos señoríos aymaras y entre los descendientes de los quechuas. Pero también hay un importante Santiago en la Chiquitania, al Este del país y cerca de la frontera con Brasil, donde el templo guarda una imagen más sencilla que las andinas, pero igualmente imponente.

             Historiadores  del arte y de la cultura andina reconocen a este santo como el más importante en el panteón sincrético del mundo mestizo.

            En toda América Latina hay diferentes ciudades, pueblos o poblaciones con el nombre del santo, desde la metrópoli y capitalina Santiago de Chile, Santiago del Estero hasta Santiago de Atitlán en Guatemala, donde también es venerado en la bella ciudad Antigua y sigue una larguísima lista que cubre buena parte de la península ibérica y América Latina. Es patrón en muchísimas poblaciones, aunque seguramente su reconocimiento mayor es en España, donde comparte ese sitial con la Virgen del Pilar.

            Santiago, Jacobo, Jaime fue hijo de Zebedeo y de Salomé, parientes de María, la madre de Jesús, hermano del Evangelista Juan y pescador como él hasta ser llamado por el Maestro. En el Nuevo Testamento aparece como testigo privilegiado en los más lúcidos episodios. Como los otros apóstoles emprendió el camino de misionero después de la crucifixión del Nazareno. A él le tocó ir hasta la Hispania romana, para retornar posteriormente a Jerusalén. Habría muerto decapitado por orden de Herodes cerca del año 44 d.C. y la leyenda señala que su cuerpo fue trasladado hasta Galicia, donde fue encontrado en el siglo IX. Aunque es confusa su biografía, se lo une como el santo que ayudó a derrotar a los árabes en el sur español y su devoción llegó con los conquistadores al Nuevo Mundo. En el siglo XIX, el papa León XIII emitió una bula para consolidar la idea de que esos restos corresponden al Apóstol y esa tumba es venerada hasta ahora.

            La historia de ese cuerpo decapitado y de otros restos encontrados junto a él entreveran la leyenda con los análisis científicos y son parte de diferentes momentos históricos. Hay dudas sobre la llegada verdadera de Santiago hasta Hispania y muchas más sobre sus restos, varias veces analizados. Lo cierto es que la actual bellísima catedral de Santiago de Compostela asegura poseer la reliquia y miles de peregrinos llegan hasta ese altar. Los fieles no cuestionan el detalle, mucho menos los gallegos que tienen su fiesta el mismo 25 de julio ni los comerciantes que venden todo tipo de recuerdos sobre el Santo Apóstol.

Un restaurador  remoza la imagen del patrono.

            También los estudiosos de los papeles encontrados en el Mar Muerto, donde se revelaron datos nuevos sobre los esenios y sobre la figura de un gran profeta, un Justo, concluyen que Santiago era el gran responsable de difundir la doctrina del hijo de Dios llamado Jesús, el Mesías, Jesucristo, pero Pablo -el antiguo fariseo Saúl- logró copar la dirección de la naciente Iglesia cristiana, para bien o para mal.

            Muchos seguidores de las nuevas olas, la New Age, y corrientes esotéricas reivindican la influencia de Santiago, como una figura más espiritual. No confundir con Santiago el Menor, hijo de Alfeo y hermano de Judas Tadeo, también primos de Jesús de Nazareth.

 

El camino de Santiago 

            Lo más famoso mundialmente, relacionado a Santiago, precisamente Santiago de Compostela, es la peregrinación que realizan sus devotos desde diferentes puntos del continente europeo. Algunos parten desde Italia, otros desde Alemania y los más famosos desde Francia, convergiendo en otras rutas que cruzan distintos paisajes españoles y portugueses.             Algunos textos indican que, desde antes de la era de Cristo, los celtas hacían el camino hasta Galicia para celebrar ahí ritos y ceremonias como los matrimonios.

            Aunque ahora emprender la caminata, de un mes o de algunos días, es parte de ofertas turísticas y hay albergues a lo largo de todos los caminos, la idea del Ser Peregrino está presente en todos. Los deportistas que se desafían a sí mismos con la idea de llegar hasta la plaza del Obradoiro, en el corazón de Santiago (caminando, trotando, en bicicleta) también reconocen que el recorrido les ayuda a limpiar el espíritu.

            Los testimonios de los caminantes son extraordinarios. Algo entrañablemente interno les ayuda a encontrarse con su propia alma, con su espíritu, con su ser más profundo. Además, aprenden o reaprenden la fuerza de la naturaleza, el sonido del silencio, el valor de las estrellas, la necesidad de comunicarse con el otro, la solidaridad, la comunión del pan de cada día, la sed externa y del ánimo. Muchos se animan a contar sus experiencias en mensajes que escriben, por ejemplo, en los paneles en la Iglesia de San Francisco, a un costado de la plaza de la catedral.

Santiago  es   patrón en muchísimas poblaciones, aunque seguramente su reconocimiento mayor es en España, donde comparte ese sitial con la Virgen del Pilar. Imagen de la iglesia de Santiago de Compostela llena de visitantes.

Aún los ateos que caminaron por autodesafío, cuentan que el sólo luchar contra su pereza o su desánimo llenó su ser de otra dimensión.

            Siempre hay un antes y un después en la vida de quien caminó a Santiago. La idea del peregrino es una de las más fuertes en el Nuevo Testamento, María que es peregrina, migrante, que tiene su guagua en otro lado, que la llevó a Egipto, y Jesús que camina siempre y les da esa misión fundamental a los apóstoles.

            Cada año hay un programa solemne para recorrer las procesiones desde Platerías a la plaza, los saludos, las verbenas, los bailes originarios, las ofrendas y el famoso funcionamiento del Botafumeiro con sus inciensos orientales.

            El municipio también organiza hermosísimos espectáculos callejeros, juegos de luces, desfiles, saludos y en cada esquina el visitante encuentra grupos de músicos. Aparte, Santiago de Compostela presenta deliciosos menús gallegos, buen vino, el pan de Santiago, paseos y caminatas.

            No faltan voces críticas que recuerdan el uso y abuso del franquismo y de corrientes conservadoras para levantar el estandarte del Santo para reprimir a corrientes progresistas.

            Más allá de ello y de todos los debates, quien camina a Santiago, quien llega hasta la plaza, bordea la catedral y puede orar frente al altar, siente que una extrañísima fuerza le protegerá por mucho, mucho tiempo.
 

 

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