Cartas

Mar y amar en tiempos de La Haya y El Alto

Un texto que evoca el mar y el amor y un poema que recuerda a la escritora boliviana Emma Villazón.
domingo, 24 de marzo de 2019 · 00:00

Andrés Ajens Poeta

Otro 23 de marzo. Otro día del mar. ¿Otro? El mar, pero: cuestión agotada, acabada sino muerta, La Haya mediante, ¿no es cierto? —eso parece. Como el amar, su opuesto de suerte, ¡qué dado!, El Alto mediante, ¿no es cierto? —eso parece. En torno a esta doble apariencia —el mar como el amar, hoy por hoy, exhaustos sino muertos— me demoro aquí un instante. No tanto para discernir, en oposición benévola a tal mentada oposición azarosa, una eventual complicidad o afinidad electiva entre mar y amar (leyendo a Freud o a Lacan en traducción castellana, por caso). Sino. Para.  Hasta cierto incierto punto responder o corresponder a una invitación de Página Siete: algo así como el mar y el amar en tiempos de La Haya y El Alto.
 

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El amor es el secreto aquí, (me) escribe Emma Villazón por correo electrónico el 10 de mayo de 2015. Es una traducción, su traducción o traslucine, de un verso de La Chascona, textil del poeta y editor australiano Kit Kelen, avecindado en Macao, China (ese y otro poema de Kelen, traducidos por Emma, vendrán por demás en el libro de traslape colectivo No ha lugar sino, publicado por Mano Falsa, en Lima, 2018). 

El poeta australiano añade, justo después del título: (Neruda’s house in Santiago). La Chascona, en efecto, junto a La Sebastiana (en Valparaíso) y la casa de Isla Negra, un poco más al sur, completa la (non tan santísima) trinidad de las residencias nerudianas, actualmente gestionada por la Fundación que lleva su nombre. En cuanto al amar, reitero, pues, con Emma: el amor es el secreto aquí. ¿Y el mar? ¿Aquí? Con y sin soroche, el mar, el (boliviano) mar, habrá venido poco después en inglés, meridiano, patente: Bolivian Sea (Flying Island Books, Macao, 2015).Apenas me llega un primer ejemplar, el 7 de agosto le escribo a Emma (ella participa entonces como invitada especial, junto a otrxs escritorxs bolivianxs migrantes, en la Feria del Libro de La Paz): “Tenemos mar, Emma Raquel”. Y también: “Está  […] beautifully unheimliche!” (¿Cómo traducir esto último: ¿hermosamente afamiliar, inquietante, extraño?).

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Como he anotado en otra parte (“Siete fechas para Emma”, in Contrabandos. Escrituras y políticas en la frontera entre Bolivia y Chile, libro con aportes de varioxs autorxs (entre ellxs Emma Villazón: “Hilda Mundy y Carlos Medinaceli: dos escritores en conflicto. A propósito de ‘vanguardia’ y ‘nación’ en Bolivia”), A. Fielbaum, L. Zuchely A. Ajens editores, Communes, Valparaíso, 2016), la última foto, el último fotograma que recibí de Emma, el 15 de agosto de 2015 por la noche vía el chat de Facebook, es la foto de un pasaje de la sección “Envíos” de La carte postale, en traducción al castellano, fechado el 9 de junio de 1977, del marranísimo Jacques el Destripador alias Jacques Derrida, subrayado a lápiz por Emma. Lo transcribo a continuación, con paréntesis (“corchetes”) míos, en parte para remarcar tanto ‘eso’ [ça] como el ‘paso’ o ‘pasaje’ y a la vez el ‘no’ y/o la ‘nada’ [pas], lo imposible sino olvidado ahí en traslación:

“Nada de literatura con esto, amor mío [Pas de littérature avec ça, pas avec toi mon amour]. En ocasiones me digo que eres mi amor: entonces no es sino mi amor [alors ça n'est que mon amour], me digo, llamándote así. Y entonces ya no existes [et alors tu n’existes plus], estás muerta, como la muerta de mi juego, y mi literatura se torna posible [a no olvidar: la índole a la vez póstuma de toda escritura]. Pero sé también —de hecho, constituye para mí, esta mañana, la definición misma del saber, debería publicarla— que estás mucho más allá de lo que yo repito como “mi-amor”, viva, viva, viva, y así lo quiero, pero entonces hay que renunciar a todo, es decir, a que el amor me pertenezca [il faut que je renonce à tout, je veux dire à ce que l'amour me revienne ; ‘es preciso que renuncie a todo, quiero decir a que el amor me pertenezca’ (à la lettre: ‘me vuelva o revuelva, en favor o en beneficio mío’, pero también, puede ser, ‘me ataña’, y/o aun ‘me plazca’)], a que vuelta hacia mí me dejes incluso escuchar lo que digo cuando digo, te digo o me digo mi amor”.

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El 21 de agosto del 2018, en La Chascona, Fundación Neruda en Santiago, entonces —en un acto en memoria de Emma Villazón organizado por la escritora venezolana Gladys Mendía y la gestora cultural cruceña Claudia Vaca—,  leo y releo (este  saludo) a Emma, (a) la insólita fuerza de sus poemas: 

Neruda y Emma 
Como sin como, apura hambre 
incomparable, Raquel y Neftalí 
se cruzan en un pasaje del Libro 
de Jonás, desierto, por escribir. 

Vómito de tan insólito mítico pez, 
Jonás orilla la orilla, los ve venir: ahí 
está Raquel, ahí, Neftalí. Me aburrí 
de la chascona, confiesa de golpe 

el ciervo, chiripa. Jamás, Nef- 
talit, soñé con estarme aquí. 
Como sin como, Emma y Neruda, 
nerudiemma, cérvida, abatís. 

Pirque, marzo, 2019.

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